Nuestros comportamientos están influidos por nuestra clase social

Los esquemas por los cuales actuamos, pensamos y sentimos de una determinada manera, se denominan «habitus». Debatimos acerca del concepto y cómo fue cambiando a lo largo de los años.
Nuestros comportamientos están influidos por nuestra clase social
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Última actualización: 11 diciembre, 2016

Los habitus son esquemas por los cuales actuamos, pensamos y sentimos de una determinada manera. Los habitus están asociados a la posición que tenemos dentro de la sociedad y, por tanto, a la clase social a la que pertenecemos.

Estos esquemas hacen que las personas que viven en un entorno similar tengan estilos de vida parecidos. Así, los gustos en cuanto a deportes, películas, libros…, y los comportamientos ante determinadas situaciones están asociados al nivel educativo como al trabajo que ocupan estas personas.

Inicios del “habitus”

El concepto de Habitus se remonta a Aristóteles. Para él, el habitus era lo que se situaba entre el acto y la potencia por una parte y, por otra parte, entre el exterior y el interior. Posteriormente, Pierre Bourdieu da al término una definición más sistémica desde el campo de la sociología. Para Bourdieu, el habitus sirve para superar la distinción entre “objetivismo” y “subjetivismo”. Lo define como un conjunto de esquemas a través de los cuales percibimos el mundo y actuamos en él.

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Los habitus pueden cambiarse. Cada persona modifica sus habitus cuando actúa de forma diferente a como suele hacerlo. Cuando nos comportamos de forma diferente, de forma que nadie se lo espera, estamos modificando nuestros habitus. En estos casos no nos guiamos por los esquemas de habitus. Sin embargo, el habitus es un esquema social compartido y, a menos que consigamos que los demás sigan nuestros nuevos comportamientos, no lograremos cambiar los habitus.

Pero cambiar los habitus es muy complicado, sobre todo porque normalmente no los reconocemos. La tendencia general es pensar que somos libres y que nuestras acciones y pensamientos surgen desde nuestra libertad. Por supuesto, ésto no es así, al menos del todo, pues los habitus tienen una gran influencia sobre nuestros pensamientos, percepciones y acciones.

Aprendiendo los habitus

El habitus se aprende con el cuerpo, sobre todo mediante el movimiento. Es un aprendizaje inconsciente, pues no requiere de la conciencia. Al comportarnos de determinada forma producimos esquemas mentales que nos van a decir cómo comportarnos cuando nos encontremos en situaciones similares.

Desde pequeños aprendemos que un entierro es algo triste y debemos sentirnos tristes cuando acudimos a uno, incluso si estamos contentos y queremos reírnos. Este comportamiento es un habitus aprendido al ver el comportamiento del resto de personas de nuestro entorno, el cual imitamos. Incluso podemos comprobar como, si alguien se comporta de manera distinta, es sancionado directa o indirectamente.

De la misma forma, las diferencias entre clases sociales se producen mediante los esquemas del habitus. Los comportamientos de los miembros de comunidades pequeñas suelen ser similares, sobre todo si los miembros de la comunidad se parecen. Piensa en tu comunidad de vecinos. Seguramente tengáis muchas cosas en común y cuantas más cosas compartáis como el trabajo, el nivel de educación, el nivel económico, etc., más gustos compartiréis. También vuestros comportamientos serán similares, aunque no os deis cuenta.

Los habitus en la clase social

A cada posición social le corresponden distintas experiencias, prácticas y percepciones que, atendiendo a los esquemas de habitus, serán considerados como las características y cualidades de cada clase social. Estas características compartidas por las personas que pertenecen a una misma clase social nos parecen algo normal, inherentes a esa clase social.

Por ejemplo, el gusto por lo refinado de la clase burguesa se considera una cualidad de las personas que pertenecen a esta clase. Sin embargo, esta característica depende más del aprendizaje y de la historia de vida que de la clase social burguesa. Posiblemente esta característica proceda de que las personas de la clase burguesa están en una posición de superioridad frente a las clases populares, por lo que pueden pueden permitirse comprar ropa, perfumes y demás artículos refinados.

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En este caso el habitus ha naturalizado los gustos de la clase burguesa y de la clase popular. La clase popular, limitada por sus opciones económicas, es condenada a la simpleza y a rechazar los productos refinados en oposición a los prácticos. De esta forma, cada posición social tiene su propio habitus, creándose así un marco para cada posición social.

Ya que el habitus es social, cualquier persona puede adquirir hábitos de otras clases sociales. Pero en estos casos, esas características no son sociales ya que solo las practica una persona.

“La gente se deja llevar por una forma consciente o inconsciente de autocensura, sin que haga falta efectuar llamadas al orden”

-Pierre Bourdieu-

El habitus se convierte en la dimensión fundamental que explica la clase social. La clase social se integra a partir de los hábitos característicos de esta. La realización de acciones es la que nos ubica en una determinada clase social. Sin embargo, las relaciones sociales también contribuyen en la formación de las clases sociales, estas constituyen las clases sociales objetivadas.

Se dice que las acciones tienen consecuencias. Al parecer, las acciones tienen más consecuencias de las que podríamos esperar. Incumplir estos esquemas del habitus, como ir en contra de la opinión popular o dejar de seguir la rutina diaria, son pequeñas acciones que pueden llegar a tener un gran efecto si conseguimos que los demás cambien sus habitus por los nuevos.


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