Egocentrismo, el culto al yo

Egocentrismo, el culto al yo

Considerarse el centro del mundo, sentirse más importante que los demás, pensar constantemente en sí mismo y creer que las opiniones o intereses propios están por encima de los pensamientos ajenos son algunos de los rasgos que caracterizan a las personas egocéntricas. Individuos que se autoproclaman especiales y superiores a los demás, cuya arrogancia les acarrea problemas en sus relaciones sociales.

Un ególatra puede tener una personalidad encantadora y comportarse como un déspota a la vez. En las relaciones familiares y de pareja son aprovechados y manipuladores. Por otro lado, encuentran dificultad para trabajar en grupo y suelen tener problemas para establecer amistades y mantenerlas. Al creerse especiales, no aceptan la crítica y menosprecian a los demás.

Las personas egocéntricas se sienten infalibles. Aunque se presentan como individuos seguros y sobrados de autoestima, estas armas las utilizan como mecanismo de defensa porque en el fondo son personas solitarias y llenas de inseguridades. Por eso necesitan sentirse adulados y admirados constantemente por los demás.

DISTINTOS TIPOS DE EGOCÉNTRICOS

El egocéntrico parece que vive por y para él. Pero mantenerse en esa posición de superioridad, le esclaviza. Fritz Künkel hizo una clasificación en la que reconoce los distintos tipos de egocéntricos, atendiendo a los objetivos a los que aspiran para satisfacer su ego y que les convierten en un sujetos sumisos de sí mismos.

Nerón: es aquel que desea, por encima de todo, dominar a los demás y verlos sometidos a él. Nunca pide un favor. Su máxima es que “no hay que fiarse de nadie”.

Estrella: es el típico ególatra que, por encima de todo, busca la admiración y el aplauso de los demás.

• Cenicienta: es aquél que busca la protección ajena. Hace del sufrimiento y el victimismo su arma para conseguir la atención de los demás. Se siente “digno de compasión”.

Tortuga o Tarugo: reivindican constantemente su “soledad”. Necesitan un mundo al que despreciar. Se muestran como individuos desarmados y sin corazón. Protegidos con un caparazón para el amor. Sólo quieren que “les dejen en paz”.

ESCLAVOS DE ELLOS MISMOS

Hay diversas formas de combatir el egocentrismo. La voluntad del ególatra es importante para poder reconducir esta manera de ser, que, como adelantábamos, repercute negativamente en las relaciones sociales.

Es importante que el individuo se autoanalice y sea sincero consigo mismo. Que tome conciencia de sus fortalezas y debilidades y las asuma como tal.

Otros pilares fundamentales para vencer el egocentrismo son compartir tiempo con otras personas, ceder, participar en actividades altruistas y realizar deportes o juegos de equipo para valorar el trabajo y los esfuerzos de los demás.

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