Personas que insultan: ¿qué hay detrás de esta conducta?

Quien hace uso de esta forma de abuso verbal con frecuencia revela un tipo de personalidad muy concreta. La analizamos.
Personas que insultan: ¿qué hay detrás de esta conducta?
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 01 febrero, 2022

Hay quien dice que vivimos en la era de las críticas, las devaluaciones y los insultos gratuitos. Las redes sociales son un campo abonado para este tipo de dinámicas ofensivas. Así, y si bien es cierto que las personas que insultan siempre han existido y existirán, parece como si en los últimos años, proliferaran más aún. ¿Hay alguna causa detrás que lo explique?

Algunos expertos señalan que esta apertura a la descalificación la inició el expresidente Donald Trump. De pronto vimos a un gran líder mundial lanzando insultos y poniendo apodos de manera pública. Lo hacía en sus entrevistas, ruedas de prensa y sobre todo en Twitter. La libertad de expresión chocó de pronto con el respeto a la integridad ajena y se abrió un debate que aún permanece vivo.

La psicología muestra ahora un gran interés en comprender qué hay detrás del abuso verbal. Porque no lo olvidemos, un insulto no es una flecha lanzada al aire que cae, como mucho, sobre algún tejado. Un insulto hiere psicológicamente, humilla, ridiculiza, denigra y refuerza muchos prejuicios y estereotipos.

“El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe”.

-Diógenes el cínico-

hombre señalando para representar a las Personas que insultan

Personas que insultan: ¿por qué lo hacen?

Los insultos tienen su anatomía singular. Cada país, cada cultura y hasta región tiene los suyos, los hay más suaves y abundan los que buscan hacer cuanto más daño mejor. No obstante, lo que es evidente es que todos duelen. Los reciben algunos niños en las escuelas (a veces incluso en sus casas), se sufren en los entornos laborales y también en muchas relaciones de pareja.

Asimismo, hay otro hecho. Los insultos surgen en todos los ámbitos, pero si hasta no hace mucho eran un fenómeno restringido casi siempre a lo privado, ahora los vemos más en los medios públicos, en televisiones y, sobre todo, en redes sociales. Al por qué de esto último hay una explicación evidente: quien insulta en un medio público busca también tener audiencia.

Muchos lo hemos visto en medios como Twitter. Las personas que insultan tienen tras de sí miles de seguidores que defienden esa posición y denigrarán aún más a la víctima. Por otro lado, no es extraño que ese insulto se convierta en viral, creando así una atmósfera en la que se diluye todo principio ético e incluso moral.

No obstante, ¿qué mueve a estas personalidades? ¿Cómo son quienes recurren al insulto como forma habitual de comunicación?

El insulto como forma de comunicación heredada

Hay quien recurre al insulto por mero condicionamiento social y patrón comportamental heredado. Abundan los que han crecido en entornos en los que recurrir a la crítica, la humillación y la devaluación era algo común.

Tarde o temprano, repiten lo mismo a lo que han estado expuestos, pero volcando a su vez esa frustración y dolor acumulado desde la niñez por ese tipo de comunicación.

Por otro lado, también se da un hecho común. Muchas de estas personas recurren al insulto como hábito para funcionar en cualquier entorno: escuela y trabajo.

La comunicación violenta, una forma de poder

Trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de Bath (Inglaterra) nos señalan que las personas que insultan colonizan de manera frecuente los entornos organizacionales. La comunicación violenta busca tener estatus y una forma de poder sobre los demás.

Esto es, al fin y al cabo, lo que buscan muchas de estas figuras: crear una jerarquía donde situarse por encima del resto mediante la crítica, la humillación, el insulto camuflado, etc.

Personas que insultan, el narcisismo grandioso

Llamamos narcisista grandioso o narcisista inconsciente a esas personas que no son conscientes de cómo su conducta impacta en los demás. Necesitan enaltecerse en cualquier situación y para ello no dudan en explotar e insultar a los demás. Son soberbios, envidiosos, agresivos y atacan a cualquiera en cuanto perciben que se pone en duda su valía o su posición.

Entre las personas que insultan, los narcisistas grandiosos son los más comunes. Asimismo, se da otro hecho llamativo: suelen elegir dos tipos de insultos muy concretos, son aquellos que hacen referencia a la inutilidad y la estupidez. Es decir, recurren en cuanto pueden a esos recursos ofensivos con los que criticar, por ejemplo, lo ingenuos o faltos de intelecto que son los demás, además de bobos o ineptos.

Pocos insultos son más dolorosos que aquellos que ponen en duda nuestras valías y buscan inutilizarnos, devaluarnos como personas o como expertos en algún área. Los narcisistas grandiosos son hábiles expertos en este tipo de humillaciones públicas y privadas.

grupo de personas que insultan

El síndrome de Tourette y la coprolalia

Aunque sea difícil de creer (y entender), hay personas que insultan y que, en realidad, no desearían hacerlo. Hay quien no puede controlarse, quien sufre una conducta compulsiva e involuntaria de pronunciar palabras obscenas, insultos y expresiones socialmente inapropiadas.

La coprolalia es una característica del síndrome de Tourette, un trastorno caracterizado por evidenciar movimientos repetitivos e inesperados, sonidos extraños y, a veces, una comunicación violenta. En estos casos, esta condición neuropsiquiátrica es mucho más compleja y también incapacitante para quien la sufre.

Para concluir, como podemos ver detrás del abuso verbal hay todo un escenario de personalidades, rasgos y caracteres. No es fácil convivir en una sociedad en la que los insultos se convierten en algo tolerado en medios como las redes sociales. Hay muchas maneras de comunicarnos sin tener que recurrir a la ofensa o la descalificación.

No obstante, tengámoslo claro, quien hace uso de los insultos revela buena parte de sí mismo: nos muestra su intolerancia recalcitrante, su frustración infantil, su educación recibida, su falta de empatía e incluso su dudosa inteligencia.


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