Relaciones tóxicas

¿Qué es una decisión? ¿Qué es la tristeza? ¿Qué es el amor?

 

Son preguntas que me hizo una estupenda amiga.
 

Apenas recuerdo cómo era. Se enamoró tóxicamente y la enfermedad ocupó el resto de sus días. El sarcasmo, la burla, y la manipulación, minaron  su autoestima y su capacidad de decidir. Evidentemente uno se involucra en una relación tóxica al comienzo, por amor.

Poco tiempo después, la baja autoestima, el creerse salvador de la otra persona, asumir el papel de víctima, el deseo de estar acompañado a cualquier precio, cumplir un rol social o el miedo de avanzar por la vida, son motivos que justifican estas  relaciones tóxicas pero a veces indisolubles. En una relación tóxica, una o las dos personas, sufren mucho más que la dicha y el placer que pueden experimentar por estar juntos.

Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación. Ambos pueden tener estas características, y sufrir permanentemente un acoso de culpa; la persona tóxica juega a hacer sentir a la otra, culpable de lo que sucede, monitorizando constantemente lo que hace la otra,  porque no puede dejarle un espacio, para que descubra que está inmersa/o en una relación enfermiza, y utiliza la desconfianza, la traición y el menosprecio.
 

Paulo Coelho, reseña en un fragmento de su libro: "Once Minutos".
 

"Durante toda mi vida he entendido el amor como una especie de esclavitud consentida. Pero esto no es así: la libertad sólo existe cuando existe el amor.

 

Quien se entrega totalmente, quien se siente libre, ama al máximo. Y quien ama al máximo, se siente libre. Pero en el amor, cada uno de nosotros es responsable por lo que siente, y no puede culpar al otro por eso.
 

Nadie pierde a nadie porque nadie posee a nadie.

 

Y esta es la verdadera experiencia de la libertad: Tener lo más importante del mundo sin poseerlo."
 

Esta fue mi contestación a sus preguntas. La decisión de ser libre le corresponde a uno mismo.

 
Por : Sonia Viéitez Carrazoni, Aug 25 2012
Sonia

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La psicología me hizo comprender, que un centímetro de amor vacío, es lo más parecido a un precipicio. La escritura y la poesía me enseñaron a congelar la tristeza, esquivando la melancolía. Y la música se empeñó en que mi alma, no midiera con exactitud todo lo que siento. Así me defino y así me invento. Una escaparatista de almas o tal vez una malabarista de sentimientos.

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