8 señales que indican si eres una persona hipocondríaca

La hipocondría puede resultar ser una condición muy molesta e incapacitante para quien la padece. ¿Te has preguntado si sufres de ello? Aquí te explicamos algunos comportamientos con los que podrías sentirte identificado/a.
8 señales que indican si eres una persona hipocondríaca
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 09 septiembre, 2021.

Escrito por Mar Pastor, 09 noviembre, 2015

Última actualización: 09 septiembre, 2021

Dicho de una manera sencilla, la hipocondría es el miedo o el convencimiento de padecer una enfermedad grave a partir de la interpretación personal y errónea de sensaciones corporales o síntomas. Una persona hipocondríaca cree tener una enfermedad ante la interpretación de cualquier síntoma.

Sin embargo, todos hemos sentido temor ante la posibilidad de estar enfermos o hemos pensado lo peor mientras esperábamos el resultado de una prueba médica en el hospital. Entonces, ¿cuáles serían los signos que determinarían si somos o no una persona hipocondríaca? A continuación, 8 señales que confirmarán si, efectivamente, eres una persona hipocondríaca:

1. Tienes un miedo desmedido al dolor o la muerte

Está asociado a la hipocondría sentir un miedo exagerado ante la idea de padecer dolor o morir y, en algunos casos, también a la debilidad propia o la dependencia de otros.

Pastillas sobre un libro

Precisamente, el miedo es el que te hace buscar indicios de aquello que temes para poder ponerle una solución cuanto antes. Entonces, si aparece la más mínima señal, la angustia termina por generar ansiedad y potenciar el dolor/síntoma.

2. Un pequeño síntoma te hace pensar lo peor

Ese síntoma que has detectado no pasa desapercibido. No consideras la posibilidad de que sea algo neutro o pasajero, vas directo al cáncer u otra enfermedad grave. Para una persona hipocondríaca el dolor de cabeza podría deberse a un tumor cerebral y el dolor abdominal nunca se trata de gases, sino más bien de un cólico o algo peor.

3. Has pensado que padecías una enfermedad mortal muchas veces en tu vida

Este quebradero de cabeza no es puntual. Si eres una persona hipocondríaca, seguramente tengas una preocupación crónica por las posibles enfermedades que se desarrollan en tu cuerpo y descartar alguna no conllevará -por desgracia- no alarmarte la próxima vez que notes una molestia. Desde el punto de vista médico, existe un plazo estipulado de seis meses tras el cual ya se puede diagnosticar la enfermedad.

4. Visitas mucho al médico

Puede que te aterre la idea, pero la única manera que encuentras para descartar estas enfermedades potenciales es acudir al médico y, en caso de mucha ansiedad, a urgencias. De esta manera, terminas visitando al médico más que a tu propia madre y, en el mejor de los casos, si no has logrado colmar su paciencia, te invitará a su casa por Navidad.

5. El médico se equivoca y tú no

El médico podrá caerte bien, pero desconfías de su título de Medicina si, al salir de su consulta, el maldito dolor reaparece. No importan las pruebas, ni el interrogatorio al que sometes al doctor tras el que asegura (jura y perjura) que no padeces la enfermedad que tanto temías. Pero no: tú tienes razón y él se equivoca.

Mujer hipocondriaca leyendo un libro de enfermedades

6. Te haces autoexploraciones a la menor ocasión

Si la medicina occidental no es capaz de corroborar la evidencia de tu afección, tú mismo lo intentarás, a través de minuciosas exploraciones o la búsqueda de tus dolencias en internet. Puedes tomarte la tensión, la temperatura, el pulso; consultar miles de páginas, leer libros… con lo que conseguirás, únicamente, angustiarte más.

En algunos casos, puedes desarrollar rituales o un comportamiento obsesivo-compulsivo destinado a protegerte de posibles infecciones, como lavarte las manos de forma reiterada, evitar compartir vasos o cubiertos con otras personas o limpiar en exceso.

7. Tu familia y amigos ya no te creen cuando les dices que estás enfermo

No logras entenderlo, pero tus familiares y amigos han dejado de creer que realmente tengas las enfermedades que les dices tener. Te sientes incomprendido ya que no te estás inventado nada.

En particular, te molesta que digan que estás exagerando, o que “tienes cuento” cuando tú verdaderamente sufres los achaques que expones.”¡Cuándo me muera veréis!”, te entran ganas de exclamar en una versión de “antes muerta que… equivocada”.

8. Puedes creer que tienes cualquier enfermedad menos la hipocondría

La gran contradicción de la persona hipocondríaca es que puede estar convencida de estar desarrollando cualquier tipo de enfermedad, pero siempre negará sufrir la que realmente padece: la hipocondría.

Algunas claves para superar la hipocondría

Si has coincidido con la mayoría de estas afirmaciones y tu vida se ve afectada a nivel emocional, social y/o profesional por este tipo de preocupación es posible que seas una persona hipocondríaca. Si es así, te interesará saber cuáles son los tratamientos que normalmente se aplican en las personas con este trastorno psicológico para que dejen de angustiarse y pierdan el miedo a la enfermedad:

  • Prohibido acudir al médico y también hablar de enfermedades (o de salud)
  • Técnica de exposición: aceptar las sensaciones físicas y no luchar contra ellas
  • Trabajo de desensibilización ante la enfermedad y la muerte
  • Aumentar la autoestima y vivir el presente

Adicionalmente, para afrontar el pánico a enfermar en una situación determinada, te aconsejamos:

    1. Reconoce las sensaciones corporales que experimentas cuando te agobias son sólo las reacciones comunes del estrés en su forma más severa. En estos casos no te deje llevar por pensamientos catastróficos.
    2. Corta de raíz los pensamientos invasivos sobre lo que está sucediendo. Mientras más importancia le das, más pánico experimentarás. Recuerda que son emociones que puedes controlar.
    3. Observa tu cuerpo en el “aquí y el ahora” y aparta de tu mente cualquier pensamiento que contenga lo que temas que puede suceder. En su lugar, concéntrate y repite “aquí y ahora mimo no me pasa nada”.
    4. Dale tiempo al miedo para que se vaya. No luches contra él ni lo fuerces a irse inmediatamente. Sólo respira, espera y permite que vaya desapareciendo poco a poco. Recuerda que la idea es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo, por lo tanto, cada crisis representa una oportunidad para progresar.
    5. Verifica que cuando dejas de pensar en hechos atemorizantes, el miedo se va atenuando y desaparece por sí solo.
    6. Cuando empieces a sentirte un poco mejor, mira a tu alrededor y planeta lo que harás después: es válido llamar a alguien para hablar de ello, dar un paseo, comerte un helado, etc.
    7. Cuando retomes lo que estaba haciendo, intégrate de forma relajada. Siendo consciente del obstáculo que acaba de atravesar. Felicítate por ello. Después, con calma, identifica y reflexiona sobre lo que más te ha ayudado para que vuelvas a recurrir a ello en la próxima ocasión.

Por último, recuerda que la ansiedad por la enfermedad actúa como una planta que crece a base de hablar de ella, por lo tanto sé fuerte y ¡no la riegues! Todo aquello que niegas te somete, en cambio lo que aceptas te transforma…

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