Cambiar no es fácil, aunque quieras, ¿sabes por qué?

Cambiar no es fácil, aunque quieras, ¿sabes por qué?
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 31 julio, 2019

Cambiar no es fácil. De hecho, hay algunos aspectos en los que no es posible y, a veces, tampoco necesario. No existe un modelo de ser humano al que todos debamos parecernos. El concepto de “normalidad” es un asunto muy relativo. Los que se salen de la norma muchas veces son los que mayores aportes hacen a la humanidad.

Sin embargo, sí hay aspectos en los que podemos, y debemos, hacer modificaciones. Asuntos que limitan nuestra vida o nos hacen sufrir. No se trata de que seamos otras personas. Lo razonable simplemente es buscar formas de ser y de actuar que nos beneficien más.

Todos los cambios, aun los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía”.

-Anatole France-

Tampoco se trata de transformar por completo nuestra personalidad. Más bien lo que se debería buscar es cómo matizar aquellos aspectos que nos causan malestar. Aunque cambiar no es fácil, si ubicamos ese propósito dentro de un marco realista, se vuelve posible. También es importante eliminar algunos factores que actúan como obstáculo en deteniendo nuestro cambio. Los siguientes son algunos de ellos.

Cambiar no es fácil cuando no hay retroalimentación

Muchas veces somos conscientes de que determinada conducta no es apropiada. Por ejemplo, reaccionar impulsivamente, fumar o ser demasiado sedentarios. En ese caso hay conciencia, pero no se toma conciencia . Por eso cambiar no es fácil.

Una buena manera de motivar el cambio es haciendo plenamente visibles las consecuencias de las conductas erróneas. Tomemos un ejemplo. Las personas saben que deben lavarse las manos antes de comer. Sin embargo, muchos no lo hacen. Si les aplicaran un colorante que permitiera ver las bacterias crudamente, seguramente sí lo harían.

Algo así es lo que debemos hacer. Pensar crudamente en los efectos de nuestra conducta negativa. Hacer el listado y no ahorrar calificativos. Revisar ese listado con cierta periodicidad. No cerrar la búsqueda de nuevos efectos nocivos de ese comportamiento. En suma, encarar plenamente las consecuencias de esos aspectos que deseamos cambiar.

mujer con flores en la cabeza pensando que cambiar no es fácil

Falta de motivación o de apoyo

Por más negativa que sea una conducta, si la mantenemos es porque nos proporciona algún beneficio. El problema es que generalmente el beneficio se produce a corto plazo, mientras que las consecuencias negativas se aprecian solo a mediano o largo plazo. Por eso es tan fácil que nuestra motivación ignore lo que nos perjudica de esa conducta.

Así, en muchas ocasiones necesitamos de motivación y apoyo para mantener firme el interés por cambiar. Por eso es bueno comunicarles a las personas cercanas nuestro propósito. Pedirles que nos ayuden a recordar la importancia de nuestro cambio. No que nos presionen, sino que nos animen.

También es bueno practicar la automotivación. El viejo truco de premiarnos siempre funciona. Hacernos un obsequio cada vez que cumplamos con la meta. Reconocernos el esfuerzo. Cambiar no es fácil, pero pocas cosas dan tanta satisfacción como lograrlo.

mujer con luna en la cabeza pensando en que cambiar no es fácil

Identificación de disparadores y alternativas

Todos tenemos rutinas que a veces dificultan el cambio: quedan asociadas a la conducta que queremos modificar y produce que conseguirlo sea un trabajo más complicado. Es la propia rutina la que nos induce a volver a incurrir en el comportamiento negativo habitual. Por ejemplo, a veces nos proponemos hacer una hora de ejercicio todas las mañanas, pero tenemos el hábito de acostarnos tarde. De entrada, estamos dificultando el logro de nuestro propósito.

Hay casos en los que los “disparadores” de las conductas negativas son más sutiles. Por ejemplo, dejamos desorden en todas partes. Eso ofusca a las personas con quienes vivimos. Es fuente de conflicto y desata airadas peleas. Al mismo tiempo, somos desordenados porque tenemos algún grado de ansiedad y siempre nos parece que no tenemos tiempo.

En este último ejemplo, el “disparador” de fondo es esa sensación de premura. Nos lleva a creer que no hay dos minutos para dejar algo en su lugar. En ese y otros casos, lo importante es identificar el problema y las posibles alternativas de solución. ¿De qué manera se puede eliminar esa ansiedad? ¿De qué manera se puede lograr ser más ordenado sin sentir que se está “perdiendo” tiempo valioso?

chico en foto rota pensando que cambiar no es fácil

Cambiar no es fácil, principalmente porque siempre tenemos que enfrentar una resistencia, ya sea consciente o inconsciente. Quizás no queremos porque no hemos evaluado los beneficios de modificar nuestra conducta. O también porque somos víctimas de una programación mental demasiado rígida. No encontramos conductas opcionales para sustituir las que se deben modificar. Nada garantiza que se logre, pero si trabajamos nuestra conciencia mejoraremos las probabilidad de conseguir el cambio que en el fondo queremos.


Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.