Los efectos de una crianza basada en el miedo

En todos los casos ese tipo de educación suele dar lugar a adultos con poca confianza en sí mismos y pusilánimes.
Los efectos de una crianza basada en el miedo
Gema Sánchez Cuevas

Revisado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 01 agosto, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 01 agosto, 2021

Última actualización: 01 agosto, 2021

Una crianza basada en el miedo toma forma de diversas maneras. A veces los padres tienen problemas para disciplinar a sus hijos y acuden a gestos y actos autoritarios, con el propósito de mantener el control a largo plazo. En otras palabras, intimidan a sus hijos para que les obedezcan, en función de evitar castigos severos.

En otras ocasiones, la crianza basada en el miedo proviene de la ansiedad de los padres. Estos sienten miedo de hacer mal su papel, o temen demasiado por lo que pueda ocurrirle a sus hijos. Ese miedo también termina dándole un matiz particular a la crianza y, con frecuencia, siembra una semilla de ansiedad en los chicos.

Otra vertiente de la crianza basada en el miedo, muy relacionada con la anterior, es la de educar chicos en tiempos de miedo. A veces el entorno social es abrumador en muchos países. Hay situaciones críticas de inseguridad, guerra o de terrorismo.

En un contexto así, la crianza y la infancia no siguen su curso normal, pues el entorno implica grandes amenazas.

Deje caminar a su hijo por donde la estrella le llame”.

-Miguel de Cervantes Saavedra-

La crianza autoritaria

Para que una persona se desarrolle psicológicamente de manera adecuada necesita límites durante la infancia. Una de las tareas de los padres es dar la mano a sus hijos para que entren a la sociedad y la cultura y logren adaptarse a ellas. Para que eso sea posible, es necesario fijar bien la frontera entre lo que es aceptable y lo que no lo es.

Sin embargo, algunos padres sienten que es demasiado estresante la tarea de educar a sus pequeños. También se da el caso de que no están completamente listos a la hora de tener un hijo, o que de una u otra forma la maternidad o paternidad son un obstáculo en su proyecto de vida.

Es muy habitual que en esas condiciones tengan una tolerancia muy limitada frente a las conductas de los hijos.

La consecuencia de esto es a veces una crianza basada en el autoritarismo o en el maltrato. Es posible que logren fijar los límites claramente, pero también muy probable que lleguen a quebrantar la autoconfianza de sus hijos. El exceso de fuerza, con frecuencia, da lugar a adultos sumisos o excesivamente radicales.

Padre castigando a su hijo

Una crianza basada en el miedo ansioso

A veces la paternidad provoca una fuerte ansiedad a uno o ambos padres. Quieren hacer lo mejor por el bien de sus hijos, pero no tienen muy claro cómo adelantar la crianza.

Simplemente sienten que sus pequeños son muy frágiles y pueden ceder a la tentación de protegerlos en exceso para evitar que algo los dañe, algo que puede resultar riesgoso, según estudios.

Este tipo de padres se centran fundamentalmente en los riesgos que entraña cada situación. Si el niño gatea, puede caer por las escaleras. Si toma el biberón, se puede atascar la leche y asfixiarlo. Si corre, puede caerse. Si sale, puede perderse. Y así…  Por lo tanto, sin que esa sea su intención, lo que hacen en el fondo es trasmitir a su hijo la idea de que siempre está en peligro.

Es muy frecuente que una crianza basada en el miedo ansioso dé como resultado personas ansiosas. En la vida adulta, tendrán un plus de miedo del que les será muy difícil deshacerse. Es posible que vivan más o menos paralizados frente a la realidad, con miedo a tomar la iniciativa y dudando de todo lo que hacen.

Niño llorando

El miedo y un entorno peligroso

Vivimos en un mundo en el que hay peligros reales y concretos para los niños. Seguramente todos los padres nos hemos preguntado alguna vez cómo educar a un pequeño para que pueda hacer frente a esas amenazas, sin esconderse, pero también sin exponerse imprudentemente a ellas. No es fácil alcanzar ese equilibrio.

Un entorno peligroso fácilmente conduce a una crianza ansiosa, que esta vez no está determinada por la ansiedad a secas, sino por los riesgos objetivos de un sitio o de un momento específico. Es posible que a largo plazo esto se traduzca en una vida adulta con muchos miedos imprecisos y sin sensación de autonomía y libertad.

El miedo no suele ser un buen consejero, ni un buen camino para educar. Una crianza basada en el miedo suele convertirse en un lastre a la larga. Si un padre o una madre tienen miedo, o si sienten el deseo de inculcar el miedo en sus hijos, algo no está en su lugar.

Vale la pena pensar en ello, porque los efectos de esos temores azarosos y desbordados habitualmente causan grandes problemas en la vida adulta.

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  • Ramírez, M. A. (2005). Padres y desarrollo de los hijos: prácticas de crianza. Estudios pedagógicos (Valdivia), 31(2), 167-177.