El viaje del héroe y los arquetipos de la migración

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 14 noviembre, 2017
Daniel Ulloa Quevedo · 14 noviembre, 2017

El creador de la psicología analítica, el psiquiatra suizo Carl Jung propuso que las narraciones míticas de viajes iniciáticos, como los de Marco Polo, Ulises o Hércules, pueden ser entendidas como expresiones simbólicas de un proceso de transformación psíquica que todas las personas se ven abocadas a desplegar a lo largo de la vida. Jung denominó este proceso como viaje del héroe o proceso de individuación.

El viaje del héroe o heroína suele empezar como una llamada o una necesidad de abandonar el mundo ordinario y conocido, como una demanda a desplegar aspectos y potenciales no vividos.

En los mitos, los héroes suelen surgir en periodos de precariedad, de colapso de formas sociales, de crisis religiosas o políticas. Así, en nuestra vida personal nos podemos ver abocados a realizar un viaje de transformación cuando se presentan circunstancias que nos resultan asfixiantes o también cuando nos sentimos estancados y con ansia de algo más.

El viaje del héroe hace referencia a un viaje simbólico, por lo que es posible (no necesario) realizarlo sin desplazarnos físicamente. Así, de la llamada del héroe puede emerger una oferta de trabajo, una beca de estudios o en general como la oportunidad de mejorar aspectos económicos, educativos o sociales en el extranjero.

La búsqueda del tesoro

La meta del camino del héroe se representa míticamente como la búsqueda de un tesoro, una tierra prometida, la piedra filosofal, el santo grial, el matrimonio del príncipe o la princesa. Cada persona le otorga una imagen al objeto de su búsqueda, sin embargo lo usual es que el camino sorprenda al viajero con tesoros que no había imaginado.

En ocasiones, antes de emprender el viaje suelen presentarse algunas casualidades (con personas, libros, películas). Casualidades que poco a poco nos van ayudando a elegir el destino de nuestra migraciónJung, a estas casualidades, las denomino sincronicidades y las considero como una expresión de la relación existente entre el mundo físico y el mundo psíquico.

El resultado del viaje del héroe se suele representar como un nuevo nacimiento; conlleva una alta dosis de coraje y humildad, para soportar y trascender obstáculos y retos que se nos presentan en el camino. El viaje del héroe puede ser entendido entonces como un proceso que implica ir muriendo a determinadas etapas para renacer a otras, etapas que puede ser vistas como el tránsito por distintos arquetipos.

Mujer mirando rostro femenino

Arquetipos o etapas del viaje del héroe

Los arquetipos son imágenes presentes en las mitologías de todos los pueblos que se encuentran relacionadas con situaciones prototípicas a las que se ha enfrontado la humanidad a lo largo de su historia. Son entendidos por Jung como una especie de fuerzas operantes que funcionan como fuentes creativas y como estímulo para vivir un determinado tipo de experiencias necesarias para el viaje de realización del que hablamos.

En un viaje migratorio podemos identificar una transición por 4 arquetipos:

Arquetipo del Inocente

esta etapa estaría referida al entorno seguro y familiar de nuestro lugar de origen; entorno que en algún momento nos resulta demasiado estrecho y asfixiante, convocándonos a emprender el viaje de transformación.

Es la etapa también de las expectativas idealizadas sobre nosotros mismos o sobre nuestro lugar de acogida. Podemos suponer, por ejemplo, que contamos en un idioma con un nivel superior al que luego nos percatamos que tenemos; quizás estemos poseídos por la fantasía de que alguien o algo va a proveernos en nuestras necesidades, que nos va a “llover” el trabajo del cielo.

Es el periodo de las falsas ilusiones, que se comportan como una ficción funcional, ya que quizás si tuviéramos demasiada conciencia de las condiciones reales que tendremos que afrontar nos resultaría más difícil animarnos a emprender el viaje. Esta etapa puede expresarse de igual manera como una especie de enamoramiento del lugar de nuestra migración.

Al confrontarnos con las condiciones concretas en el lugar de acogida, se comienza a caer el velo que nos impedía percibir el lado oscuro de todo aquello que nos parecía maravilloso. Emerge entonces el arquetipo del Huerfano y mucho de lo que habíamos imaginado se desvanece.

Niña jugando imaginándose el viaje del héroe

Arquetipo del Huérfano

Es común que en algún momento del proceso migratorio nos veamos abocados a realizar actividades que jamás imaginamos, a convivir con personas y costumbres que nos sorprenden y cuestionan. Ocurre entonces una especie de caída, de descenso, al que los griegos denominaban katabasis.

Para un extranjero, el modelo cultural del nuevo grupo puede llegar a ser vivido como un “laberinto” donde se desvanece el sentido de orientación. Se pueden venir abajo creencias firmemente arraigadas, comenzando a cuestionar muchos aspectos que considerábamos “naturales”.

Es la etapa de las añoranzas y de un sentimiento que alude a la falta de valor . En esta etapa suele haber un recuerdo idealizado de nuestro lugar de origen y una tentación muy grande para renunciar a continuar con nuestro viaje.

Un elemento relevante es que, al encontrarnos en un país extranjero (ya sea en lo físico o en lo simbólico), la mirada de los otros hacia nosotros mismos se modifica, permitiendo de alguna manera flexibilizar nuestra identidad, brindando la oportunidad de explorar facetas y nutrirnos de esas nuevas miradas.

Podemos llegar a vivir esta etapa con una dosis alta de incertidumbre, casi como si tuviéramos que realizar un salto al vació. Se presentan en ocasiones momentos de gran confusión en el que nos sentimos perdidos, pero es precisamente esa especie de caos primordial el contexto propicio para que emerjan las nuevas actitudes y principios.

El arquetipo del Guerrero

Después de “transitar” por los sentimientos de impotencia y orfandad, de la noche oscura del alma emerge el arquetipo del Guerrero.

Este es el que nos da la energía para superar los obstáculos, para levantarnos de las caídas. Nos anima a desarrollar los recursos que nos exige el nuevo contexto, nos permite recobrar la esperanza y las fuerzas para continuar la travesía.

Poco a poco y gracias a nuestra perseverancia, paciencia, a los aliados y adversarios que hallamos en el camino, vamos saliendo del laberinto y el espacio de acogida va deviniendo en un hogar en el que podemos desplegar las nuevas capacidades adquiridas.

Arquetipo del Mago

Finalmente emerge el arquetipo del Mago, bajo su influjo tenemos la capacidad darle sentido al viaje recorrido. Nos brinda la sabiduría para agradecer los buenos y malos momentos que hemos atravesado, pues es a partir de estos que hemos hallado el tesoro. Tesoro que se traduce que en una mayor comprensión de nosotros mismos y de la humanidad, en un mayor conocimiento de nuestra complejidad, de nuestras debilidades y potenciales.

El camino nos ha permitido también flexibilizar nuestra identidad y convivir de una mejor manera con la incertidumbre y las vicisitudes de la vida.

La patria simbólica: fin del viaje del héroe

Después de este proceso de transformación, en ocasiones, al regresar de nuevo a nuestro lugar de origen, nos sentimos extraños, como si todo se hubiera “congelado en el tiempo”… mientras nosotros ya no somos los mismos. Esta sensación de extrañamiento es también un motor y aliciente para seguir buscando nuestra patria psíquica; patria simbólica que no es otra que la continua y nunca limitada realización de nosotros mismos y nuestro potencial.

La condición de migrante, de extranjero, puede ser vista entonces como una intensificación del sentimiento inherente al ser humano, del anhelo jamás colmado, de hallarnos en un lugar de plenitud y bienestar. Sentimiento que nos motiva a profundizar en nosotros mismos y a redescubrirnos de manera constante.

Grandes han sido las producciones que nos han legado artistas y filósofos cuyo motor creativo ha sido precisamente esta sensación de extrañeza. Para nosotros, el proceso migratorio es la oportunidad de ser más conscientes de la necesidad de realizar nuestra principal obra, que es el proveernos una vida digna, profunda y enriquecedora. Esa búsqueda, por desgracia y fortuna, nunca tiene fin, y no existe lugar en la tierra que la pueda satisfacer por completo.