En este momento de mi vida busco solo aquello que me haga SENTIR

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 31 marzo, 2016
Raquel Aldana · 31 marzo, 2016

Hay etapas en nuestra vida en las que necesitamos priorizar, dejar de intentar encajar con lo que no nos hace sentir bien y desligarnos de las expectativas, los contratos no escritos que nos atrapan y las exigencias.

Lejos parecen que quedan, a veces, momentos en los que necesitamos que los demás nos presten una atención desmedida o lograr que nuestros éxitos sean valorados y contemplados por los demás. Hay momentos en los que eso no tiene peso y solo queremos respirar aliviados y SENTIR, permitirnos ser nosotros mismos.

Ya se aleja, en ciertas etapas de nuestra vida, la motivación por solucionar la vida de los demás y no atender la nuestra. Porque muchas veces desligarnos de los problemas ajenos que nos consumen es la mejor manera de ayudar. Indirectamente, claro. Permitiéndonos descargar, vaciarnos y tomar conciencia de quienes somos.

Dientes de león

Para ser feliz hay que alejarse de ciertas cosas

Para ser feliz hay que alejarse de ciertas cosas como por ejemplo la represión de nuestras emociones. No permitirnos sentir de una manera determinada nos atrapa. Pasa, por ejemplo, con la tristeza, una emoción que tenemos socialmente castigada.

En el supermercado de exceso de mensajes positivos no nos damos cuenta de que para ser feliz hay que comprar un poco de aceptación, comprendernos y permitirnos expresar, pues cada una de nuestras múltiples emociones que merecen ser escuchadas.

Es una cuestión de autoconocimiento y crecimiento. Un mero ensamblaje, vaya. Si nosotros quitamos piezas a nuestro puzzle reprimiendo la tristeza u ocultando nuestros miedos, la consecuencia más directa será la desaparición de la sonrisa de nuestro rostro.

¿Por qué? Porque estamos ocultándonos, desatendiendo esa parte de nosotros que nos viene a decir algo y que trabaja porque nos sintamos escuchados (o mejor dicho, autoescuchados). Por eso es importante que nos permitamos SENTIR, en mayúsculas y sin censuras.

Mujer metiéndose de una taza de té

Sentir, la base de nuestro bienestar

Sentir, este es un pilar fundamental de la salud emocional. El mejor mecanismo de descarga o abreacción es dejar de ponerle barreras a nuestras capacidades emocionales y centrarnos en comprender cómo nos sentimos.

Permitirnos llorar, manejar nuestras alegrías, dejarnos llevar por la sorpresa, reflexionar sobre el enfado es lo que realmente nos ayuda a acercarnos a la plenitud.

Para esto podemos poner en práctica métodos como el mindfulness, el cual nos ayuda a contactar con lo que realmente sucede y estamos sintiendo. Es decir, tener conciencia plena sobre aquello que acontece a nuestro alrededor.

Reacondicionar nuestras costumbres es muy bueno también. Podemos habituarnos a escribir cómo nos hemos sentido durante el día o cómo nos hacen sentir las personas que nos rodean. El hecho de tener que focalizar en las experiencias emocionales es la mejor manera de practicar esta habilidad (y necesidad) que tan perdida tenemos.

madurar-crecer

Reconectar con nuestro cerebro emocional

En el cerebro reside la tempestad y la calma de nuestras vivencias. Él lo procesa todo y nos carga y recarga. La intensidad de los conflictos y lo que nos permitamos asume su impacto a través de la amígdala, nuestra centinela emocional.

Con su forma de almendra y situada encima de nuestro tallo encefálico es, junto con el hipocampo, el lugar en el que reside cada cuestión emocional que nos acontece. Así la amígdala actúa como un almacén de recuerdos e impresiones que explica el por qué de que a veces demos unas respuestas y no otras.

En cierto modo necesitamos entrenar a nuestro cerebro para que cada acontecimiento emocional no sea traumático y pueda desenvolverse con facilidad. Así la amígdala, encargada de “memorizar” el clima emocional, facilitará el manejo y la coordinación (junto con el prefrontal) de las distintas emociones.

Por eso es necesario alfabetizar a nuestro cerebro y no dejar que éste se desligue de nada de lo que podamos sentir. Porque en ciertos momentos de nuestra nos damos cuenta de que quizás nos hemos pasado la vida poniéndole barreras a nuestra realidad y menospreciando lo que cada emoción tiene que decirnos…