Mi primera vez en la consulta del psicólogo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 septiembre, 2017
Lorena Vara González · 26 septiembre, 2017

Nunca había pensado que iba a necesitar ir a la consulta del psicólogo. Es más, nunca me había preocupado en saber cuál era el trabajo de los psicólogos o lo que una buena terapia podía hacer por mí. Pero un día todo cambió, comencé a sentir que algo no andaba bien en mi interior y no podía explicar muy bien por qué.

Comencé a perder la motivación y la alegría por las cosas que antes disfrutaba. Me costaba cada día más levantarme de la cama y salir de casa, aunque cuando salía me encontraba mejor. Era un querer y no poder, una sensación extraña que me llevó a pensar que quizás en mi salud mental algo no funcionaba.

Como el tiempo pasaba y nada cambiaba o mejoraba en mi interior, me animé a acudir a un psicólogo. No sabía qué esperar, qué decir o cómo empezar cuando me presenté en su despacho. Estaba muy nerviosa y a la vez reticente. Una vez vistos los resultados puedo contar que mereció la pena y que no fue como esperaba, fue diferente.

 “Todas las personas hablan de la mente sin titubear, pero se quedan perplejas cuando les pide que la definan”

-B. F. Skinner-

Chica llorando en su primera consulta del psicólogo

Un psicólogo no te dirá lo que quieres oír, te dirá la verdad aunque duela

La primera vez que fui a la consulta del psicólogo, este comenzó preguntándome el motivo que me había llevado a pedir ayuda y eso era algo que me asustaba no poder explicar. Como he dicho antes simplemente me encontraba mal, pero no podía ponerle ni razones ni palabras a mi malestar. Y al contrario de lo que podía llegar a pensar, hablar con ella me resultó muy sencillo.

Fue capaz de ayudarme a poner en palabras mi malestar, no me hizo sentir sola o desamparada, pero tampoco me aduló de tal manera que me contase solo lo que yo quisiera oír. Simplemente me enseñó a analizar  y trabajar lo que no funcionaba, a que fuera consciente de mis defectos, pero también de mi potencial.

“Tu vida no está tan determinada por lo que la vida te da, sino por la actitud que tienes ante la vida; no tanto por lo que te pasa, sino por la manera en que tu mente ve lo que pasa”.

-Kahil Gibran-

Pero no solo nos dedicábamos a hablar. Acordamos desde el inicio, desde la primera visita, que había un objetivo común: dejar atrás esa sensación de malestar que me había llevado a pedir consultaQuizás esta es la parte más difícil de una terapia, porque no eres un ente pasivo que recibe la solución mágica a sus problemas, sino que te das cuenta de que estos pueden cambiar, engrandecerse o desaparecer en función del punto de vista desde el que los observes y en función de lo que hagas directa o indirectamente con ellos.

Y es entonces cuando te das cuenta de que la magia a través de las palabras no existe. Que el cambio cuesta, en ocasiones mucho más que soportar el propio sufrimiento que te llevó a consulta del psicólogo. Incluso cuando estés en el proceso, puede que la idea que tienes sobre ti mismo cambie y eso te asuste, pero el objetivo no es sentirse bien a corto plazo, sino trabajar por el cambio que te lleve a sentirte bien a largo plazo.

“La misión de la psicología es darnos una idea totalmente diferente acerca de las cosas acerca de las que más sabemos”

-Paul Valéry-

Manos del terapeuta cogiendo las de su paciente

Un buen psicólogo te ayudará a liberarte de la culpa, pero también te obligará a responsabilizarte de tu malestar

Una vez iniciada la terapia y puestos en marcha los cambios, no todo resulta sencillo. En muchas ocasiones, como ya era consciente de mis problemas, me empeñaba en etiquetarlos. Unas etiquetas que no siempre correspondían con lo que mi psicóloga me decía.

Esto me hacía desconfiar porque pienso que nadie puede conocerse mejor que una misma. Pero después entendí que, al igual que nadie puede conocerse mejor que yo, yo me he especializado en conocer los resortes y mecanismos mentales como sí lo ha hecho mi psicóloga. Era algo bastante sencillo, que a primera vista se me escapaba y que esconde otra realidad. Esa que dice que también puedes ser una maestra en el autoengaño.

Ese autoengaño que nos lleva a ser o demasiado crueles o demasiado buenos con nosotros mismos y que nos priva de ver con toda claridad nuestra propia realidad. Lo que hace que muchas veces nos hundamos en la culpa por sentir lo que sentimos o ser como somos solo por el hecho de encontrarnos mal.

Pero la propia terapia hace de espejo, te enseña a verte tal y como eres, no como desearías ser o como te culpas por ser. Mi primera vez en la consulta del psicólogo me ayudó a liberarme de la culpa por no haber empleado toda mi energía en los retos fallidos. En este sentido, también me ayudó a responsabilizarme del malestar que nacía de esa culpa.

Por todo esto mi primera vez en la consulta del psicólogo mereció la pena. Ahora soy más fuerte, tengo más recursos y mi visión del mundo está más ajustada. Ahora sé que no soy perfecta, incluso le he cogido cierto cariño a esas imperfecciones que antes solo me causaban frustración. Puedo enfrentarme a la vida y puedo fallar, pero todo ello no me hace débil, sino que refuerza mi motivación por seguir creciendo.

Lo cierto es que sigo teniendo miedos, pero ya no se cuelan en mis pensamientos y me esposan. Ya no hacen conmigo lo que quieren, porque tengo los suficientes puntos de apoyo para deshacer muchos de los nudos que antes hacían que me sintieran prisionera.