Michael Ende, biografía del escritor que nos hizo creer en la fantasía

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
31 enero, 2019
Michael Ende escribía con un solo propósito: para llevar a los niños hacia nuevos mundos donde encontrarse con situaciones mágicas y divertidas. También para lograr que los adultos reflexionaran sobre las metáforas sociales que transmitía en sus páginas.

Existe una frase de Michael Ende que define, sin duda, el propósito que siempre buscó en quehacer literario: «Si las personas olvidan que tienen un mundo interior, entonces olvidan sus propios valores».  Así, en libros inolvidables como Momo o la historia interminable, nos transmitió la metáfora que sin creatividad y fantasía, las personas derivamos en el vacío intelectual, en la Nada más absoluta.

A día de hoy, después de éxitos tan arrolladores como la saga Harry Potter de J.K. Rowling, nadie puede decir que la literatura juvenil sea un género menor. De hecho, si alguien lo ha pensado en alguna ocasión, se equivoca. Ahí tenemos antecedentes como las obras de Michael Ende, capaces de marcar generaciones enteras, de ser esos referentes que nunca pasan de moda y que siguen inspirándonos de diversas maneras.

Los especialistas y eruditos de la época no dudaron en llamar a Michael Ende «el último escritor romántico alemán». Gracias a él millones de personas aprendieron a ver el mundo de otro modo. Porque en sus obras se asentaba también una profunda crítica social, y el deseo expreso de invitar al lector a despertar hacia nuevas realidades. Unas más libres, respetuosas y ante todo, marcadas por la libertad de expresión y la creación.

Para ello, Ende conectó el escenario de la vida moderna con pequeños universos nutridos de evocadoras figuras mitológicas y poéticas. No obstante, hay algo que lo hace aún más interesante. Uno puede leer sus libros con doce años y con treinta y cinco y hallar nuevos conceptos, nuevas ideas en la que reflexionar.

La literatura fue para él un portal hacia la magia. Para nosotros, su obra es esa llave perfecta con la que cruzar a otros universos llenos de posibilidades. Esos en los que el propio Ende soñó un día.

“Cada libro es una nueva aventura en la que me abandono y de la que no sé a dónde me llevará. Al escribir siempre entro en una grave crisis en la que, de repente, tengo que movilizar todas las energías”.

-M. Ende-

Michael Ende con tortuga

Biografía de Michael Ende

Michael Ender nació el 12 de noviembre de 1929 en Alemania, en la ciudad bávara de Garmisch Partenkirschen. Cabe destacar ante todo la figura de su padre: Edgar Ende. Era un notable pintor surrealista que marcó buena parte de su vida. Ese mundo onírico y singular contenido en los lienzos con los que creció desde niño, inspiraron posteriormente muchos de sus libros.

Su padre fue también una figura perseguida y sancionada por los nazis. Su madre, Luise Bartholomä, era fisioterapeuta, una mujer muy cultivada que le transmitió también la pasión por el arte, y sobre todo, por la escritura. Ahora bien, esa calma idílica y bohemia se fragmentó con la llegada de la Segunda Guerra Mundial.

Ende formaba parte de una agrupación antinazi llamada «Frente Libre Bávaro». Asimismo, cuando el ejército alemán lo reclutó a la fuerza, no dudó en negarse, para más tarde, huir con su familia a una zona más segura de Múnich junto a otros artistas. Terminada la guerra, concluyó su educación en las Escuelas Waldorf fundada por Rudolf Steiner. Este educador también dejaría una gran impronta en él por enfatizar el lado más espiritual del ser humano.

Éxitos literarios y exilios

La vida de Michael Ende cambiaría por completo en 1960 con la publicación de su libro Jim Knopf y Lukas, el ingeniero locomotor. Tuvo tanto éxito que llegó a escribir incluso una secuela. Ahora bien, cabe señalar que si hubo algo a lo que se enfrentó durante toda su vida, fue a las críticas. Decían de él que fomentaba el escapismo, la irresponsabilidad y la evasión mental. Le acusaban de no demostrar compromiso político.

Esas voces adquirieron cada vez mayor fuerza y relevancia; hasta que finalmente, decidió dejar Alemania e instalarse en el sur de Roma. Su país no era un escenario amigable, ni receptivo ni aún menos cómodo para alimentar su inspiración. Roma, en cambio, estaba llena de estímulos, de nuevos rostros, tradiciones, rincones excepcionales para la mente de un escritor.

Momo se publicaría en 1973 y más tarde, llegó La historia Interminable (1979). Ambas serían llevadas al cine, algo que no gustó demasiado al propio Michael Ende. Así, The neverending story, la definió como melodrama excesivo, demasiado kitsch, lujosa y llena de plásticos.

Momo de Michael Ende

En 1985, y tras la pérdida de su mujer, Ende decide volver a Alemania. Una vez en su país conoce a una traductora y contrae de nuevo matrimonio, iniciando también una nueva etapa a nivel literario. Escribe cuentos y los ilustra, como Lirum Larum. En esta época su figura es todo un fenómeno social, acude a congresos, da conferencias y sus obras están en las estanterías de todo el mundo.

Michael Ende murió a los 65 años de un cáncer de estómago, en Stuttgard. A día de hoy, sigue ocupando uno de los puestos más destacados dentro de la  literatura infantil y juvenil.

Las dos obras más importantes de Michael Ende

Michael Ende escribió cinco libros y dieciséis cuentos. También cuenta con diversos ensayos, obras de teatro, poesía y otras creaciones de no ficción. Como vemos, no es un legado muy extenso, pero sí relevante, sobre todo en lo que se refiere a esos dos libros que le dieron fama mundial.

Momo y los hombres grises

Para muchos, Momo es sin duda su mejor libro. Es una obra en la que se aprecia más que nunca la crítica social y el carácter filosófico. En ella tenemos como protagonista a una niña huérfana, Momo. Su virtudes son escuchar muy bien, tener muchos amigos y ser una amenaza para unas figuras muy singulares, los hombres grises.

Estas entidades son los representantes del Banco del Tiempo, quienes convencen a las personas para ahorrar e invertir su tiempo de vida hasta que, poco a poco, se quedan sin ella al pasar a ser propiedad de la banca. El ser humano pierde entonces aspectos tan importantes como sus relaciones, su capacidad para crear, pensar, ser felices…

Momo no deja de ser una crítica evidente al consumismo y al poder de las grandes empresas.

La historia interminable de Michael Ende

La Historia Interminable y la Fantasía

En La Historia Interminable tenemos como protagonista a Bastian. Su vida no es fácil, sufre bullying en el colegio y siempre busca a la desesperada un modo de escapar, de huir de su realidad. Es entonces cuando cae en sus manos un libro, una obra que le permite llegar al mundo de Fantasía.

Es un escenario en decadencia, un país atacado por una entidad que la devora y acaba con ella: es la Nada. Finalmente, Bastian acaba siendo ese elemento imprescindible para el resurgimiento de Fantasía gracias a un descubrimiento: al reconocer su poder creativo, su capacidad de creer en lo imposible, ese valor interno donde impulsar una vez más los sueños, la imaginación, la magia de la creación.

Por otro lado, es interesante saber que Michael Ende se inspiró en la Divina Comedia de Dante para dar forma a muchos de los personajes en esta novela. Podemos ver por ejemplo al joven Atreyu, buscando siempre ser ese perfecto ideal, ese guerrero en el que se depositan las esperanzas. Bastian, por su parte, es ese niño que conecta más con el mundo de Fantasía que con el suyo propio, el real.

Vemos por tanto un deseo siempre continuado por alcanzar un ideal, por encontrar un paraíso a medida que se van cruzando círculos, sorteando dificultades y obstáculos para poder saltar desde el infierno o la Nada, hasta la perfección que se contiene en el propio mundo de la Emperatriz infantil, la de los ojos dorados.

Un libro sin duda único a la vez que singular que viene a representar también, ese deseo que a veces nos atenaza a nosotros mismos por escapar, por encontrar un lugar similar al de Fantasía.

  • Ende, Michael (2005) Momo. Alfaguara.
  • Ende, Michael (2015) La historia Interminable. Alfaguara