Nací entera, no necesito media naranja

Arantxa Alvaro Fariñas · 9 marzo, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas el 8 enero, 2018
El mito de la media naranja que nos dejó Platón en su obra El Banquete asienta en nuestra cultura una falsa idea. La de que hay alguien capaz de complementarnos, de darnos esa felicidad que nos falta y que solo alcanzaremos junto a alguien.

Admitámoslo, somos muchos los que seguimos soñando con encontrar a nuestra media naranja. Este término resume un ideal muy arraigado en nuestra sociedad donde aspiramos dar con alguien que resuma todo un ideal de perfecciones. Son esos perfiles que encajan en cada uno de nuestros fragmentos, son esa alma gemela tan deseada y también el otro lado de nuestro hilo rojo.

¿Qué problema hay en asumir estos conceptos? En realidad muchos. Es alimentar el falso idealismo. Es reforzar un sesgo sobre las relaciones afectivas que puede abocarnos a las desilusiones, a la frustración y la infelicidad. Este mito que nos transmitió de forma bella (pero irreal) Platón en su obra el Banquete y que es necesario matizar.

“No me interesa que me quieras “mucho”, sino que me quieras bien y cada día mejor. El amor no es cuestión de cantidad”

-Walter Riso-

chico y chica representando las relaciones afectivas con personas inseguras

La falsa creencia de la media naranja o del alma gemela

No soy una fruta, soy una persona, tengo todo lo necesario para sentirme completa y para vivir una vida plena sin necesidad de que otras personas me completen. Mi felicidad depende de mí, no de otra media naranja. No me creo los cuentos de hadas, ni creo en los príncipes azules, ni en las princesas, ni en los ideales románticos. Creo en mi y en mis posibilidades de hacerme feliz.

Idealizar a una persona con pensamientos como “estamos hechos el uno para el otro” puede ser peligroso. Con el tiempo y el día a día vamos descubriendo que lejos de existir una perfección absoluta, surgen fricciones y discrepancias. Así, y en caso de no saber abordar (ni aceptar) esas aparece la insatisfacción y frustración.

Las parejas no son perfectas e inevitablemente surgirán problemas con el tiempo. A veces, los problemas tienen su origen diferencias de valores, de educación, de cultura, de gustos y costumbres… No obstante, tal y como nos explica John Gottman, célebre experto en relaciones de pareja, nos explica que somos muchos los que iniciamos relaciones de pareja llevados casi por un ideal y son conocer plenamente al otro.

Pareja con los ojos vendados

La idea de considerarnos «seres incompletos»

El gran error que se oculta tras el mito de la media naranja es el de considerar que somos seres incompletos y que solo podemos lograr la plenitud al encontrar el verdadero amor, que será lo que nos permita ser felices. Pero hacer depender toda nuestra felicidad de una relación de pareja, es una gran equivocación y nos impedirá, justamente, ser felices.

  • Las personas que son felices, lo son con independencia de si tienen pareja o no.
  • Todos somos personas completas, no nos falta un trozo, ni una mitad para poder alcanzar lo que nos propongamos.
  • Somos naranjas enteras, no una media naranja esperando encontrar a su otra mitad.

De hecho, el éxito de una relación está en que las dos personas sean completas, independientes y felices. Desde luego es mucho mejor el amor entre dos naranjas, dos manzanas, dos fresas que entre dos mitades. Se trata de compartir la vida, lo bueno y lo malo, y de disfrutar de la otra persona tal y como es.

Asimismo, estudios como el llevado a cabo por los doctores Rusbult C. Kumashiro y Miche Kubacka nos recuerdan lo peligroso de alimentar el llamado síndrome de Miguel Ángel. Es decir, alimentar un ideal, y basar una relación en esa aspiración hacia lo perfecto en un vínculo genera sufrimiento.

No eres una mitad de una naranja, quiérete a ti mismo

Querernos a nosotros mismos es una asignatura pendiente para muchas personas. Se trata de algo fundamental para construir nuestra felicidad y sobre todo para relacionarnos con los demás. A continuación te damos algunos trucos para quererte más:

Valora tus cualidades

En multitud de ocasiones nos torturamos viendo lo que hacemos mal y sintiéndonos culpables por ello, pero es necesario dejar de lado lo malo y apreciar la gran cantidad de buenas cualidades que tenemos. Piensa en lo que haces bien y anótalo para verlo cada día y recordarte a ti mismo lo maravilloso que eres.

“Si vives para agradar, todos te amarán, excepto tú mismo”

-Paulo Coelho-

No busques la aprobación de los demás

A lo largo de nuestra vida muchas personas intentan influir en lo que hacemos y en las decisiones que tomamos. Pero es necesario dejar de intentar agradar a todo el mundo, porque es imposible.

A veces debemos poner un límite a los demás para que no influyan en nuestros sentimientos. Sentirse bien no requiere la aprobación de otras personas, ya sean amigos, familiares o pareja.

La única aprobación que debes buscar es la tuya

No te compares

Somos seres únicos, diferentes unos de otros, la comparación te generará infelicidad. Eres único, posees debilidades, defectos, cualidades y fortalezas que nadie posee. Tu cultura, tu educación, tus experiencias forman una combinación única que te hace completamente diferente a los demás.

Aprende a decir lo que piensas

Nos callamos nuestras opiniones por el miedo al “qué dirán” o a las reacciones de los demás, pero tu opinión es valiosa y debe ser expresada. Además, si te la guardas ¿cómo te conocerán los demás?

Solo es necesario ser respetuoso y hablar con asertividad, de forma que los demás nos escuchen sin ofenderse. A veces tus ideas serán distintas, pero eso no supone que no deban ser expresadas.

“Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas con la responsabilidad de completar lo que nos falta”

-John Lennon-

  • Rusbult, CE, Kumashiro, M., Kubacka, KE, y Finkel, EJ (2009). La similitud ideal y el fenómeno de Miguel Ángel. Revista de personalidad y psicología social , 96(1), 61–82. https://doi.org/10.1037/a0014016