Nadie como tú para curarte

Marina Fernández · 15 mayo, 2015

 

En estos últimos 10 días, la vida me ha dado una lección inmensa. Ha sido un período de gran aprendizaje para mí que me gustaría compartir contigo, porque creo que, de diferentes maneras, a todos nos pasa algo parecido de vez en cuando.

Cuando empecé mi formación como profesora de yoga aprendí que una de las directrices fundamentales del yoga es “ahimsa”. Ahimsa significa “no-violencia”. A menudo pensamos sólo en no ser agresivos con los  demás, pero no somos conscientes de la violencia que podemos estar ejerciendo contra nosotros mismos o contra nuestro cuerpo.

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Paradójicamente he hecho este aprendizaje desde la medicina india, pero al revés. He aprendido “por contraste” que hay cosas que son violentas para mi cuerpo.

Durante una semana he seguido un tratamiento de supuesta desintoxicación que lo único que ha conseguido es generar un bloqueo tremendo de mi cuerpo y de mis sistemas del cual ahora me estoy reponiendo.

Me estoy reponiendo por mí misma, tratando al cuerpo con muchísimo amor, cariño, suavidad, respetando mi sensibilidad.

He aprendido que nuestra sensibilidad debe ser respetada por nosotros mismos en primer lugar.

Esto no es solo una percepción subjetiva. Hay algo que, como coach,  enseño muchísimo a mis clientes, y es que tenemos que conocer profundamente el funcionamiento de nuestro sistema nervioso y nuestro cerebro, el mecanismo biológico.

Porque también somos un cuerpo y de su bienestar depende la calidad de nuestra experiencia vital.

Algo que está demostrado es que los poderes naturales de curación y regeneración de nuestro organismo solo se activan cuando está activa en nuestro organismo la respuesta de relajación, en lugar de la respuesta de estrés.

Cuando algo activa nuestra respuesta de estrés todos los mecanismos de renovación y curación de nuestro cuerpo quedan bloqueados o como mínimo disminuidos, al igual que nuestro sistema inmune y nuestra capacidad de asimilar los nutrientes.

Si lo que nos cura es la respuesta de relajación lo que no podemos hacer es agredir a nuestro cuerpo en modo alguno, ni tampoco sobreestimular nuestros sistemas.

Todo lo que tiene que ver en cambio con la suavidad, con el cuidado, con escuchar al  cuerpo, con el  “menos es más”… es lo que nos ayuda.

Por eso, cada vez creo más en técnicas como por ejemplo la Biodanza o el coaching (al menos tal  y como yo  lo entiendo) que buscan todo el tiempo generar experiencias positivas, nutritivas, relajantes.

Técnicas y metodologías de ayuda que huyen del tratamiento de choque y que buscan la transformación a través del amor, del  afecto, del cuidado, de la generación de un espacio seguro y amoroso, libre, de autoescucha.

Un espacio en el que, DE MANERA NATURAL, orgánica, nuestro mecanismo cuerpo-mente puede reorganizarse de una manera más saludable y tender de nuevo hacia el bienestar y la paz, la felicidad…y lo hace sin impactos negativos ni en el cuerpo ni en la psique.

A menudo me encuentro con personas que han vivido el choque de terapias y tratamientos demasiado bruscos e intensos que a menudo dejan a la persona más desestructurada de lo que estaba antes de comenzar.

Uno de los aprendizajes que me llevo de este retiro en el que he estado es que la confianza en los otros, en su reputación, etc. no debe hacer que desconfíe de mi propio criterio, de mi intuición y de los mensajes que mi cuerpo me envía.

Como tanto les digo a mis cliente: “tú eres la única autoridad en tu vida”.

Así que ahora, para que puedas comenzar a profundizar en la escucha de ti mismo, te invito a hacerte algunas preguntas que me he estado haciendo a raíz de esta experiencia.

Seguro que te van a ser tan útiles y reveladoras como a  mí. Tómate unos minutos en un lugar tranquilo para poder responder desde lo más profundo de ti.

¿En qué lugares de mi vida estoy confiando más en la voz de los demás que en mi propia voz?

¿En qué momentos estoy confiando mi bienestar a otros en lugar de escuchar la voz de mi propio cuerpo?

Cuerpo

¿En qué lugares de mi interior estoy siendo violenta conmigo misma?

¿Con qué hábitos me ataco a mí misma?

Y ahora que seguramente has tomado conciencia de algo, toca hacer este conocimiento algo real en tu vida pasando a la acción.

Porque la toma de conciencia sin acción no cambia nada

Mi propuesta es que en estos próximos días deliberadamente transformes alguna actitud o conducta con la que no estés siendo amable contigo misma. O  que dejes de exponerte a la influencia de algo o de alguien que no es suave y cuidadoso contigo.

Podrías decidir dejar de frecuentar un lugar, o una amistad, o quizá probar qué sucede si aparcas un tratamiento o terapia que sientes que está siendo agresivo. O puede que decidas dejar de machacarte entre las cuatro paredes de un gimnasio con la música a todo volumen para pasear al sol en un parque, escuchar los pájaros y sentirte vivo/-a y en paz aquí y ahora.

Abandona algo que te hace daño con la promesa de que en un futuro eso te hará un bien.

Date permiso para cuidar de ti con una amabilidad y un amor que te sorprendan. Porque tú eres tu posesión más valiosa.