No hay nada más extraño que sentirnos extraños junto a alguien

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 6 septiembre, 2016
Inma Astorga Robles · 6 septiembre, 2016

No me pregunten ni cómo ni por qué, acabé una noche de Agosto, sentada frente al mar, mirando la luna junto a un extraño.

Podríamos haber rodado por la arena, que es lo que suelen hacer un hombre y una mujer cuando se encuentran en semejante escena. Pero no ocurrió. Nos limitamos a debatir sobre qué tipo de mentira hacía que la luna no estuviera totalmente llena, para saber si estaba creciendo o menguando. Al fin y al cabo, los seres vivos, estamos de algún modo extra-científico, influidos por los movimientos y las formas de la blanca dama.

¿Le gusto?, ¿me gusta? – me lo pregunté.

Quizás él también lo hizo.

“En estos tiempos donde tocarse desde fuera está en rebajas o a dos por uno, tocarse por dentro se ha convertido en el producto más cotizado y difícil de adquirir en el mercado”.

Contactos fugaces, para alimentar un hambre que no llega a saciarse

Tanto, que muchos lo intentan compensar con contactos fugaces, compulsivos, para alimentar ese hambre que nunca llega a saciarse y que nos provoca un rugido de tripas. Un sonido que suena como un lamento interior, que nos deja medio sordos pero que ya ni escuchamos.

pareja

Quizás por esa búsqueda de sentir más allá de la piel, aquella noche nos dio por pintar nuestras caricaturas con un programa de móvil, dibujar absurdamente el montaje de un mueble de “Ikea” mediante ilustraciones en la arena, esquivar el camión limpiaplayas.

Un medio de locomoción extraño que iba y venía con aires de otro tiempo, mientras charlábamos o callábamos y nos olíamos las manos de vez en cuando, por si aún había rastro del espeto de sardinas que nos habíamos zampado en plan gatos. Qué extraño es eso de estar con un extraño.

“Pero entonces me di cuenta, que más extraño aún es ser un extraño para uno mismo, y esto, lo veamos o no, es nuestra eterna sombra”

De repente, la luna nos dedicó un círculo de luz como a los famosos cuando salen al estrado, no sé si nos la arrojó antes de su frase, o fue a la vez, solo sé lo que desde el suave ruido de nuestra conversación, le escuché decir: – Algunas veces estoy conmigo mismo, otras, estoy solo. Entonces le miré, y sin saber por qué, dejó de ser un extraño.

Las conexiones trasforman a extraños en un lugar que conocer

Le llevé a casa, y al parar el coche para despedirnos pasó algo más extraño aún: sentí mi piel. De algún modo me había tocado por dentro, una pequeña caricia, como una nota en la cuerda de una guitarra que hace vibrar la madera, así retumbaba mi pellejo. Van Morrison tuvo que sonar de fondo para terminar de imantarnos como adolescentes en un coche.

No sé si hace tiempo que no besaba y lo olvidé, o que no lo había hecho antes con los 5 sentidos en la boca. Pero sus labios me supieron dulces y adictivos.

El verano acabó y jamás volvimos a vernos. Eso no importa.

“El sentido de las cosas, no viene definido por su duración, tiene un espacio y un tiempo definidos”

pareja

Sea como sea, no paro de repetirme que no hay nada más extraño que sentirnos extraños junto a alguien, incluso con nosotros mismos, para al segundo descubrirnos, sin saber por qué, como en una especie de casa, de templo, que no deja de sorprendernos pero nos une, nos reúne, con nosotros mismos y con el mundo.

Aunque solo sea por fracciones de segundos, donde no hay pensamiento que valga, y volvemos a la pequeña bóveda de la infancia, donde todo podía convertirse en magia, donde solo se podía sentir, soñar y vivir.

Porque la magia, querido lector, existe, y sino alguna noche, acérquese a mirar la luna junto a un extraño, aunque ese extraño sea usted mismo o alguien que crea conocer de toda la vida, sin esperar nada más y sino ya me lo dirá.