Pensamiento convergente: qué es, cómo funciona y ventajas

El pensamiento convergente utiliza la lógica, la razón y la experiencia para proporcionar la solución adecuada de forma rápida. Descubre cómo funciona, cuándo puedes utilizarlo y cuáles son sus principales ventajas.
Pensamiento convergente: qué es, cómo funciona y ventajas
Laura Ruiz Mitjana

Escrito y verificado por la psicóloga Laura Ruiz Mitjana el 13 abril, 2021.

Última actualización: 13 abril, 2021

Seguro que has oído a hablar del pensamiento divergente o creativo, pero… ¿Y del pensamiento convergente? ¿Sabes en qué consiste o cuándo lo aplicamos? La realidad es que existen múltiples maneras de pensar, de reflexionar y de llegar a conclusiones más o menos fiables. Escoger la mejor de ellas es en sí una habilidad que mejora con la experiencia y el aprendizaje.

Hoy nos centraremos en el pensamiento convergente, un tipo de pensamiento basado en la lógica que nos ayudará a resolver problemas de solución única. ¿Quieres saber más? ¡Sigue leyendo!

Pensamiento convergente: ¿Qué es?

En 1967, el psicólogo estadounidense Joy Paul Guilford propuso dos tipos de pensamiento, por aquel entonces, novedosos: el pensamiento divergente y el pensamiento convergente.

Definió el pensamiento convergente como aquella habilidad de dar la respuesta correcta a una pregunta ordenando de manera lógica la información disponible. En otras palabras, sería la capacidad para solucionar problemas o contestar preguntas sin que se requiera de una gran habilidad creativa.

Un ejemplo de pensamiento convergente sería aquel que solemos utilizar para hacer operaciones comunes, como una suma.

Mujer sumando

Así, a través del pensamiento convergente, seguimos patrones establecidos y habituales para la resolución de problemas. Mediante este tipo de pensamiento no “vamos más allá” (como lo haríamos con el pensamiento divergente, que explicaremos a continuación) de aplicar la estrategia que hemos utilizado antes en el mismo sentido y campo en el que también la hemos empleado.

Por contra, el pensamiento divergente lo definió como un proceso de planteamiento o resolución de problemas mediante la búsqueda de estrategias y soluciones novedosas. Este tipo de pensamiento también ha sido denominado pensamiento creativo o pensamiento lateral. Según Guilford, los procesos de innovación alternan ambos tipos de pensamiento. Por otro lado, uno de los objetivos de este tipo de pensamiento es el de encontrar soluciones más eficaces.

¿Cómo funciona el pensamiento convergente?

Como hemos visto, podríamos decir que el pensamiento convergente sería el antagónico al divergente (creativo). Este tipo de pensamiento no se centra en todas las posibilidades (e incluso las que requieren mayor imaginación) del problema, sino que busca encontrar la solución más adecuada de manera rápida y precisa.

Para ello, utilizamos la información que creemos que nos ayudará a resolver el problema, pero no imaginamos escenarios alternativos o atípicos, como haríamos con el pensamiento divergente. En este sentido, se trata de un proceso de pensamiento bastante acotado.

¿Cuándo es más útil?

El pensamiento convergente, aunque pueda parecer más limitante porque no se alimenta de la imaginación ni de la creatividad, puede llegar a resultar muy útil en ciertas situaciones.

Por ejemplo, en aquellas situaciones en las que es posible encontrar una única respuesta correcta, a la que llegaríamos a través de un proceso de toma de decisiones (o aplicando la lógica).

¿Qué lo caracteriza?

Se trata de un tipo de pensamiento que suele reportarnos respuestas con poca incertidumbre. Además, se basa en la razón y en la lógica, y con él recurrimos a la información disponible para encontrar una respuesta muy precisa de forma rápida (con el menor coste de tiempo posible).

Por otro lado, el pensamiento convergente se relaciona con el conocimiento del que ya disponemos. Esto es así porque cuando lo aplicamos, usamos datos de forma estandarizada.

Finalmente, como características a destacar encontramos que a través de él utilizamos también otro tipo de pensamiento, el pensamiento crítico. Este último se basa en la información, el conocimiento previo, la lógica, la estadística y las probabilidades.

Ventajas del pensamiento convergente

¿Qué ventajas tiene utilizar este tipo de pensamiento y no otro? Vamos a conocer dos de las más importantes:

Perfecto para aquellos problemas para los que no necesitamos una solución mejor

El pensamiento convergente también nos puede ayudar a tomar decisiones. Según el psicólogo Oscar Castillero, la toma de decisiones engloba todos aquellos procesos a través de los cuales un sujeto toma la determinación de seleccionar una de las múltiples opciones posibles de entre las que se presentan. Para ello, la persona se basa en una gran cantidad de factores que rodean dicha situación.

Emplear este tipo de pensamiento en el día a día es muy útil para la mayoría de problemas. ¿Vamos a mirar todos los días el plano para ir de casa al trabajo? ¿Vamos a seguir buscando una receta que mejore ese guiso que ya nos sale estupendo?

De este modo, hay momentos en los que no necesitamos resultados mejores; con las soluciones y las estrategias que ya conocemos es suficiente. Este es el terreno en el que el pensamiento convergente nos da confianza y se presenta como la mejor de las elecciones.

“A menudo cualquier decisión, incluso la decisión incorrecta, es mejor que ninguna decisión”.

Mujer saliendo de trabajar

Gasta pocos recursos cognitivos

Utilizar las estrategias que ya conocemos ahorra energía mental. Son caminos o senderos conocidos, rutas que ya hemos explorado y, por lo tanto, predecibles.

Si tenemos frío, sabemos que encendiendo la calefacción esta sensación se marchará. Si nos molesta la espalda, sabemos que estirarla nos aliviará. Este tipo de acciones las llevamos a cabo casi de manera automática.

Así, este pensamiento es muy liviano en su aplicación. Con él tomamos un montón de decisiones al día de las que ni siquiera somos conscientes.

Aprendizaje y pensamiento

El pensamiento convergente puede resultar útil en muchos casos, y conocer sus características nos puede ayudar a mejorar su uso y eficacia. Existen muchos tipos de pensamiento, y la utilidad de cada uno de ellos, la elección de cuál es mejor y peor, dependerá de variables circunstanciales, de nuestro propósito y de la naturaleza del propio problema.

Lo importante será analizar bien el contexto, conocer las posibilidades de respuesta (y si no existen, crearlas, darle el poder a nuestra imaginación), elaborar un plan de acción y ejecutarlo para llegar a la respuesta deseada. Nos equivocaremos mil veces, pero por suerte los errores son los que crean un camino hacia el aprendizaje.

“La experiencia es la maestra más exigente. Primero te pone a prueba y después te enseña la lección”.

-Travis Bradberry-

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