¿Por qué gritamos?

¿Alguien se imagina que una discusión acalorada se haga entre razonamientos pausados y no se base en un intercambio de improperios? Según la RAE, discutir es contender y alegar razones contra el parecer de alguien”. Lo más curioso es que en la propia definición ya se habla de ir en contra de algo, y no de ir a favor de la propia opinión. Es decir, quien discute, por definición, tiene más interés en atacar un pensamiento ajeno que en defender el propio. Tal vez por eso se necesite gritar. Si suena más alto, impone más. Y de eso se trata, de intimidar, de forzar y desprestigiar. Eso es discutir. Al menos es lo que se ve, ya más que por moda, por costumbre.

Debatir, que parece un término más suave, tampoco lo es. Ni qué decir tiene que los “debates” que vemos en televisión acaban por destrozar cualquier buena imagen que tengamos de la palabra (o que queramos tener). Televisión a parte, debatir es disputar por las ideas. Y disputar es discutir con violencia, es competir. Creo que siguen siendo términos que se alejan demasiado de lo que deberíamos considerar como un intercambio positivo de pensamientos y de ideas.

En lugar de debatirnos y discutirnos, deberíamos proponernos. Sin imposiciones. Pero claro, para eso, hay que tener argumentos. Como conclusión, entiendo a los que gritan. A los que deciden que una discusión se gana con la voz más alta, que normalmente también es la más vacía de contenido. Quien grita, prefiere escucharse poco. Y al que tiene delante, menos. Quien grita cubre las carencias de información que tiene. Quien grita, tiene en sus voces y palabras malsonantes sus mejores y únicos argumentos. Y hablo de quien grita cerca, que quien grita de lejos intenta comunicarse. Y por lo visto, en las discusiones y en los debates que vivimos, comunicarse es de las últimas cosas que interesan.

 
Por : Juanjo Basante, Mar 01 2013
anderton

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Nací cerca de un montón de olas de mar y aún no me he separado de ellas. La edad, como la brisa, pasa por delante y no conviene pararse mucho a pensar. Mi virtud, no saber descifrar ni una. Un defecto, insistir en poner el mundo del revés. Una meta, no sentir dolor. Y mientras tanto, capear el temporal, soportar lo inesperado y rezar por tener siempre algo para poder tirar del hilo.

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Toni  Segarra

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Gritar según el reto que nos llegue a veces es preciso. Es una liberación de la presión, de la energía que hemos acumulado, o hemos recibido en un instante, que la consideramos negativa. Pero el gritar, también es un aviso de que todo está a punto de convertirse en un caos, que puede desembocar en insultos, agresiones físicas, en violencia. Aunque cuando hay un reto que nos supera, si no gritáramos, tal vez seguiría la frustración, que podría seguirle la depresión.
capragal

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CREO QUE EFECTIVAMENTE NUNCA ES BUENO GRITAR , PERO CUANDO HAY PROBLEMAS FISICOS ES INEVITABLE NO HACERLO Y POR LO MISMO TAMBIEN COMETEMOS EL ERROR DE EXCUSARNOS EN AQUELLOS PROBLEMAS FISICOS COMO LA SORDERA. BUENISIMO EL ARTICULO

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