Pablo Ráez: un reflejo maravilloso de la vida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 junio, 2017
Alicia Garrido Martín · 27 febrero, 2017

Pablo Ráez, ha sido un ejemplo de lucha y de vida hasta el final de sus días. Hasta el último suspiro. Pablo, era un chico con una vida como la de cualquier otro chico de 18 años. La salvedad en este caso la marca el diagnóstico y el inicio de la enfermedad que ayer terminó con su vida.

Desgraciadamente Pablo solo ha sido una de las tantísimas personas que han pasado por un cáncer. Física y emocionalmente, social y familiarmente, el cáncer no afecta solo a la persona que lo sufre, es un mal que va más allá. Cambia el sistema familiar y lo reubica de manera inmediata.

Pero Pablo fue mucho más allá. Reconvirtió cada una de las noticias que recibió de su enfermedad en aprendizaje de vida. Algo que  sobre todo requiere una gran fuerza cuando no todas las novedades que le comunicaban los médicos eran buenas.

Pablo Raez

Pablo Ráez y el maravilloso encuentro con el sentido de su vida

Su vida se convirtió en VIDA. La incierta visita de la muerte le hacía mantenerse más vivo que nunca. Qué paradoja tan cruel y a la vez tan bella. Ver la muerte desde cerca nos invita a VIVIR. A saborear absolutamente cada segundo que nuestro corazón late. Todo es una sorpresa, todo es nuevo y todo puede tener tantos matices como lo permita la apertura de nuestros sentidos.

Quien ve la finitud de cerca ve los infinitas formas de saborear la vida que cada uno tenemos. Aprendemos en un acto casi instantáneo el verdadero valor de nuestra vida. La agarramos con fuerza porque es lo que tenemos. Agarramos nuestra vida como el niño sostiene a su peluche favorito. Con fuerza, determinación y con un amor incondicional.

Pablo Ráez apreció su vida, entendió su valor. Buscó y encontró el sentido al desasosiego que le trajo la enfermedad. ENCONTRÓ motivos, razones por las cuales vivir. La vida es un regalo, decía. Y no le faltaba razón. Aprovechó cada instante de su vida, aún doliéndose y sufriendo la incertidumbre de no saber si tendría que decir adiós pronto.

La muerte nos enseña a vivir

La cercanía de la muerte es quizás el despertador más triste a la vida. Es una de las paradojas más turbadoras que albergamos en nuestra existencia. Quien ve terminar sus días, advierte el sentido de su existencia. Entiende que la vida es AQUÍ y AHORA. Y entiende que esta es una ecuación mágica y exacta. La vida es aquí y ahora. La vida está sucediéndose mientras lees estas palabras.

Vivimos distraídos de lo verdaderamente importante. Pablo es una de las tantas personas que han querido contribuir para siempre con sus lecciones. Cuando uno ve algo con tantísima nitidez y lo siente desde lo más profundo de su ser con una movilizadora energía… uno encuentra PAZ. Una paz que es mucho mejor si es compartida, porque entonces encuentra un sentido mucho más poderoso.

vida

De alguna manera es como si Pablo con sus lecciones quisiera decirnos… ¡Ey! ¿Qué estás haciendo con tu vida? ¿Acaso crees que tu vida solo es eso que te está paralizando? Tu vida es mucho más que ese pensamiento acerca del trabajo que no te deja tranquilo. Tu vida es más que esa queja que te acompaña. ¡Abre los ojos! ¡No esperes a que amanezca, a que se esconda el sol, a que pase un mes o a cumplir años!

La vida es solo aquí y ahora

TÚ eliges. Pero la vida es aquello sobre lo que tienes los pies mientras tu cabeza se instala en el pasado o en el futuro. Es importante entender el pasado para proyectarse como un cohete al futuro. Pero quedarse estancado en uno u otro y rumiando constantemente no nos da margen para saborear la oportunidad de respirar, la de tocar, la de sentir, la de tocar o la de declararnos.

Gracias Pablo Ráez por tu fuerza y por haber puesto un altavoz a lo que te pasaba con la esperanza de que a otros le sirviera. Gracias por haberte abierto al mundo cuando la suerte que ha venido de algún lugar te ha sido tan esquiva.

Con tan solo 20 años has sido un ejemplo para cada de nosotros. Desgraciadamente la medicina no ha podido hacer nada más para ayudarte, en cambio tú has ayudado a muchas personas -enfermas y no enfermas- a despertarse. Nos has enseñado que por más grande que sea un problema, este nunca va a serlo todo y que somos mucho más de lo que el destino o el oportunismo ha guardado para nosotros..

Gracias por amar la vida como lo hiciste.

Descansa en paz. En aquella PAZ que por fin, un día de tu vida, encontraste. Esa de la que nos has dejado un gran trozo, a pesar de tu enfermedad, y que hoy te agradecemos profundamente.

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