La curiosa paradoja de Peter que revolucionó la forma de ver los ascensos en el trabajo

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 10 noviembre, 2017
Edith Sánchez · 20 julio, 2016

Laurence J. Peter era un catedrático de Ciencias de la Educación en la Universidad del Sur de California que escribió un libro satírico llamado El principio de Peter en los años ochenta. El texto surgió después de una larga observación sobre la forma como se manejan las jerarquías en las organizaciones. Su planteamiento básico es que los sucesivos ascensos vuelven a las personas incompetentes.

Se dice que este principio ya había sido descubierto por José Ortega y Gasset, cuando formuló el siguiente aforismo, en 1910: “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes”.

Con base en esa premisa, Laurence Peter formuló dos grandes conclusiones, que desde entonces son un punto de referencia dentro del mundo administrativo:

  • Con el tiempo, todo “puesto” tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
  • El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.

El principio de Peter en detalle

Lawrence J. Peter

Está claro que el principio de Peter alude al hecho de que cuanto más ascienden las personas en sus cargos, más incompetentes se vuelven. Pero, ¿por qué ocurre esto? La respuesta está en la dinámica misma de los ascensos, que en principio buscan premiar a un buen trabajador, pero que a la larga pueden generar dificultades para el mismo.

 

Veámoslo en detalle. Hay un empleado que es excelente en lo que hace. Supongamos que es el cajero de un banco, que siempre tiene todo hecho a tiempo y jamás presenta fallos en sus tareas. Como premio a su buen desempeño, la organización decide promoverlo a jefe de cajeros.

Para realizar esa nueva labor, el antiguo cajero debe adquirir nuevos conocimientos y nuevas habilidades, lo cual supone, en un comienzo, cierta baja de nivel en su desempeño.

Sin embargo, si es alguien muy listo y comprometido, en poco tiempo puede llegar a desarrollar su nuevo trabajo con total suficiencia. Así que es probable que le den un nuevo ascenso y entonces vuelve a comenzar el ciclo.

Esto se repetirá, hasta que llegue a un cargo en el que sea incompetente, de modo que no se haga merecedor a un nuevo ascenso.

Lo que postula Peter, entonces, es que como las organizaciones jerárquicas trabajan bajo este tipo de esquemas, los empleados que ocupan los cargos más altos suelen tener un alto grado de incompetencia. Están allí porque ya no pueden ascender más, pero, al mismo tiempo, en ese camino han ido perdiendo la posibilidad de hacer aquello para lo que eran más capaces.

“La burocracia es una máquina gigantesca manejada por pigmeos”

-Honoré de Balzac-

¿Evitar los ascensos?

La obra escrita por Laurence Peter tenía inicialmente un propósito sarcástico, pero fue tal el impacto que causó, que también ha sido introducido como un punto de reflexión importante para las organizaciones.

Después de que se evidenciara ese mecanismo oculto tras los ascensos, la pregunta obvia, era: ¿entonces es mejor no ascender a los trabajadores?, ¿la imposibilidad de un ascenso no terminaría desmotivando a las personas que trabajan?

Hombre con paraguas para representar el principio de Peter

Lo que se dedujo es que las medidas ideales para que los altos cargos no fueran ocupados por personas llevadas a su máximo nivel de incompetencia son dos: las escaleras de aprendizaje y un nuevo criterio en la asignación de los salarios.

Las escaleras de aprendizaje son un mecanismo para acompañar las actividades laborales con procesos de capacitación, que también permitan evaluar cómo de preparada está una persona para asumir un nuevo cargo.

Los nuevos criterios en la asignación de los salarios son una buena idea, pero de difícil aplicación. Se trata de premiar a los buenos trabajadores con un sueldo mayor y no necesariamente con un ascenso. Esto supondría, a la larga, que dos personas en el mismo cargo podrían tener salarios muy diferentes.

Es previsible que esta falta de simetría se traduzca en conflictos intralaborales, por lo que resulta difícil de implementar. Lo que sí se ha venido implementando es el esquema de ofrecer bonificaciones y privilegios a los trabajadores con mejor desempeño, sobre unas pautas de evaluación definidas previamente.

 

Como quiera que sea, lo cierto es que el principio de Peter nos pone frente a una gran paradoja: probablemente las personas con más poder y mayor capacidad de decisión, tienen un alto grado de incompetencia. Y tienen en sus manos el destino de muchos. ¿Será por eso que las grandes soluciones para las sociedades nunca terminan de llegar?