Yo soy yo, mi circunstancia y mis decisiones me definen

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 26 septiembre, 2017
Cristina Medina Gomez · 17 marzo, 2016
Nuestras circunstancias, esos factores externos que determinan nuestros escenarios sociales, también conforman nuestra identidad. No obstante, estamos obligados a tomar adecuadas decisiones para no perder nunca nuestra sensación de control.

El título de este artículo es un guiño a la célebre cita del filósofo español, José Ortega y Gasset. De manera muy resumida, él pensaba que la unión del “yo” y la circunstancia era indisoluble, que era imposible entender al uno sin el otro.

Así, en buena medida el producto de nuestras decisiones está condicionado por nosotros y nuestras decisiones, pero también por las particularidades del momento y el lugar.

Por esta razón, cuando el filósofo afirmaba eso de ” Yo soy yo y mi circunstancia; si no la salvo a ella, no me salvo yo” hacía referencia a la fuerza de dicha unión. La que existe entre quién somos y lo que nos rodea. Es decir, cada uno de nosotros estamos lo queramos o no, condicionados por las limitaciones y libertades que nos facilita el entorno.

Debemos por tanto aprender a movernos entre estos caminos con sus alambradas para construir nuestra vida, para sacar de cada circunstancia una adecuada oportunidad.

“Yo no compito con nadie. Yo corro en mi propia carrera. No tengo ningún deseo de jugar a ser mejor que nadie, de ninguna manera, forma o estilo. Solamente aspiro a mejorar, a ser mejor de lo que era antes. Así soy yo. Y soy libre”

-Mónica Fuentes Postigo-

Circunstancia: ‘lo que está alrededor’

La palabra circunstancia recoge un marco mucho más amplio del que pensamos: la familia, la sociedad, la cultura, un cuerpo determinado con sus características físicas y psicológicas, la personalidad y el carácter, etc. El “yo”, de hecho, se forma al entender su propia circunstancia y al darle una explicación unida a la de los demás.

Nuestra identidad, por tanto, tal y como nos revela un estudio de la Universidad Estatal de Nueva York en Cortland, se erige por esa interacción entre nuestros procesos cognitivos y los factores externos a los cuales, damos un significado y que de un modo u otro, siempre nos influye.

Mujer disfrutando de la vista de Paris con un vaso de café en la mano

La circunstancia, ese entorno que nos contiene, es flexible y moldeable en muchos aspectos: una vez que aceptamos lo que está a alrededor, se nos da la libertad de enfocar las decisiones hacia un presente que nos llene y un futuro que nos enriquezca. 

De esta manera, nuestras experiencias se van configurando y nuestra acciones giran hacia los intereses, deseos y sueños que tenemos. En ese momento, la circunstancia y las decisiones nos definen y nos sitúan ante el mundo y respecto a los demás.

Lo positivo y negativo de la circunstancia

Las circunstancias, lo sabemos, no son perfectas y no siempre nos rodea el ambiente propicio para que todo salga como nos gustaría. A menudo, nos toca tener que decidir con millones de adversidades en contra, y otras parece que todo fluye y que la decisión es clara.

Sin embargo, en cualquiera de los dos casos, acabaremos decidiendo y salvando a la propia circunstancia. Al fin y al cabo, como nos señaló Viktor Frankl, padre de la logoterapia, la felicidad debe ser seguida y construida con firmes propósitos. Más allá incluso del propio contexto.

“Lo más difícil es la decisión de actuar, el resto no es más que tenacidad. Los miedos son tigres de papel. Puedes hacer cualquier cosa que decidas hacer. Puedes actuar para cambiar y controlar tu vida; y el procedimiento, el proceso es su propia recompensa”

-Amelia Earhart-

En este sentido, sabemos que tenemos momentos buenos y malos y que son igualmente necesarios para que sintamos estabilidad: es beneficioso recordar que la alegría y la tristeza viajan en el mismo tren. Aún cuando el miedo o la tristeza nos bloquean y nos dificultan el movimiento, estamos obligados a seguir: incluso no decidir, es tomar una decisión.

Decisión es también no tomarla

Cualquier situación, etapa o momento que vivimos implica decisiones y como tal, somos de su producto. Desde tomar un café a media tarde hasta la hora a la que ponemos el despertador para levantarnos. Estas parecen acciones insignificantes y, sin embargo, pueden marcarnos el resto del día.

Huellas de una persona en la arena

Con las decisiones que creemos importantes ocurre lo mismo: no es bueno alargar el momento de tomarlas, sino que es adecuado hacerse las preguntas oportunas, darse las respuestas necesarias y ser valientes para afrontarlas: aceptar las responsabilidades y saber escucharse son dos claves importantes.

Solamente cuando tengamos claras las metas y las desmenucemos en objetivos cotidianos, estaremos seguros de que nadie tomará la decisión en nuestro lugar. Podremos equivocarnos y está bien hacerlo, pero nos quedará sin duda la satisfacción de ser dueños de esas equivocaciones. En cierta manera, lo bonito tiene que ver con la ausencia de un guión que señale la dirección correcta.

Reflexionemos en ello. No nos limitemos a ser meras víctimas de nuestras propias circunstancias. Tomemos el control en la medida que nos sea posible y construyamos nuestros senderos, nuestro futuro, la felicidad.

“Cuando tienes que tomar una decisión y no la tomas, eso es en sí mismo una decisión”

-William James-

  • Berzonsky, M. D. (2008). Identity formation: The role of identity processing style and cognitive processes. Personality and Individual Differences44(3), 645–655. https://doi.org/10.1016/j.paid.2007.09.024
  • Compass, P. P., & Compass, P. P. (2007). Social and Personality Psychology Compass. Social Psychology, (612), 1–28. https://doi.org/10.1111/j.1751-9004.2010.00270.x
  • Ortega y Gasset, José (2014) La rebelión de las masas y otros ensayos. Alianza