Descubrir nuestra belleza escondida

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 23 agosto, 2013
Gema Sánchez Cuevas · 23 agosto, 2013

Casi nunca nos sentimos bien tal y como somos, comparándonos de manera constante con los demás. Nos miramos al espejo y nos sentimos mal con nosotros mismos. Los seres humanos invertimos tiempo, dinero y energía en modificar nuestra apariencia pudiendo poner en peligro nuestra salud.

Es algo que podemos ir observando en nuestro día a día, tanto en los demás como en nosotros mismos. El rechazo de la imagen corporal se hace relevante en los comentarios despectivos hacia nuestro cuerpo. Dedicamos mucho tiempo a criticarlo, pero poco a cuidarlo o a atenderlo, no solemos reparar en el trato que a veces le damos al cuerpo, aunque nos acompañe toda la vida. Nos hemos convertido en víctimas de la tiranía de la belleza.
 

El ideal de belleza imperante

La sociedad impone un modelo de belleza en la actualidad ligado a la idea de consumismo que nos lleva a condenarnos y a no aceptarnos, provocando el rechazo hacia nuestro cuerpo, lo que conlleva un estado de insatisfacción permanente, indicando estereotipos tanto masculinos como femeninos, desatando duras batallas por ser como somos.

Somos esclavos de un ideal de belleza, siendo el cuerpo un objeto de preocupación constante, generando sentimientos de odio y desprecio en nosotros mismos, como si fuéramos defectuosos porque no cumplimos con los cánones impuestos. Y aunque esto ocurra en mayor medida en el género femenino, en la actualidad los hombres se ven cada vez más afectados. ¿Hacia dónde estamos llegando?

La visión de cómo somos en contraste con el ideal de belleza dominante, nos provoca un estado de insatisfacción casi permanente que afecta también a la forma de relacionarnos con el mundo, a la capacidad para sentirnos satisfechos con nuestro trabajo y las relaciones con los demás, así como a  nuestra personalidad, que a menudo se ve avergonzada por no llegar a ser como el ideal establecido. Incluso esta situación puede llegar a provocar conductas adictivas, preocupaciones excesivas por el cuerpo y la imagen física que desembocan en trastornos alimentarios, así como unas ganas insaciables de comprar, comer, coleccionar cosas u otros tipos de conductas.

La idea de consumo ligada a la belleza se relaciona con la obtención de premios o castigos, o incluso con la compensación de sentimientos de carencia de personas o cosas.

Y aunque a través de los medios se nos ofrezca la idea de libertad de elección entre qué moda seguir o qué disfraz escoger y que podemos cambiarlo cuando consideremos oportuno, no debemos olvidarnos que detrás de cada modelo estético hay pinceladas industriales, mediáticas y económicas, así como relaciones de poder. Todo expresado a través de pequeños actos cotidianos que acaban pareciendo normales.

Mujeres e ideal de belleza

En la vida de las mujeres, la búsqueda de la belleza y la preocupación por el cuerpo se ha convertido con el paso de los años en un asunto central de sus vidas, sintiéndose éstas atrapadas en el mismo y con temor por el escrutinio de los demás.  La belleza en muchas ocasiones se ha convertido en una meta para el género femenino. Así encontramos cifras tan alarmantes como más de la mitad de las mujeres que viven en países desarrollados se sienten insatisfechas con su cuerpo, sintiéndose deprimidas o inseguras porque el cuerpo engorda o envejece, olvidando los logros importantes conseguidos en sus vidas. Con estas cifras se afirma que la mujer no disfruta de sí misma a través de su cuerpo, sino que se esfuerza para intentar complacer a los demás, buscando la aceptación que estos le brindan si es posible.

Y claro que es bueno sentirse joven y estar bien físicamente,  el problema surge cuando se albergan preocupaciones excesivas, sentimientos de odio y desprecio, y obstaculizamos nuestro crecimiento volviendo hacia atrás en vez de ir hacia delante.

Descubrir nuestra belleza personal

A pesar de que la cultura y la sociedad se empeñen en ponernos unos ojos para buscar a la mujer y al hombre perfectos, haciéndonos consumir gran cantidad de tiempo en buscar y buscar, no podemos olvidarnos de que nuestro cuerpo es nuestro refugio, somos sus huéspedes, y a través de él somos participes de experiencias tan bellas y hermosas como el sentir, desear, expresar y comunicarnos.

Hemos aprendido a criticarnos constantemente. Siempre somos “demasiado bajos”, “demasiado altos”, “demasiado viejos”, “demasiado tontos”, “demasiado feos”, etc. Casi siempre es “demasiado”. Louise L. Hay lo explica muy bien en sus libros “Se critican porque han aprendido a creer que no sirven para nada” “No se aman a ellos mismos”.

El desconocimiento del propio valor es una forma de expresar que no nos amamos a nosotros mismos. Hay que comenzar a amarse, pero ¿cuándo? Pues en este preciso instante. Comencemos a amar cada parte de nuestro cuerpo.

Tenemos que ser conscientes de que lo que pensamos de nosotros mismos se constituye como verdad para nosotros. Por ello, pensemos en que somos huéspedes de nuestro cuerpo, y como tal, debemos aceptarlo y quererlo, no envidiar la casa de los demás o el ideal impuesto. La aceptación y la estima propia,  son el remedio para protegernos del mercado de la imagen.

Amarse a uno mismo implica aceptar nuestras luces y sombras, aceptar el pasado, reconocer los errores  y aprender de ellos, respetar cada parte de nuestro cuerpo porque es el único que poseemos, sintiéndonos cómodos en nuestra propia piel. Nuestro cuerpo es el que de alguna manera nos une a la vida, el punto de encuentro entre la naturaleza y la cultura, lo material y lo espiritual.

Aprobarse y aceptarse a sí mismo es el primer paso hacia un cambio positivo en todos los ámbitos de nuestra vida. Aprendamos a relacionarnos con nuestro cuerpo desde nuestro interior, desde lo que sentimos… Seamos más responsables en nuestra relación con él. El bienestar dependerá de ese respeto y de nuestras potencialidades.

La belleza se encuentra en cada uno de nosotros. ¡Aprendamos a descubrirla!

Imagen cortesía de Francisco Cribari