El divorcio y su efecto sobre los hijos

Paula Aroca · 28 agosto, 2013

La opinión popular en cuanto al divorcio es que, si los padres se sienten mejor, los hijos también se sentirán así. Sin embargo, hay sobreabundantes estudios que muestran algunos aspectos contrarios.
 

Por mal que pese a muchos, no hay manera de “dorar la píldora”, el efecto del divorcio en los hijos es negativo. En este caso, no podemos decir “guerra avisada, no mata soldado”, sino más bien algo como “guerra avisada, mejor preparado”. Claro, el divorcio no es una garantía de que tu hijo o hija sufrirá todas las consecuencias que describiremos en este artículo, pero sí es importante que sepas que tus niños serán más vulnerables a ellas.

Sin importar la edad, el divorcio afecta mucho a los hijos. El Dr. Carl Pickhardt lo resumió muy bien en su artículo The Impact of Divorce on Young Children and Adolescents cuando dijo: “Básicamente, el divorcio suele intensificar la dependencia del niño y acelerar la independencia del adolecente; a menudo provoca una repuesta regresiva en los niños y una respuesta agresiva en los adolescentes.”

Efectos en Niños Pequeños

Desde el punto de vista de un niño pequeño, ha sucedido algo insólito… ¡Sus padres ya no se aman el uno al otro! Por eso, los niños pequeños temen perder el amor de sus padres también. Por lo general, les cuesta comprender que, si bien el amor se acabó entre sus padres, el amor que ellos sienten por él, en cambio, es incondicional.

Esto lleva a que actúen de diferentes maneras para solicitar más atención y mimos. Suelen dar marcha atrás en cuanto a habilidades y destrezas que ya habían adquirido para hacerse más autosuficientes, tal como vestirse, dormir en su propia cama, comer por sí solo y usar el baño. Sienten que cuando sus padres le dan más atención, le están confirmando su amor.

Es sumamente importante que los padres en hogares divididos den énfasis y un apoyo especial al progreso del niño hacia su autonomía. Para ello, el niño debe sentir seguridad, sostén y, sobre todo, incondicionalidad, idealmente de ambas partes.

Efectos a Largo Plazo

La psicóloga Judith Wallerstein hizo un seguimiento a un grupo de niños de padres divorciados. Los observó por veinticinco años. Ella esperaba ver el impacto del divorcio disminuir al ir pasando los años. Sin embargo, los resultados de su estudio sorprendieron a todos. Aun 25 años después del divorcio, los niños (claro, ahora ya adultos), continuaban experimentando sentimientos de temor a ser abandonados. Ella también observó que los niños del estudio enfrentaban más retos como adultos en el área afectiva, especialmente cuando llegaba el momento de formar sus propias relaciones románticas.

Los niños no solo son afectados emocionalmente. La profesora Jane Mauldon de La Universidad de Berkeley descubrió que los niños de hogares divididos son más susceptibles a enfermarse. El riesgo de problemas de salud es más alto de lo normal durante los primeros 4 años después de que la familia se desintegra, pero, sorprendentemente, esto puede incrementar en los años que siguen. No solo se enferman más frecuentemente, sino que también toman más tiempo para recuperarse.

Efectos en Adolescentes

Los adolescentes de hogares con padres divorciados son más propensos a abusar del alcohol y las drogas y hacerse sexualmente activo, que jóvenes con familias unidas y estables. Según un estudio realizado en La Universidad de Toronto, muchachos cuyos padres se divorciaban antes de que ellos cumplieran 18 años, tenían 48% más probabilidad de comenzar a fumar cigarrillos que jóvenes de familias cuyos padres mantenían una relación armónica. En el caso de las mujeres, esto era 39% más probable.


Qué hacer cuando el divorcio ya ha ocurrido o es inminente

Como señalábamos en un principio, los efectos del divorcio sobre los hijos no son favorables. Es importante ser consciente de esta realidad y aceptarla, más allá de lo doloroso que pueda ser para uno y de los distintos sentimientos que esto nos pueda generar (entre ellos, la culpa, como uno de los más frecuentes).

No obstante, hay cosas que, como adultos responsables, podemos y debemos hacer para ayudar a nuestros hijos a comprender los cambios en la dinámica familiar. En primer lugar, la buena comunicación con tu hijo (ya sea niño o adolescente) puede contrarrestar el resentimiento que lleva a conductas destructivas. Es necesario ser honesto en cuanto a lo que está sucediendo a fin de evitar que tu hijo se sienta traicionado.

Sin embargo, no se debe confundir la buena comunicación con obligar a tu hijo a cumplir con el papel de confidente y consejero. Esto causa un tremendo daño, ya que tu hijo no está preparado – ni emocional ni moralmente – para asumir ese papel. Los niños que asumen el rol de confidente de sus padres son más propensos a sufrir de trastornos de la alimentación como la anorexia. Más a menudo, las madres tienden a caer en esta “trampa” con sus hijas adolescentes, especialmente cuando estas demuestran madurez y empatía.

Para concluir, es fundamental que, como padre o madre, estemos dispuestos a brindar todo el apoyo y contención que nuestros niños necesitan en una situación de estas características. Claro, incluso en ocasiones, sobreponiéndonos a nuestro propio dolor y sufrimiento…

Imagen cortesía de Green MPs