Los dictadores emocionales, enemigos del bienestar emocional

Fátima Servián Franco · 3 diciembre, 2016

La palabra clave de los dictadores emocionales es “Yo”. Estas personas necesitan sentir que están totalmente al mando de cada situación, y cuando esto no es así, sienten una gran frustración e intolerancia. Por otro lado, parece que no existe una predisposición para la formación de la personalidad autoritaria, en cuanto a que esta no se hereda, sino que se desarrolla a partir de unas normas sociales transmitidas por la familia y otras agentes sociales.

Dado que las características de personalidad por definición son estables y consistentes a través de las situaciones, las personas autoritarias tenderán a mostrar ese patrón comportamental con las personas que se encuentren bajo su influencia. Por ejemplo, quien es dominante con sus empleados, probablemente lo sea también con su pareja e hijos, o con otras personas a las que perciba como vulnerables.

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Estas personas son fáciles de reconocer porque dicen lo que piensan sin buscar las palabras adecuadas. Les da igual herir a los demás y se justifican exaltando su sinceridad, que en realidad es autoridad moral disfrazada de honestidad. De hecho, no tienen mucho tiempo para las personas ya que están mucho más interesadas en sus resultados.

Los dictadores emocionales no permiten que los demás castigan con dureza los errores que cometen otros, considerándose víctima de una ofensa sino se hace su voluntad. El autoengaño y la autojustificación son las características principales que mantienen y forman este tipo de personalidades.

“Cada emoción tiene su lugar, pero no debe interferir con la acción adecuada”

-Susan Oakey-Baker-

Las emociones en los dictadores emocionales

El dictador es un déspota, da órdenes y espera que éstas se cumplan inmediatamente. Da por sentado que su sistema no solo es el mejor, sino que es el único que goza de coherencia interna. Tiene una personalidad fuerte y es un gran controlador de los demás, es competitivo en todos los aspectos.

Le encantan los cumplidos y la charla banal, sobre todo si trata sobre él y sus cualidades. Es agresivo y mordaz cuando se le lleva la contraria, y siempre trata de intimidar psicológicamente a los demás. Entiende que mostrar su poder es una forma de control y de advertencia.

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Con todas estas “cualidades” emocionales, no es de extrañar que finalmente termine irritando a las personas que encuentra a su paso coaccionándolas con sus gritos, rabia y arrogancia. Es de vital importancia que estas personas potencien su inteligencia emocional. De esta manera podrán mejorar su capacidad de sentir, entender, controlar y modificar sus estados emocionales y comprender los de los demás.

“La inteligencia emocional representa el 80 por ciento del éxito en la vida”

– Daniel Goleman –

Clases de dictadores emocionales

Dentro de los dictadores emocionales encontramos varios tipos. Los hay que tienen como objetivo destruir la autoestima, crear dudas y empequeñecer a los demás para sentirse superiores. Otros utilizan el miedo para atemorizar y paralizar con el fin de convertirse en poderosos.

También están los que por celos o envidian manipulan estratégicamente hasta límites insospechados con tal de despojar al otro de sus recursos, criterio y estabilidad emocional. Exigen explicaciones sin cesar y demanda una confesión de disculpas. Los dictadores emocionales necesitan tener culpables para que sus emociones de frustración, rabia o ira tengan sentido.

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Son personas que no saben empatizar con otras, ya que hacer un esfuerzo por intentar comprender a los demás o ponerse en el lugar del otro les resulta muy difícil. Suelen centrarse en ellas mismas y en sus necesidades. Suelen tener expectativas muy rígidas de los demás y exigen unos principios y unas normas inflexibles que a menudo dan lugar a críticas destructivas.

Identificarlos es importante para nuestro bienestar emocional ya que interactuar con ellos puede causar diferentes problemas sociales, familiares o sentimentales. Si son personas cercanas a nosotros, podríamos recomendarles la psicoterapia para superar la frustración, la ira y la rabia que les hacen actuar de la manera que lo hacen.

El principio esencial del totalitarismo consiste en promulgar leyes que sean imposibles de obedecer.