Me gusta la gente auténtica, sin artificios

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 febrero, 2016
Sofia Alcausa Hidalgo · 20 noviembre, 2015

Me gusta  la gente auténtica, sin artificios. La gente que no se engaña a sí misma ni a los demás… también yo quiero ser así. Vivir permanentemente en la mentira, tan solo por el que dirán, no sirve más que para esclavizarnos. No sirve nada más que para dejar de ser felices y… la vida es tan corta que, ¿tiene sentido vivir la vida que quieren otros?

Pero también me gusta la gente auténtica que ayuda a las personas con su actitud respetuosa; sin mirarlos por encima del hombro, sin juzgarlos, sin murmurar a sus espaldas. Sin duda si cada uno de nosotros pusiera un poquito de su parte, el mundo sería mucho mejor en este sentido.

Ser auténticos es no esconderse del miedo

Me gusta la gente auténtica que ha aprendido a vivir sin miedos y a ponerse el mundo por montera, sin importarle lo que murmuren los vecinos a su espalda. Las personas que muestran sin problemas su condición sexual, sus limitaciones físicas o intelectuales etc.  Me gustan porque sin duda me transmiten que son felices y es una enseñanza de vida para mi.

Mujer haciendo magia

 

¿Y yo? yo… no soy más que alguien que reflexiona sobre una cuestión en la que también me habré equivocado muchas veces. No habré sido yo mismo, no habré sido auténtica en ocasiones y también habré juzgado a los demás, porque soy humana y también me equivoco.

Pero pienso que al menos ahora y en otros momentos, tengo la capacidad de reflexionar sobre mis errores, con los demás y conmigo misma. Sé que no debo esconderme, debo mostrarme tal y como soy.  El que me quiera así bien, no hay más.

“Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es”

-Jean Paul Sartre-

Ser auténticos es no juzgar

También he aprendido a corregirme, a decirme interiormente: no juzgues, deja al mundo correr, no mires a las personas de esta o aquella manera, trata a todo el mundo por igual.

Si alguien no te gusta, sé educado, correcto y deja que siga su camino. Intenta con tu actitud hacer de este mundo un mundo mejor, al menos en lo que está al alcance de tu mano, en los que a las relaciones y al respeto por los demás se refiere.

¿Cómo es una persona auténtica?

La gente auténtica considera que ser ellas mismas es el mejor regalo que pueden hacer a los demás y en definitiva, a ellas mismas. Algunas de las características que las define son:

  • No tienen miedo al que dirán. Hace mucho que se quitaron su absurda máscara.
  • Reconocen ante ellos mismos y ante los demás que no son perfectos.
  • Asumen que son vunerables, sin más.
  • No les importa que haya mucha gente que los pueda mirar mal.

“Las mentiras más devastadoras para nuestra autoestima no son tanto las que decimos como las que vivimos”

-Nathaniel Branden-

Mujer bailando en el campo

¿Cómo son las personas que juzgan a los demás?

Por el contrario, las personas que juzgan a los demás y están pendientes de cómo el resto de personas hacen, piensan o sientan sus vidas se caracterizan por:

  • No suelen mostrarse tal como son. Ellos no son auténticos. Creen que son perfectos y la imperfección es cosa de los demás.
  • No suelen estar contentas con su vida. Tratan de justificar su vida, criticando la de los demás.
  • No son nada críticas con ellas mismas. Algo así como “Ven la mota en el ojo ajeno y no la viga en el suyo”.
  • No tienen vida propia. No tienes intereses, actividades que los entretengas. Se aburren y su hobby es criticar a los demás.
  • Suelen ser envidiosas. Hablan de los demás, los critican porque en el fondo lo que tienen es envidia. Una envidia que no hace daño a los demás, sino a ellos mismos.

Dedicado con todo el respeto a esas personas que por un motivo u otro, por miedo al rechazo, miedo al que dirán, a represalias, aún no han podido mostrarse realmente como son. Solo cuando uno es uno mismo ante los demás y deja atrás esa vieja mochila que tanto pesa empieza a ver la vida con una felicidad que había perdido.