Nightcrawler, una película sobre la libertad y sus límites

Lou Bloom es un buscavidas que sueña con crear un negocio exitoso. Un día, por casualidad, encuentra uno, pero tendrá que saltarse muchos principios éticos. Nightcrawler es una inquietante historia que trata el debate de los límites de la libertad ciudadana.
Nightcrawler, una película sobre la libertad y sus límites
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 20 septiembre, 2022

Nightcrawler habla de un derecho fundamental del ser humano que no debe mezclarse con conceptos vacíos. La libertad no es una palabra amiga de la frivolidad, sino de la responsabilidad individual y social. Es responsabilidad de todos estar atentos para que los derechos fundamentales no sean vulnerados, teniendo en cuenta que ser libre a veces es controlarse, para después poder elegir mejor.

Dicho esto, entendemos la libertad como un derecho fundamental del ser humano basado en su capacidad natural para pensar y obrar según la propia voluntad y por el que es responsable de sus actos. La libertad puede hacer referencia a la facultad y el derecho de profesar cualquier religión; de manifestarse, defender y propagar las opiniones propias y de seguir una u otra tendencia sexual sin más limitaciones que el respeto a la libertad ajena.

Nightcrawler: un thriller absorbente

Analizando Nightcrawler, evaluamos los límites entre el poder de las instituciones y el ejercicio de libertad de los individuos que la conforman. Es interesante analizar cómo la práctica ilimitada por parte de individuos o instituciones puede tener consecuencias muy negativas para el conjunto de la sociedad.

El thriller de Dan Gilroy, Nightcrawler, trata sobre un hombre solitario llamado Lou Bloom que ambiciona dinero y poder. Su día a día consiste en deambular por las noches recogiendo algo de chatarra y cometiendo varios hurtos.

En un momento, mientras Lou conduce por una autopista, presencia un accidente de tráfico. Además de aparecer una ambulancia, un equipo de cámaras retrata la escena. Cuando terminan de rodar, cuentan lo fácil que es llevarse una comisión por rodar la escena más morbosa. Es ahí cuando Lou Bloom, un reverso insensible, pero igual de asocial que Travis Bickle (Taxi Driver), ve su oportunidad de oro para ascender y convertirse en el emprendedor que siempre ha soñado.

Se convierte entonces en un camarógrafo aficionado que aprovecha su ojo y su valor para crear una pequeña empresa exitosa, engañando, manipulando y explotando a todos los que se interponen en su camino.

Nightcrawler es una película sobre cómo los sociópatas son capaces de traspasar muchas líneas cuando sus intereses están en juego. Es una sátira mediática al estilo de Network y To Die For que lleva el eslogan “si sangra, lidera”.

La libertad, ¿es esto?

Los sistemas democráticos garantizan ciertas libertades individuales, como la libertad de expresión y de información. Sin embargo, toda libertad conlleva una responsabilidad. Nightcrawler propone una reflexión en torno a las consecuencias del uso perverso de los medios de comunicación y de cómo hay personas capaces de explotarlos en favor de su beneficio personal.

La historia de un sociópata que se legitima en el gran consumo televisivo

La palabra inglesa nightcrawler hace referencia a la persona que desarrolla gran parte de su actividad profesional por las noches, un término que define a la perfección al joven Lou. Bloom es un hombre aparentemente cortés, de un encanto superficial y sobreadaptado a las distintas situaciones sociales que se le presentan. Lou es un producto de la sociedad capitalista actual más extrema, un modelo socioeconómico que en cierta forma fomenta su comportamiento sociopático.

Aunque no ha recibido una educación convencional, ha absorbido toda clase de preceptos pseudofilosóficos y técnicas de autoayuda que le exhortan a emprender y perseverar hasta alcanzar el éxito a cualquier precio.

Sin embargo, lo que convierte a Lou en un ser temible y peligroso no es su conducta perturbada y sin límites, sino que esta se ve reforzada continuamente por el éxito laboral que va adquiriendo. Adulando a sus compañeros y llevando hasta el límite sus técnicas de filmación morbosa, Lou se eleva de patético deambulador nocturno a un exitoso empresario.

La película es una historia de inspiración para personas que buscan convertirse en multimillonarios y pioneros en la industria del entretenimiento o de cualquier otra índole.

¿Cuántos Lou Bloom tenemos en nuestras pantallas?

Aunque todo lo que sucede en Nightcrawler nos horroriza, tan solo se limita a contarnos la pasividad y parsimonia del trabajo detrás de las cámaras al tratar noticias de accidentes y asesinatos.

Vemos como el periodista menos sensacionalista y con un atisbo de decencia personal cae automáticamente en el cajón de los “trastos pesados” que es conveniente purgar para no perder la competitividad del negocio, entre imágenes morbosas, malintencionadas y falsas.

Sin embargo, cada día, como público, nosotros consumimos las noticias que Nightcrawler trae para nosotros a la mañana. Aún casi sin despertar, vemos noticias y tertulias sobre chicas muertas o ricos asaltados por una inmigración dispuesta a matarnos a todos, dando constantemente datos e imágenes morbosas y sensacionalistas.

Con mujeres vestidas de cocktail y hombres con chaqueta, vemos como se establece la doctrina moral, la falsa indignación y la más absoluta frivolidad a la hora de tratar todo tipo de temas. Se podría estar años consumiendo ese tipo de contenido y no aprender un dato importante o significativo para nuestras vidas.

Además de la creación de miedo y el tratamiento superficial de las noticias, los programas crean una rueda de contenidos sensacionalistas que afecta a las personas más vulnerables: ancianos con miedo, grupos de extranjeros criminalizados, etc. Dramas y tragedias personales que son aprovechadas, estrujadas y eliminadas a conveniencia de los datos de audiencia.

Bloom grabando

Nightcrawler y el deterioro de los medios de comunicación tradicionales

La proliferación de antenas y monitores ha conllevado el incremento de empresas productoras de contenidos e imágenes. Todas ellas tratan de alimentar esa señal que los consumidores exigen que permanezca activa día y noche. En su concepción original, los medios de comunicación debían informar a la ciudadanía cubiertos por un derecho fundamental, el de la libertad de expresión. Sin embargo, en la película, somos testigos de la perversión de este derecho; del todo vale por ganar espectadores sedientos de realidades extraordinarias, íntimas y crueles.

La directora de informativos Nina, a la que Lou vende su material, ejemplifica qué hay detrás de al menos una parte de la TV actual y de la línea editorial de otros medios que comparten contenidos por otros canales.

La principal prioridad es simplemente convertirse en negocios rentables, sustentados por los datos de audiencia que permitan sobrevivir en un contexto de feroz competencia. De hecho, Nina aplica una directriz desoladora, “la mejor forma que se me ocurre para que entiendas la esencia de lo que emitimos es que imagines nuestro telediario con una mujer corriendo con el cuello rajado”. Cuanto mayor es la alarma social en torno a la criminalidad de la ciudad, más interés muestra el público por este tipo de información.

De modo que para fomentar (o incluso provocar artificialmente) dicha alarma, Nina necesita ofrecer imágenes gráficas y explícitas. Amparados por la libertad de prensa y el derecho a la información, Nina y Lou comienzan a colaborar prácticamente en exclusiva para revelar los aspectos más violentos de la urbe y mantener a la población enganchada a su cadena.

Conclusión: Lou tiene una conducta sociópata, pero pasa por un hombre triunfador

El metraje termina con las palabras que Lou dirige a sus nuevos empleados “nunca os pediré que hagáis algo que yo no haría personalmente”. El protagonista está convencido de que la mayoría de los medios están legitimados si con ellos se pretende el éxito. Así, ¿por qué rechazar una propuesta triunfadora que va a dar dinero a todo el mundo? Ese es el verdadero drama de la película: en este sistema nadie está totalmente “libre de pecado”.

La policía no puede con un individuo que pone en marcha comportamientos manifiestamente dañinos, pero que no están tipificados. Al final del film, Lou mira directamente al objetivo de la cámara de interrogatorios, como podía estar mirándonos a nosotros, ocupando el centro de un encuadre prácticamente vacío, sabedor de que en realidad son él y su cámara los que tienen el control mientras haya espectadores observando al otro lado.

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  • Alcolea, F. R. (2004). Psicología y sociopatía según Michel Foucault. EduPsykhé: Revista de psicología y psicopedagogía3(1), 59-71.