No me dejes, por favor: el miedo al abandono en la pareja - La Mente es Maravillosa

No me dejes, por favor: el miedo al abandono en la pareja

Gema Sánchez Cuevas 22 enero, 2018 en Pareja 489 compartidos

Sentirnos seguros en cualquier ámbito de nuestra vida es fundamental para experimentar bienestar, pero sobre todo lo es en las relaciones de pareja. Si hay seguridad, la confianza y protección surgirán, pero si este sentimiento se ve amenazado por los fantasmas del pasado, los temores saldrán a escena. Entre ellos, el miedo al abandono.

La inseguridad provocada por el temor a ser abandonados puede minar una relación de pareja, sobre todo cuando es fruto de una infancia rota y silenciada. Sin querer, quien alberga este temor de manera obsesiva puede acabar provocando a través de sus conductas que el otro confirme lo que piensa o que la relación se vuelva tan destructiva que ambos miembros queden atrapados en una espiral de malestar y sufrimiento.

Tener miedo a que la relación no funcione de manera puntual es normal. Ahora bien, vivir en una continua situación de desconfianza e hipersensibilización al rechazo tan solo provoca malestar e inestabilidad. Veamos en mayor profundidad qué implica el temor a ser abandonados.

La importancia del vínculo de apego

Durante el primer año de vida establecemos un vínculo afectivo con nuestro principal cuidador, conocido como apego. A través de esta relación y del tipo de vínculo que construyamos, cada uno de nosotros adquirirá una serie de capacidades emocionales que pondremos en juego en nuestras futuras relaciones interpersonales.

El hecho de que el vínculo no se llegara a establecer o de que no cubriera nuestras necesidades físicas y emocionales puede haber condicionado que creciéramos sintiéndonos desprotegidos, inseguros y desconfiados. Esta es una de las causas que se establecen desde la teoría del apego para explicar el profundo sentimiento de abandono que experimentan muchas personas aunque estén rodeadas de otras que les quieren. Pongamos un ejemplo para entenderlo.

Niña llorando

Un bebé tiene hambre porque lleva varias horas sin comer. Siente una gran activación de su cuerpo y las únicas conductas que manifiesta son llorar y agitarse. Su madre, como figura principal de cuidado en este caso, capta las señales que emite e interpreta que tiene hambre. ¿Por qué? Porque ha aprendido a detectar sus necesidades físicas y emocionales y a calmarlas, relacionándose con él. Así, restablecerá su equilibrio fisiológico y emocional.

Si el bebé vive reiteradamente este tipo de experiencias acabará por ir a buscar la proximidad física con su madre con la confianza de ser calmado y recuperar el equilibrio. Más adelante en el desarrollo, el niño será capaz de soportar un malestar con solo ver a su madre acercarse o decirle “Ahora voy”. Por último, cuando le ocurra algo en la etapa adulta, se calmará pensando que en unas horas se encontrará con un familiar, su pareja o algún amigo. Su cerebro ha aprendido que puede ser calmado y que es una sensación permanente.

Ahora bien, si el cerebro infantil nunca ha experimentado esa sensación de calma o la creencia de que después de un malestar puede aparecer un estado de tranquilidad, el cerebro adulto tampoco lo hará. No se sentirá en confianza en una relación íntima o de pareja porque no lo ha aprendido.

Además, la ausencia de contacto y la falta de cuidados desembocan en una mayor producción de adrenalina en el cerebro, lo cual predispone a comportamientos más agresivos e impulsivos y a una gran dificultad en la gestión emocional.

El rastro de la herida emocional del abandono en la pareja

Como vemos, hay heridas, como el sentimiento de abandono, que aunque no las veamos, quedan arraigadas en lo más profundo de nosotros y son capaces de condicionar buena parte de nuestra vida. Situaciones vividas en la infancia que dejan su huella y son capaces de desgarrarnos por dentro, sin darnos cuenta.

Bowlby estableció que los lazos afectivos formados en la niñez persisten en forma de modelos en el mundo representacional del adulto. Afirmación con la que coinciden Hazan y Shaver a través de sus investigaciones. En ellas mostraron que el comportamiento adulto en las relaciones de pareja se encuentra moldeado por las representaciones mentales originadas en la relación entre el niño y su cuidador principal.

Así, el miedo al abandono en las relaciones de pareja tiene sus raíces en la infancia. Son los fantasmas del pasado que vuelven, junto a la inseguridad, para recordar que no se es digno de recibir amor ni un buen trato. Generalmente aparecen porque el cerebro recibe una señal de alarma.

Una palabra, un lugar, un comportamiento o un recuerdo son suficientes para activar la situación de emergencia en la persona que nunca llegó a sentirse del todo segura. A partir de ahí, un cúmulo de emociones y comportamientos comienzan a suceder: inestabilidad, apatía, tristeza…

Pareja abrazada

Por otro lado, la persona que experimenta miedo al abandono suele desarrollar dependencia emocional hacia el otro, necesitando su aprobación con frecuencia. De ahí que, aunque la relación sea tóxica, sea incapaz de poner fin o distanciarse. Es como si no fuera nadie sin el otro y para mantenerlo es capaz de hacer cualquier cosa. Todo, menos reabrir sus viejas heridas.

En algunos casos, el miedo al abandono genera una especie de adicción a la no valoración y al autodesprecio. La persona, al no sentirse en ningún momento querida ni segura, necesita confirmar que ese identidad sigue ahí. Razón por la que si encuentra protección y seguridad, acaba por despreciarla o no creérselo. Su realidad está formada por el rastro profundo de un estrés postraumático no gestionado.

Sanar el miedo al abandono

El miedo al abandono es una herida emocional muy profunda, arraigada en la infancia. Sanar esta herida conlleva aceptar y perdonar el pasado para dejarlo ir. Una tarea compleja, sobre todo si la persona no es consciente de cómo está condicionada por su experiencia previa o si sus defensas, que se han construido como protección, son demasiado impermeables. De hecho, en los casos más complejos es conveniente acudir a un profesional que ayude, especialmente con los primeros pasos.

Otro aspecto a tener en cuenta para trabajar es la autoestima. Suele estar agrietada, incluso rota. En este sentido, aprender a valorarse es primordial para romper con la trampa de la dependencia emocional. Además, con una buena autoestima será mucho más sencillo gestionar las emociones y los pensamientos anclados en la experiencia pasada.

  • Las emociones como la ira, el resentimiento, el temor o la tristeza son muy comunes en las personas que tienen miedo a ser abandonadas. Aprender a disminuir su intensidad, a descifrar lo que realmente quieren decir y a transformarlo para reinventarse es fundamental.
  • Las suposiciones y expectativas negativas son también elementos a tener en cuenta. La mayoría de las veces es el pensamiento el que da poder a nuestros miedos, haciéndolos más grandes. Si tenemos miedo a que nos dejen, estaremos más pendientes de los comportamientos y las palabras de nuestra pareja e incluso, los malinterpretaremos para que confirmen aquello que tememos.

Corazón de papel en la mano representando el amor

Como vemos, sanar el miedo al abandono implica reconstruirnos. Un proceso que requiere de tiempo y sobre todo de aprender a priorizarse y a destapar los miedos. Sin olvidarnos de que en muchas ocasiones, lo que creemos que ocurre fuera no es más que la proyección de las huellas de aquello que nos rompe por dentro.

Gema Sánchez Cuevas

Psicóloga, docente, editora y redactora. Mi pasión es la psicología, mi motor la curiosidad y mi arma la escritura. Todos tenemos recursos para el cambio, ¿comenzamos a buscarlos?

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