La obsesión por la justicia: otra cara del victimismo

¿Qué se esconde detrás de la obsesión con la justicia? ¿Qué pasa con aquellas personas que la convierten en el único motor de su vida? ¡En este artículo te lo contamos!
La obsesión por la justicia: otra cara del victimismo
Sergio De Dios González

Revisado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 28 octubre, 2022

La obsesión por la justicia, como cualquier otra obsesión, es más un componente neurótico que una actitud razonable. Por supuesto, la mayoría deseamos que cada ser humano reciba lo que merece. Sin embargo, cuando alguien se centra demasiado en ese objetivo, es posible que se convierta más en un problema que en una virtud.

En algunos casos, esa obsesión por la justicia es solo una faceta más del victimismo. Este último es una actitud caracterizada por la idea irreal de que una persona está siendo objeto de daño o abuso en forma constante. A veces, esa idea está presente también en un grupo. A diferencia de una víctima auténtica, en este caso hay una exageración o simulación del daño recibido.

La obsesión por la justicia y el victimismo  suelen ir de la mano. Casi siempre se trata de una postura inconsciente. La persona que adopta esta actitud se niega a valorar las situaciones de forma objetiva y, en cambio, se explica y argumenta que es objeto de un daño real, que este es culpa de un factor externo y que la salida estaría en cambiar ese factor, sin que realmente se emprendan acciones para lograrlo.

Haz justicia con alguien y acabarás por amarlo. Pero si eres injusto con él, acabarás por odiarlo”.

-John Ruskin-

Amigas discutiendo
Quien tiene obsesión por la justicia a menudo se niega a valorar las situaciones desde una perspectiva objetiva.

Profesión: víctima

Lo primero que llama la atención en las personas que sienten obsesión por la justicia es la premisa de que se encuentran en una posición de inferioridad o vulnerabilidad. No se trata de un complejo de inferioridad como tal, sino de una convicción de base sobre la cual se edifica el discurso justiciero. Es más una construcción mental que existencial.

Un elemento importante es que esa condición de vulnerabilidad o inferioridad suele exagerarse o extenderse a aspectos en los que no es aplicable ese criterio. Por ejemplo, cuando alguien no dispone de vehículo propio y entiende que es una dificultad para llegar a tiempo a sus compromisos. También podría extender esa idea y llegar a afirmar que no es suficientemente productivo por esto.

La clave está en el hecho de que esta convicción se convierte en un elemento sobre el que se hace excesivo hincapié e incluso llega a convertirse en la fórmula mágica que explica todos los problemas o contratiempos. Lo usual es que este tipo de lógica esté presente no en uno, sino en varios aspectos de la vida de forma simultánea.

La obsesión por la justicia

Cuando una persona está invadida por este tipo de mentalidad, suele aplicar el mismo esquema de pensamiento a diferentes ámbitos de su vida. Siempre hay algo o alguien que tiene la culpa  de su desdicha o de sus problemas. Si no tiene pareja, es porque los potenciales candidatos a serlo no saben valorarle. Si sus relaciones familiares son difíciles, se debe a la absoluta falta de empatía de sus parientes. Si no consigue trabajo, es responsabilidad del maldito sistema.

Todo ello en conjunto constituye el caldo de cultivo para que se forme y se nutra la obsesión por la justicia. Esta vendría a ser una postura aparentemente contestataria en la que se busca o se exige un cambio en otros  o en el mundo en general. Se parte de la base de que si lo demás se transforma, terminarán los problemas que se tienen.

Además de lo anterior, se construye una argumentación en la que esos factores problemáticos del entorno no son fruto de un error o de una falencia, sino el resultado de una voluntad de dañar. Si tan solo la empresa le diera un automóvil, no tendrían queja de sus resultados. O si la familia tuviera un poco más de empatía con él o ella, nunca le darían motivo para iniciar discusiones. Pero no: la empresa es tacaña y la familia egoísta. Habría un largo etcétera para poner como ejemplo.

Chico hablando a chica
El victimismo escapa de cualquier responsabilidad, de ahí que las personas que lo practiquen echen balones fuera sobre todo lo que les sucede.

Un círculo vicioso y trágico

Las personas que tienen obsesión por la justicia suelen tornarse muy injustas con los demás, e incluso consigo mismos. Esa es precisamente una de las trampas del victimismo: alimentar la idea de que la supuesta posición de inferioridad o vulnerabilidad justifica el derecho a juzgar a otros con dureza.

Estos justicieros de oficio suelen ser buenas personas que terminan atrapadas en su propia ficción psicológica. Se sienten, en efecto, vulnerables, pero quizás no por las razones que esgrimen. Es posible que sus inseguridades y el sentimiento de frustración por sus propósitos truncados o fallidos les estén jugando una mala pasada.

Es cierto que la injusticia existe, y es algo muy real. También lo es que en muchos casos es intolerable, y es un deber luchar contra ella. Sin embargo, siempre es bueno revisar con cabeza fría estas situaciones.

¿De verdad no tener ciertas ventajas debe abordarse como un hecho injusto, o es más bien un pretexto? ¿En serio, carecer de algo o enfrentar determinados problemas es una desventaja o más bien un desafío que podría inspirar a cambios positivos? Quienes sienten obsesión por la justicia deberían pensar en esas preguntas y responderlas siendo francos consigo mismos.

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  • Javaloy, F. (1983). Psicología del fanatismo. Universitat de Barcelona.

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