Olvidos y deterioro de la memoria ¿Cuándo preocuparse?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 agosto, 2018
Claudio Navarro · 5 noviembre, 2013

Olvidarse de algunas cosas es normal y a todos nos pasa. Ahora bien, a medida que entramos en la madurez avanzada, los problemas de la memoria pueden volverse un poco más preocupantes. A pesar de que el deterioro cognitivo es una parte más del propio envejecimiento, en ocasiones determinados indicios pueden darnos pistas de otros problemas subyacentes.

El olvido, tan común y cotidiano, es la vez que un signo del buen funcionamiento de nuestra memoria. Puede que este dato nos llame la atención sin embargo, no podemos dejar de lado el símil que tiene este órgano fantástico con un ordenador. El ser humano necesita “olvidar” para dar lugar a nuevos recuerdos. Es decir, nuestro procesos cognitivos deben reiniciarse, limpiarse y hasta borrar determinadas cosas para dejar espacio a otras informaciones.

“El amor nace del recuerdo y muere con el olvido”.

-Ramón Llull-

Ahora bien, en ocasiones el olvido deja de ser un mecanismo de optimización cerebral para dar pistas de un claro deterioro cognitivo. Hay veces en que la memoria de una persona evidencia fallos que no entran dentro de lo esperable ni lo normal. El alzhéimer y otros tipos de demencias o los problemas vasculares pueden estar detrás de estas anomalías cognitivas.

Así, en este artículo vamos a analizar la diferencia entre el olvido normal, cotidiano, y la pérdida de memoria que aparece en los primeros estadios de algunas enfermedades mentales.

 

Árboles simbolizando deterioro de la memoria

¿Por qué pierdo la memoria?

Los olvidos son normalmente fruto de la vida cotidiana. Nuestra memoria trabaja siempre, pero también acaba acomodándose a la rutina que domina nuestras vidas. En el momento en que la rutina cambia, los conocimientos nuevos hacen que los conocimientos más antiguos sean tenidos menos en cuenta por el cerebro.

La compra semanal es buena prueba de ello: si cambiamos de productos e incorporamos nuevos, aquellos otros que usualmente comprábamos antes, son desechados por nuestra memoria a corto plazo. Y así, nos suele suceder que nos olvidamos de ingredientes que eran y continúan siendo esenciales.

El cerebro es realmente una maravilla, lo sabemos. Sin embargo no es una biblioteca con estanterías eternas capaces de albergar información infinita. En otras palabras, nuestra memoria es limitada y necesitamos agilidad, ahorrar recursos para poder reaccionar de forma rápida ante los eventos cotidianos de la vida. Nos centramos más en aquello que es significativo, en lo que es nuevo, en lo que nos motiva…

No recordar una cara, un nombre o comprar algo representa un olvido corriente, pero si se me olvida hacer toda la compra, entonces es muy probable que podamos comenzar a hablar de pérdida de memoria.

Qué es la pérdida de memoria y por qué ocurre

Este dato es interesante. Cuando olvidamos algo no significa que ese dato, ese nombre o esa información se haya “desvanecido” de nuestra mente. Significa que nuestro cerebro “no encuentra el camino” hasta ese recuerdo en concreto. De ese modo, es importante señalar que hay olvidos normales, los causados por el simple estrés, y olvidos “patológicos”o amnesias. Estos últimos ya se asocian a determinados trastornos como posibles demencias, etc.

Veamos ahora cuáles son las causas más comunes asociadas a la pérdida de la memoria.

Problemas de salud

La pérdida de memoria asociada a la salud puede ser tratada y es reversible.  Los más comunes son los siguientes:

  • Déficit en la alimentación: carencia de vitaminas B6, B9 y B12.
  • Menopausia.
  • Abuso de drogas o alcohol.
  • Enfermedades como la hipertensión.
  • Colesterol elevado.
  • Algunas afecciones hepáticas.
  • Trastornos de la glándula tiroides.

Problemas emocionales

  • Factores como la ansiedad, el estrés o incluso la presencia de una depresión determinan a menudo esos fallos cognitivos. Esos olvidos se producen porque centramos nuestra atención en estímulos amenazantes. Toda nuestra atención se centra en esos focos y nos es muy difícil asentar nuevas informaciones. Así, se sabe por ejemplo que condiciones como el trastorno de estrés postraumático y del trastorno obsesivo compulsivo conforman realidades muy desgastantes donde son frecuentes esos fallos de memoria.

Pérdida de memoria por la edad y el envejecimiento normal

  • Lo señalábamos al inicio. El deterioro cognitivo es un factor común del propio envejecimiento. Entre los 60 y los 70 años es habitual empezar a evidenciar pequeños fallos, olvidos, problemas de concentración, etc. En estos casos no hay nada patológico, sin embargo, es conveniente hacer seguimientos e intentar mantener un cerebro activo y curioso.

Pérdidas de memoria asociadas a demencias

Entre las demencias más comunes está sin duda el alzhéimer. Esta triste enfermedad se asocia a unas proteínas llamadas “beta-amiloide” que acumulan placas seniles en nuestras neuronas. Poco a poco, estas dejan de comunicarse entre ellas y se evidencia un , deterioro progresivo y grave. Hay problemas de orientación, cambios de humor, incapacidad de llevar a cabo tareas normales…

¿Cuándo debo comenzar a preocuparme?

A continuación, detallamos la sintomatología que puede ser motivo de alarma:

  • No ser capaz de resolver problemas o tomar decisiones que normalmente hacíamos.
  • Perder objetos de forma constante.
  • No poder encontrar las palabras adecuadas para expresar algo.
  • Hacer las mismas preguntas en una misma conversación.
  • Experimentar confusión. El ejemplo característico es el de una persona jubilada desde mucho tiempo atrás, que de repente comienza a vestirse por la mañana para ir a su trabajo.
  •  Cambiar bruscamente de temperamento y personalidad.
  • Desorientarse y perderse en escenarios conocidos.
  • Problemas para seguir instrucciones.
  • No recordar nada de lugares o acciones realizadas poco tiempo antes. Especialmente si estas acciones han requerido una buena demanda de atención.
  • Incapacidad para aprender términos nuevos.
  • Problemas para leer o escribir.
  • Tener dificultad para realizar tareas con las que anteriormente estábamos ampliamente familiarizados.

La clave está en la memoria a corto plazo ¡Hay que cuidarse!

Tal y como podemos deducir, es la memoria a corto plazo la clave para diferenciar entre el olvido, la pérdida de memoria y enfermedades cognitivas degenerativas como el alzheimer.

Si percibimos varios de los fallos antes mencionados, es recomendable acudir a nuestro médico. Lo más probable es que se deba a problemas puntuales de estrés, ansiedad o algún déficit vitamínico. No cuesta nada recibir un diagnóstico, quedarnos más tranquilos y poner en marcha nuevos recursos para optimizar la memoria.

Así, si hoy se te olvidó comprar la leche, trata de hacer más ejercicio físico para oxigenar bien tu cerebro (al menos 30 minutos diarios). También puedes hacer alguna actividad que estimule el cerebro como lectura, jugar al ajedrez, resolver crucigramas, hacer cuentas mentales, etc.

Pero ten en cuenta algo sumamente importante: si puedes, intenta disminuir el estrés de tu vida cotidiana. Todas estas claves te ayudarán a mantener tu cerebro activo y tu memoria “fresca”.

mujer con nubes representando la memoria del hipocampo

Olvidos normales y olvidos patológicos

Para resumir, hay ciertos olvidos que pueden ser catalogados como “normales” (por ejemplo, en qué lugar dejamos las llaves o un documento) y que pueden estar originados por el apuro, la vida agitada que llevamos con las preocupaciones características, la distracción o el cansancio. Este tipo de olvidos, por lo general, no revisten gravedad y, por ende, no deben ser motivo de preocupación.

Por el contrario, existen otra clase de situaciones a las que sí debemos prestar atención y no pasar por alto. Son los olvidos “patológicos”. Son esos en que comenzamos a notar que no somos capaces de recordar qué hemos desayunado hoy, qué libro estamos leyendo, o cómo se vuelve desde nuestra panadería habitual hasta nuestra casa.

Es muy importante aclarar que no todos los casos de pérdida de memoria implican que se va a desarrollar alzheimer o alguna otra enfermedad de la misma naturaleza.

Si comenzamos a notar con frecuencia este tipo de síntomas en nosotros o en un familiar, lo mejor es acudir al especialista para determinar si estamos ante un proceso degenerativo en estado temprano o si simplemente se trata de una pérdida de memoria de la que podemos recuperarnos a través de las terapias adecuadas.