Reactancia psicológica: la rebeldía emocional que hay en ti

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 30 abril, 2018
Valeria Sabater · 30 abril, 2018

La reactancia psicológica es la experiencia emocional que la mayoría experimentamos cuando vemos vulnerada nuestra libertad o capacidad de respuesta. Surge como una fuerza interior que busca resarcirse de esa barrera impuesta, de esa realidad que uno concibe como injusta, de esa limitación que nos enerva cada vez que alguien nos indica qué es lo que no debemos hacer.

Esta dimensión psicológica tan interesante fue enunciada por los psicólogos Sharon Brehn y Jack Williams Brehm a mediados de los años 60. Ha pasado ya bastante tiempo, pero los expertos en el comportamiento infantil, por ejemplo, siguen asumiendo esta teoría como una auténtica piedra angular. De este modo, pudo entenderse mucho mejor ese fenómeno que muchos padres definen como “los terribles dos años”.

“La obediencia voluntaria siempre es mejor que la forzada”.

-Jenofonte-

A los 24 meses, los niños ya están desarrollando su sentido de identidad. En este periodo clave de su ciclo vital se ven a sí mismos como seres independientes con pleno derecho a realizar elecciones. Son ya esas personitas que, para desesperación de sus progenitores, disfrutan explorando las opciones que más les convienen en cada momento. Más aún, si hay algo que les define a esta edad es la reactancia psicológica: reaccionarán de forma contundente ante cualquier negativa o imposición externa.

Así, un fenómeno más que curioso que produce la reactancia psicológica es el siguiente: se infravalora todo aquello que sí está permitido y se sobrevalora todo lo prohibido. Y algo que debemos tener en cuenta, además, es que este fenómeno psicológico no define solo a los niños de dos años. Estamos ante una dimensión emocional cargada de rebeldía que se mantiene muy activa en el cerebro del adulto.

persona que reacciona con reactancia psicológica

Reactancia psicológica: prohibido prohibir

Pensemos en ello durante un momento. Recordemos esa sensación que experimentamos cuando nos encontramos una señal de prohibición mientras conducimos. Evoquemos ese malestar cuando nuestro jefe o cualquier otra figura de autoridad en determinados contextos, nos indica que “no hagamos esto o lo otro”. Pensemos en esa sensación cuando al preparar un trabajo de investigación, por ejemplo, se nos prohíbe el acceso a ciertos archivos o contenidos.

Ya no somos un niño de dos años desafiando a sus padres. Tampoco somos un adolescente luchando ante un imperioso deseo de individualidad. Ser adulto implica también lidiar muy a menudo ante las prohibiciones, ante esos escenarios donde se merman nuestras libertades en mayor o menor medida. La reactancia psicológica, por tanto, siempre está ahí, latente, despierta y generando en nosotros efectos conductuales, afectivos y cognitivos.

Por otro lado, el psicólogo social Jonathan Haidt, nos explica algo más que interesante en su libro “The Righteous Mind”. Según él, las personas venimos al mundo con una predisposición natural para reaccionar ante toda coacción de nuestras libertades. Ello no significa que el ser humano se lance a luchar físicamente ante todas esas prohibiciones que nos encontramos a diario… Lo que experimentamos es malestar emocional. Una callada frustración e indignación que casi siempre nos guardamos para nosotros mismos.

Asimismo, el doctor Haidt nos indica también que la reactancia psicológica tendría una justificación evolutiva. Este fenómeno se desarrolló en nosotros (según esta hipótesis) como mecanismo para defendernos de los machos alfa. Es decir, esa emoción de malestar les permitió quizá a nuestros antepasados desautorizar a ciertas figuras de poder para buscar otros líderes que pudieran ayudar al grupo a sobrevivir con mayor efectividad. Un dato quizá polémico pero no exento de interés.

La reactancia psicológica nos define más de lo que creemos

La reactancia psicológica, lo creamos o no, está presente en muchas situaciones que vivimos a diario. Puede, por ejemplo, que ese incómodo compañero de trabajo con quien tan poca afinidad tenemos, nos ordene que hagamos cierta cosa. Esa tarea ya teníamos prevista hacerla en otro momento, pero ante su demanda, ante su imposición, puede que optemos por no hacerla. Porque su “orden”, su demanda nos genera reactancia, rebeldía emocional.

Asimismo, quienes son unos grandes expertos en reactancia psicológica son sin duda las empresas de marketing y publicidad. A menudo, en los folletos que nos envían de las tiendas y supermercados aparece el eslogan de “últimas unidades”. Lo que experimenta nuestro cerebro al leer esto es el deseo de acudir a esa superficie para comprar ese producto. ¿La razón? Cuando las oportunidades de tener o hacer algo dejan de estar disponibles, perdemos libertades. Y algo así no nos agrada.

hombre con casa de pájaros en la cabeza simbolizando la reactancia psicológica

La reactancia psicológica domina gran parte de nuestro comportamiento. Así, cuando más complicada de conseguir es una cosa, más grande es nuestro deseo. Cuando más nos prohíben el acceso a cierta información más elevado es el interés sobre esos datos y más importancia les damos, aunque al final, lo descubierto se quede en nada.

Martin Seligman, pionero de la psicología positiva pero experto también en temas como la indefensión aprendida, ha visto siempre en este tema un campo de inmenso interés. Para él la reactancia psicológica es ante todo una teoría de la motivación humana. Cuando nos prohíben algo o cuando percibimos que se limita nuestra libertad se genera siempre una sensación, un impulso interno. Hay en como una fuerza energizante que nos orienta hacia un determinado comportamiento.

Ahora bien, a pesar de percibir esas ganas por “hacer algo”, la mayor parte de las veces no reaccionamos. Existe una especie de impotencia aprendida en nosotros porque entendemos que no siempre es posible restaurar la libertad perdida. Saltarse las prohibiciones, tiene un castigo. Decirle a nuestro jefe que se apañe solo, por ejemplo, carece de sentido si deseamos mantener el trabajo.

A pesar de todo, la reactancia psicológica siempre pervivirá en nosotros. Latente y alerta. Cuando valoremos que es imperante reaccionar, seguramente lo haremos. Mientras tanto nos ajustaremos a las normas sociales.