Técnicas psicológicas para aumentar conductas

La modificación de conducta comprende a un conjunto de técnicas que buscan precisamente un cambio contractual poniendo un énfasis especial en el refuerzo. En este artículo te hablamos de las más importantes.
Técnicas psicológicas para aumentar conductas
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 29 agosto, 2022

Las técnicas psicológicas para aumentar conductas están basadas en la modificación de conducta, una orientación teórica y metodológica dirigida a la intervención. Basándose en los conocimientos de la psicología experimental, la modificación de conducta considera que las conductas normales y anormales están regidas por los mismos principios.

La modificación de conducta utiliza procedimientos y técnicas que somete a evaluación objetiva y verificación empírica, para disminuir o eliminar conductas desadaptativas e instaurar o incrementar conductas que sí lo son. No solo se centra en conductas observables, sino también en aspectos cognitivos y procesos básicos implicados en su origen, desarrollo, mantenimiento y cambio.

Las técnicas de modificación de conducta se pueden clasificar en tres grupos:

  • Técnicas para implantar una conducta.
  • Técnicas para aumentar una conducta.
  • Técnicas para reducir una conducta.

Nos centraremos en este artículo en técnicas psicológicas para aumentar conductas.

Como técnicas psicológicas para aumentar conductas podemos utilizar el reforzamiento, los contratos de contingencia y la economía de fichas.

Psicóloga hablando con paciente

Técnicas de reforzamiento positivo y negativo

Los programas de reforzamiento son útiles para aumentar o fortalecer conductas que ya existen en la persona. Al establecer cualquier programa de reforzamiento, es muy importante tener en cuenta las siguientes sugerencias para que el programa funcione mejor (Labrado, 2008):

  • Presentar al sujeto los objetivos, los procedimientos y los beneficios del cambio conductual.
  • Obtener la línea base de la conducta objetivo.
  • Identificar los reforzadores eficaces para ese sujeto concreto.
  • Clarificar la conducta y la relación entre ella y el reforzador.
  • Proporcionar los reforzadores de forma inmediata y contingente con la conducta.
  • Emplear diversos reforzadores para evitar que pierdan su potencia reforzadora.
  • Usar reforzadores generalizados y señales de logro de rendimiento.
  • Controlar las fuentes de reforzamiento y la posible presencia de contingencias competidoras.
  • Reforzar la conducta continuamente hasta llegar a una frecuencia óptima de emisión de esta.
  • Dar valor a los reforzadores intrínsecos.
  • Pasar, gradualmente, a un reforzamiento intermitente, con tasas de reforzamiento cada vez más bajas.

Reforzamiento positivo

Un reforzador positivo es un estímulo cuya presentación contingente a una conducta da lugar a un aumento o mantenimiento de esta. El término contingencia hace referencia a la relación de dependencia entre una conducta y los estímulos que la preceden y/o la siguen.

El principio rector de este tipo de refuerzo establece que, si un sujeto hace algo que se sigue de un reforzador positivo, entonces es más probable que ese sujeto haga la misma cosa de nuevo cuando se encuentre en una situación similar (Olivares y Méndez, 2014).

Reforzamiento negativo

El reforzamiento negativo consiste en retirar o reducir un supuesto estímulo aversivo o prevenir la pérdida de un reforzador positivo contingentemente a una conducta. El objetivo será el de incrementarla o mantenerla.

El reforzamiento negativo es, pues, un procedimiento que se emplea para aumentar conductas. A diferencia del reforzamiento anterior, en este las conductas se incrementan solo si posibilitan la desaparición de un estímulo aversivo. Así, para usar el reforzamiento negativo debe estar presente un estímulo aversivo.

Para realizar un uso efectivo del refuerzo negativo, los estímulos aversivos deberán eliminarse inmediatamente después de cada ocurrencia de la conducta. También hay que asegurarse de que el estímulo sea realmente aversivo para el individuo, ya que lo que puede ser aversivo para alguien para otra persona puede ser agradable (Olivares y Méndez, 2014).

Pueden distinguirse dos clases de reforzamiento negativo: escape y evitación.

  • Escape. Consiste en retirar o reducir un supuesto estímulo aversivo o terminar la pérdida de un supuesto reforzador positivo contingentemente a una conducta.
  • Evitación. Consiste en presentar un supuesto estímulo aversivo o retirar un supuesto reforzador positivo contingentemente a la no emisión de una conducta. Así pues, esta aumenta o se mantiene debido a que previene o pospone contingentemente la aparición de un estímulo aversivo o la pérdida de un reforzador positivo.

Contratos de contingencia

El contrato de contingencia es un contrato o acuerdo entre dos o más partes, que establecen las responsabilidades de cada una en relación con un determinado objeto o actividad. Cuando se materializa un contrato, aumenta el nivel de compromiso personal. El acto de firmarlo o que otras personas sepan de ese compromiso pueden tener que ver con esto.

Por ejemplo, se sabe que cuando se pretende dejar de fumar, el hecho de transmitírselo a personas conocidas (y más aún, si estas alientan o promueven estos cambios) se convierte en una variable importante para la consecución de estos comportamientos (Barraca, 2014).

Características del contrato de contingencia:

  • Otorgar recompensas por aproximaciones de la conducta deseada.
  • Las recompensas deben ser frecuentes, pero en pequeñas cantidades.
  • El contrato debe exigir y recompensar logros.
  • El contrato debe ser justo para ambas personas.
  • Los términos en los que se establece deben ser claros.
  • El contrato debe ser negociado y acordado libremente entre las partes.
  • Debe especificar la conducta deseada y la recompensa esperada.
  • El reforzador debe proporcionarse según los términos del contrato.

Tipos de contrato de contingencia

Hay casos en que la presencia de la conducta inadecuada se da básicamente en una de las partes, pero hay muchos en los que las conductas problemáticas se dan en ambas partes.

En tales casos, se han utilizado dos tipos de contratos: contratos “quid pro quo” y contratos paralelos o de buena fe.

  • Contratos “quid pro quo” o de intercambio. Una de las partes acuerda hacer algo a cambio de un determinado cambio en la conducta de la otra parte. Por ejemplo, un marido puede hacer la cena con su mujer si esta habla con él 20 minutos diarios acerca de las cosas de su trabajo.
  • Contratos paralelos o de buena fe. El cambio de la conducta objetivo de un cliente tiene consecuencias independientes del cambio de la conducta objetivo del otro. Este tipo de contrato elimina el problema de quién debe comenzar a cambiar primero. Permite el reforzamiento del cambio de conducta para la parte que cumple, aunque la otra parte no cumpla. Faltan pruebas sobre cuál de los dos tipos de contrato es más eficaz.

Economía de fichas

Otra de las técnicas psicológicas para aumentar conductas es la economía de fichas. Consiste básicamente en entregar fichas (puntos, vales, marcas, estrellas, etc.) contingentemente a realizar o no realizar determinadas conductas. Tales fichas puedan ser cambiadas por una variedad de bienes, actividades y privilegios (reforzadores de apoyo).

Ventajas. Las fichas pueden administrarse inmediatamente y no suele interferir con la emisión de la conducta deseada. Establecen el puente entre las conductas deseadas y la entrega de los reforzadores de apoyo. Están poco sujetas a efectos de saciedad y su número proporciona una muestra visible (retroalimentación) de la mejora conseguida.

Otra ventaja es que las fichas que se emparejan con muchos tipos distintos de reforzadores de apoyo se convierten en reforzadores condicionados generalizados, y por eso su fuerza no depende de una operación de motivación específica (Martin y Pear, 2008).

Limitaciones. El procedimiento puede llegar a ser bastante complejo. Las fichas tangibles pueden robarse, falsificarse o prestarse. Los compañeros de grupo de una persona pueden negarse a trabajar si no son incluidos en el programa, etc.

Niño mirando puntos en el calendario

Propiedades de las fichas

Pueden seleccionarse como fichas: fichas de plástico, puntos, vales, estrellas, etc. Una buena ficha debería tener las siguientes propiedades:

  • Poder entender su valor fácilmente.
  • Ser fácil de entregar.
  • Ser fácil de llevar.
  • Poder ser identificada como propiedad de quien la recibe (para evitar el “mercado negro” de fichas en grupo).
  • Requerir una mínima contabilidad por parte de quien las entrega.
  • Ser lo menos distractora posible. Los puntos o puntuaciones son las que mejor cumplen estas condiciones. Por ello, con personas que entiendan su significado, es mejor utilizar puntos que fichas tangibles a no ser que estas últimas sean más motivadoras para ellos.

La persona aprende el valor de las fichas mediante explicaciones verbales. El objetivo es que las conductas se mantengan mediante los reforzadores naturales del entorno y/o por reforzadores intrínsecos.

Para conseguir esto, la economía de fichas puede combinarse con otras técnicas como el entrenamiento en habilidades sociales o la resolución de problemas.

Pasos

En su libro, Martin y Pear (2008) enumeran los siguientes pasos iniciales en el establecimiento de un programa de economía de fichas:

  1. Decisiones sobre los objetivos conductuales: las conductas meta se decidirán fundamentalmente de acuerdo con el tipo de personas con que se está trabajando, atendiendo a los objetivos que se persiguen a corto y largo plazo, y de acuerdo con los problemas conductuales específicos que interfieren con la consecución de estos objetivos.
  2. El registro de las líneas de base: se debe obtener los datos de la línea de base correspondientes a las actividades que se pretenden intervenir. Podría darse el caso de que los clientes ya estén
    rindiendo a un nivel satisfactorio y que los beneficios potenciales de iniciar un programa de economía de fichas no justifiquen el tiempo, esfuerzo y coste que acarrearían.
  3. La elección de los reforzadores de apoyo: hay que tener en cuenta que un sistema de fichas permite, por lo general, aumentar la variedad de reforzadores ofertables, ya que no tienen que limitarse a aquellos que puedan entregarse inmediatamente después de la respuesta deseada.
  4. Elección del tipo de fichas: las fichas dependen del tipo de usuarios con que se esté trabajando. En general, las fichas deberán ser atractivas, ligeras, transportables, perdurables, fáciles de manejar y por supuesto, difíciles de falsificar.
  5. Identificación de ayuda disponible: la ayuda de otras personas no es indispensable para el funcionamiento de una economía de fichas pequeña en un aula, pero es deseable, especialmente en las etapas iniciales del programa.
  6. Elección de la localización: no es imprescindible un lugar especial para poner en marcha una economía de fichas, ya que no siempre hay muchas opciones entre las que elegir. Sin embargo, y en función del tipo de sistema que estemos desarrollando, algunos lugares son mejores que otros.

Para terminar, las técnicas para aumentar conductas, basadas en la terapia de modificación de conducta, son estrategias y conocimientos que se fundamentan en los principios del aprendizaje, los cuales se aplican de una manera sistemática para modificar el comportamiento de las personas.

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  • Barraca, J. (2014). Técnicas de modificación de conducta. Editorial síntesis.
  • Labrador F. J. (2008). Técnicas de modificación de conducta. Pirámide.
  • Martin, G. y Pear J. (2008). Modificación de conducta: qué es y cómo aplicarla. PEARSON.
  • Olivares, J. y Méndez, F. (2014). Técnicas de modificación de conducta (4ª ed.). Biblioteca nueva.
  • Sidman, M. (2006). The distinction between positive and negative reinforcement: Some additional considerations. The Behavior Analyst29(1), 135.
  • Scott, H. K., Jain, A., & Cogburn, M. (2017). Behavior modification. StatPearls. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK459285/