Un enfoque diferente para la vida cotidiana

29 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
La actitud que adoptamos en nuestras relaciones con los demás, puede marcar la diferencia. Comencemos a respetar al otro y a confiar en sus capacidades.

Dentro de la psicología, y más concretamente de la psicoterapia, existen diversas corrientes y posicionamientos. Todas ellas persiguen el objetivo de ayudar al individuo a superar sus obstáculos y alcanzar sus metas. Pero, a pesar de ello, cada una utiliza unas estrategias y herramientas diferentes. Es aquí cuando Carl Rogers propone un enfoque diferente, que otorga más valor a la actitud que a las técnicas específicas.

El Enfoque Centrado en la Persona asume que cada sujeto tiene dentro de sí todo lo necesario para alcanzar su máximo potencial. Por ello, solo se requerirán las condiciones externas adecuadas para que este se desarrolle. Sin embargo, la utilidad de esta premisa no se limita al trabajo en psicoterapia. Se trata de un enfoque que puede resultarnos beneficioso al aplicarlo en la vida cotidiana.

El Enfoque Centrado en la Persona

En la psicoterapia rogeriana se asume que todo ser humano tiene dentro de sí el deseo de progresar, de avanzar y de actualizarse. En su interior residen la motivación y la capacidad de salir adelante y desarrollar su mejor versión. Únicamente es necesario un entorno propicio para catalizar el proceso de transformación. Y este se logra, precisamente, a través de la actitud del terapeuta.

Cuando este proporciona al paciente un espacio de comprensión y libertad, el último se dirige por si mismo a la autorrealización. Desde este enfoque se percibe a la persona como un agente activo de su propio proceso, poseedor de las condiciones necesarias para sacarse adelante y merecedor de todo el respeto. Esta perspectiva a adoptar con el cliente se resume en tres grandes premisas:

  • Empatía: capacidad de tener una comprensión exacta del mundo interno de la otra persona. Pensar y sentir a través de los propios significados privados del otro. Salir, por un momento, de nosotros mismos para conectar con la realidad ajena.
  • Aceptación positiva incondicional: mantener una disposición genuinamente abierta hacia el discurso del otro. Recibir con positivismo, calidez e interés incondicional la narración que la persona realiza sobre su realidad. Al deshacernos de juicios, ayudamos al otro a liberarse de los suyos propios. Le ayudamos a no juzgarse, a aceptar plenamente tal como nosotros lo estamos haciendo.
  • Congruencia: consiste en mostrarnos tal cual somos, sin máscaras ni expresiones fingidas. Se trata de actuar en consonancia con nuestros pensamientos y emociones, de ser auténticos. Así, se genera un intercambio sano que permite al otro confiar y mostrarse, también, transparente.

Un enfoque diferente para nuestras relaciones

Aceptación

Además de en un espacio de consulta psicológica, estas premisas pueden ayudarnos a construir relaciones interpersonales más sanas y auténticas. ¿Cuántas veces nos encontramos ante alguien con un problema y tendemos, inmediatamente, a inundarle de posibles soluciones?.

Tal vez esa persona sólo necesita escucha, comprensión y aceptación de sus circunstancias. Él mismo cuenta con la capacidad de hallar una solución. Confiemos en el potencial de las personas y respetemos su habilidad para andar su propio camino. Nuestra aceptación incondicional será suficiente para ayudarlos a catalizar sus emociones y tomar acción.

Empatía

Por otro lado, la empatía puede ayudarnos en gran medida a mejorar nuestras relaciones interpersonales. Muchos de nuestros problemas surgen de nuestra incapacidad para alejarnos de nuestra percepción y acercarnos a la del otro. No es posible llegar a un acuerdo si no existe entendimiento profundo. Y para ello es necesario trasladarnos al mundo de significados de la otra persona.

Mirando con sus ojos, interpretando con sus valores, sintiendo con sus emociones comprenderemos su postura. Y así lograremos una comunicación fluida y respetuosa y un intercambio positivo.

Congruencia

Por último, la autenticidad es el elemento esencial que nos permite construir relaciones significativas. Si deseamos ser amados, respetados o escuchados hemos de tener el valor de mostrarnos sin máscaras. Al actuar de una forma congruente permitimos que el otro nos conozca, nos descubra. Del mismo modo abrimos la puerta a que la otra persona muestre su interior. 

En definitiva, la terapia rogeriana nos propone las claves para relacionarnos desde el respeto, la comprensión y la aceptación profunda. Cuando el espacio interpersonal entre dos seres cuenta con estos elementos ambos hallan las condiciones ideales para ser y para desarrollarse. Cuando se percibe respeto, autenticidad y confianza, resulta sencillo ofrecerlo de vuelta y, así, establecer intercambios sanos y positivos.

  • Cooper, M., O'Hara, M., Schmid, P. F., & Bohart, A. (Eds.). (2013). The handbook of person-centred psychotherapy and counselling. Macmillan International Higher Education.
  • Barceló, T. (2012). Las actitudes básicas rogerianas en la entrevista de relación de ayuda. Miscelánea Comillas. Revista de Ciencias Humanas y Sociales70(136), 123-160.