Amor de prótesis

1 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Alicia Escaño Hidalgo
Cuando el amor de prótesis aparece, hemos caído en la dependencia emocional. En busca de un amor que nos ayude en el camino, dejamos de amarnos a nosotros mismos

El amor y las relaciones de pareja son temas que invitan a la reflexión. Mucho se ha teorizado sobre este sentimiento que puede ser tan cautivador, constructivo y destructivo. Depende de cómo se construya o de cómo se utilice, el amor puede motivarnos para crecer o impedirnos crecer. Además, en una sociedad en la que impera el ideal del romanticismo, es difícil, a veces, construir una relación amorosa saludable y fluida.

En más ocasiones de las que nos gustaría, los psicólogos nos encontramos con personas cuyo talón de Aquiles se llama amor. Perfectamente funcionales en sus trabajos, en sus relaciones familiares o sociales y en el resto de áreas vitales, se rompen en pedacitos cuando se topan con una relación de pareja. ¿Por qué ocurre esto?

Las experiencias vividas en la infancia y también, a veces, en la adolescencia o adultez temprana, dejan una huella profunda. La relación con nuestros padres, los estilos de crianza con los que crecimos, una autoestima mal desarrollada, etc., pueden sentar la base que predispone a las relaciones tóxicas.

Cuando un niño no ha adquirido la seguridad y la autoconfianza en su infancia, es complicado que muestre esas aptitudes cuando es adulto. Anida en él un vacío que necesita llenar de alguna forma.

No es cuestión de «echar la culpa» a nadie, simplemente las personas no somos perfectas. Como padres, a veces cometemos errores. Casi en su mayoría, relacionados con un sistema que nos «obliga» a pasar tiempo fuera de nuestros hogares, a desatender cuestiones tan relevantes como las familiares, a ir deprisa y estresados.

Apenas sin darnos cuenta, los niños se sienten solos. Sienten que sus padres, su referencia en la vida, no suelen estar disponibles y es entonces cuando surge la idea del «abandono«.

Mujer con crisis existencial

Vacío y amor de prótesis

Cuando nos rompemos una pierna y nos operan, normalmente nos «recetan» una silla de ruedas o una muleta. Estas «prótesis» nos ayudan a combatir nuestra carencia y, gracias a ellas, podemos seguir caminando y funcionando en la vida. Es decir, cuando físicamente necesitamos una prótesis, esta se convierte en funcional hasta que somos capaces de ser operativos sin ella.

A nivel psicológico y en referencia al amor, muchas veces ocurre lo mismo. La ausencia de nuestros progenitores, abusos, traumas infantiles, etc. hacen que desarrollemos una carencia o vacío afectivo. Ese «hueco» que queda en nuestra alma, y que persiste en la edad adulta, es tan doloroso e incapacitante que necesitamos salir a buscar la muleta para funcionar. Pero ¡sorpresa! no resulta tan eficaz como cuando nos rompemos una pierna.

Cuando rellenamos nuestro vacío con una pareja, normalmente reproducimos de nuevo lo que ya vivimos en la infancia. Escogemos a parejas que en cierto sentido se parecen a lo que ya conocemos. El cerebro se siente cómodo con aquello que le resulta familiar, aunque sea doloroso.

El resultado es que la pareja no funciona, se vuelve tóxica. Por un lado, la carencia que sentimos genera sentimientos de celos, posesión o dependencia, ya que intentamos que ese «abandono» no vuelva a repetirse.

Por otro lado, es posible que nuestra pareja nos abandone finalmente o que nos trate mal de algún modo, como ya nos ocurrió en el pasado. No es magia, no es casualidad. Cuando uno desarrolla un esquema, es normal que se tope con otro esquema que le «complemente». Por eso nos decimos, «es que siempre me pasa lo mismo«, «no tengo suerte en el amor».

Sin ser conscientes, estamos volviendo a representar las situaciones que vivimos tiempo atrás. Nos puede mover un miedo inmenso a estar solos, a que nos dejen. Por cada pareja que encontramos y fracasa, el vacío se hace más grande. Se alimenta una y otra vez la idea del abandono y del fracaso en el amor ¿En qué estamos fallando?

¿Y si camino sin prótesis?

Para contestar a la última pregunta, tenemos que darnos cuenta de que salir a buscar el amor de prótesis o la prótesis amorosa no es la estrategia adecuada. Quizás pueda ser funcional a corto plazo, pero será una carga pesada si la proyectamos hacia el horizonte.

Allí, de forma fantasiosa puede darnos la sensación de que es un estímulo positivo para nuestra autoestima, que por fin estamos bien, que ahora sí «todo va a funcionar«.  Sin embargo, no ocurre así. Antes de que nos funcione una relación de pareja y que el amor se vuelva para nosotros un camino sin tantos obstáculos, es necesario que el amor que creemos necesitar nazca de nosotros para nosotros.

La clave terapéutica para liberarnos del amor de prótesis reside en darse cuenta de que, si bien es cierto de que necesitábamos los cuidados y el afecto de nuestros padres, ahora, como adultos, somos capaces de alcanzar la autonomía.

Mujer abrazándose a sí misma

Crecemos cuando aprendemos a abrazarnos y a sentirnos bien con nosotros, con nuestro propio diálogo interior. Es por ello que en estas condiciones, hacer las paces con la soledad supone un gran comienzo. Oblígate a estar solo un tiempo, hacer planes solo, tolerar el aburrimiento o las emociones que recorran tu cuerpo.

Sin dependencias, sin carencias, sin necesidad. Empezar con alguien porque te suma, porque te aporta, porque es bonito, fácil, saludable, divertido… No porque es necesario. En este punto, ya no dependerás de ninguna prótesis para caminar. Caminarás solo y aquel vacío estará tapado con tu propia estima.

¿Te atreves a amarte sin condiciones y a soltar el amor de prótesis?

  • Riso, W. ¿Amar o depender? Cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Editorial Planeta/Zenith