Ansiedad y dificultad para respirar: ¿por qué ocurre?

18 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Son dolorosos y nos asustan. Los problemas para respirar cuando sufrimos ansiedad nos hacen pensar, a veces, que vamos a sufrir un infarto. Sin embargo, este mecanismo tiene una interesante explicación detrás. Descúbrela.

Ansiedad y dificultad para respirar casi siempre van de la mano. Presión en el pecho, sensación de que no llega suficiente aire a los pulmones, mareos, taquicardias… Son muchas las personas que experimentan esta realidad de manera frecuente, sobre todo, si arrastran un estado de estrés y ansiedad elevados durante bastante tiempo. ¿A qué se debe? ¿Qué lo explica?

La verdad es que la psicología y psiquiatría llevan años analizando cómo el procesamiento cognitivo y afectivo media en este tipo de condiciones psicológicas. Sin embargo, el modo en que estos trastornos impactan en el plano fisiológico, se nos escapa a veces. De hecho, la sintomatología asociada a la ansiedad es tan amplia y diversa que nunca deja de sorprendermos.

Ahora bien, en lo que respecta a la disnea (ahogo o dificultad para la respiración) es un fenómeno bien comprendido en el que vale la pena profundizar. Es importante que las personas que padecen este tipo de entidades clínicas conozcan la mecánica de esta sintomatología para comprender lo que les está sucediendo.

Saber que entra de la normalidad y que no están sufriendo, por ejemplo, un ataque cardíaco siempre sirve de ayuda.

Hombre que sufre ansiedad y dificultad para respirar

Ansiedad y dificultad para respirar: síntomas, causas y medidas terapéuticas

Respirar. Nada nos resulta tan sencillo, hasta el punto, de que apenas deparamos en este proceso. Sin embargo, pocos mecanismos fisiológicos son tan complejos y necesitan a su vez de tantos órganos, sistemas y rincones múltiples del organismo. Para empezar, respirar es un proceso muscular muy intenso, uno donde se necesita además de una conexión directa con el sistema nervioso autónomo.

Asimismo, otro aspecto que en ocasiones se nos escapa es la íntima relación que presentan todos estos sistemas con el estado emocional.. Es más, estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Uppsala, por ejemplo, han encontrado una relación directa entre estados como la depresión y la ansiedad en el desarrollo de la disnea o los problemas de respiración. Es importante considerar cómo los problemas psicológicos impactan en los procesos respiratorios.

Profundicemos en más aspectos.

¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad y dificultad para respirar?

Las personas que sufren esta condición psicológica suelen coincidir en un hecho. Muchos describen sentir una ligera presión en el pecho durante todo el día. No es algo doloroso, pero sí molesto. Es como una especie de quemazón que les impide, en ocasiones, terminar de respirar con normalidad.

  • Ahora bien, hay instantes en los que cuando el nivel de activación emocional y fisiológica es más elevado es común experimentar taquicardias. La sensación de ahogo se vuelve más intensa y la persona tiene la sensación de no poder respirar.
  • Sentimos más calor en el pecho.
  • Estos síntomas se vuelven más intensos durante los ataques de pánico.
  • Esa molestia en el pecho o la sensación de no poder terminar de respirar ocasionan cansancio continuado.
  • Los problemas para respirar se pueden intensificar por la noche, dando lugar al insomnio.
  • También aparece sensación de nudo en la garganta.
  • La debilidad y los mareos son algo habitual.
  • Puede aparecer malestar estomacal.
  • A las dificultades para respirar o disnea se le añaden los síntomas.

¿Qué causa esos problemas para respirar cuando uno padece ansiedad?

La razón por la cual solemos experimentar una sintomatología tan elevada con ansiedad tiene su explicación. Y no deja de ser interesante. Trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de San Diego por el doctor Martin Paulus nos lo explican:

  • La ansiedad es un estado emocional asociado con un componente cognitivo.
  • Es decir, la persona experimenta preocupación, miedo o angustia ante una amenaza real o imaginaria, ante algo que interpreta como peligroso.
  • Cuando esto sucede, el sistema nervioso autónomo reacciona originando cambios en el proceso respiratorio.
  • El cerebro interpreta que hay que huir o reaccionar ante ese peligro. Entonces, el cuerpo se prepara para ello.
  • Lo primero que hará es enviar más oxígeno a los músculos.
  • Para ello, restringe el que llega a los pulmones. Ante ese evento, el corazón responde latiendo más rápido para bombear más sangre a esos músculos que, a fin de cuentas, deben ayudarnos a reaccionar y a escapar. Al poco sentimos calor en el pecho, tensión en las extremidades y problemas para respirar.

Por otro lado, un fenómeno asociado a la ansiedad y dificultad para respirar es la hiperventilación. Esta es una realidad habitual entre las personas que padecen trastornos del pánico, fobias o ansiedad generalizada. El origen de este evento fisiológico está en la respiración excesiva.

Al hiperventilar o respirar muy rápido se altera el equilibrio entre el O2 y el CO2, elevándose el primero y reduciéndose el segundo. Ante esta reacción, el cerebro interpreta que para solucionarlo, lo mejor es detener unos segundos la respiración, de ahí la sensación de ahogo.

Mujer hiperventilando

¿Qué estrategias deberíamos poner en práctica?

Sabemos que hay un vínculo entra la ansiedad y dificultad para respirar. ¿Qué mecanismo de afrontamiento deberíamos usar para reducir este efecto y encontrarnos mejor? En estas situaciones, solo hay que tener claro un aspecto: las disneas, las taquicardias, el dolor muscular o estomacal solo son síntomas psicosomáticos de un problema.

La clave en todos los casos está en afrontar la propia ansiedad y ese trastorno que lo orquesta. Para ello, nos serán de ayuda este tipo de tratamientos y recursos:

  • La terapia cognitiva-conductual, con la que poder transformar pensamientos irracionales en ideas racionales, manejar las emociones e instaurar conductas más apropiadas.
  • Técnicas de la terapia de aceptación y compromiso. Son adecuadas para aceptar lo que no podemos controlar, trabajar nuestros valores y priorizar necesidades.
  • Terapia farmacológica. En algunos casos, será necesario recurrir a los ansiolíticos.
  • La respiración diafragmática es la más beneficiosa para aprender a regular nuestra respiración.
  • La técnica relajación muscular progresiva de Jacobson o el entrenamiento autógeno de Schultz también son muy positivos.

Para concluir cabe solo señalar un aspecto. La ansiedad es una enemiga que amenaza con elevar su incidencia en los próximos meses y años. Sabemos cuáles son sus mecanismos y el modo en que altera la calidad de vida. Existen múltiples estrategias para aprender a vivir con ella sin sufrimiento: pongámoslas en práctica.

  • Paulus, Martin (2013) The breathing conundrum – interoceptive sensitivity and anxiety. Depression and Anxiety. 2013 Apr; 30(4): 315–320.doi: 10.1002/da.22076 Sardinha I, Aline (2009) Causes, consequences and therapeutic implications. J. bras. pneumol. vol.35 no.7 São Paulo July 2009 https://doi.org/10.1590/S1806-37132009000700012