Aprende a vivir mejor rompiendo tus propias reglas

Claudio Navarro · 17 diciembre, 2013

Los seres humanos somos adictos al hábito y a las propias reglas. Nos gusta tener hábitos porque son patrones de conducta que nos son fáciles de reconocer. Lo sencillo es agradable.

Sin embargo, no todas nuestras actitudes cotidianas son dignas de repetirse. Los hábitos perjudiciales también son fáciles de volver a practicar, provocando que nuestra calidad de vida disminuya.

“Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas.”

-Samuel Johnson-

¿Acción o reacción?

Es obvio que existe una diferencia muy grande entre ser pasivo y ser proactivo. La gente pasiva suele reaccionar ante todo lo que le sucede en la vida.

Niña con pájaron tapándole la cabeza
Pero si nuestra intención es tener una actitud diferente, no deberíamos permitir que cada cosa a nuestro alrededor nos afecte. Como seres humanos que somos, la diferencia en este mundo la hacemos nosotros mismos cuando modificamos las cosas y las circunstancias o, mejor aún, cuando empezamos a crear una realidad que antes no existía.

La gente proactiva se caracteriza por actuar y tomar decisiones constantemente. En lugar de decirse a sí mismos: “Esto me tocó a mí y tengo que aceptarlo”, piensan: “Estoy aquí, pero si quiero puedo decidir estar en otro lado”.

Las diferencias entre una persona proactiva y una pasiva se resumen en una sola palabra: acción.

Nuestras propias reglas a veces son obstáculos para alcanzar el éxito

Muy probablemente, lo único que nos separe del éxito sea la capacidad que tenemos para decidir qué queremos hacer con nuestra vida y, por lo general, los mayores limitantes que tenemos son nuestros miedos y nuestras propias reglas.

Por eso, es importante reflexionar si los obstáculos que encontramos en el camino no son aquellos que uno mismo se ha puesto… Hay un principio fundamental que nos ayudará a cambiar de perspectiva: necesitamos darnos cuenta de que poseemos una enorme libertad. Libertad para decidir, libertad para actuar, libertad para ser.

El miedo a fracasar

Mujer con paraguas conmiedo al fracaso
Fracasar es algo muy común en la vida real, sin embargo, suelen enseñarnos la importancia de acertar, pero no de fallar. ¿Sabías que grandes aciertos de la humanidad se lograron gracias a una enorme cantidad de fracasos que dieron fruto a un éxito? ¿Sabías que personas como Michael Jordan o Bill Gates conocieron el fracaso antes de tener éxito?

Lo importante es superar el fracaso volviéndolo a intentar. Cuando nuestra meta sea más importante que todos los fracasos que acumulemos, habremos logrado superar este miedo tan común.

“El fracaso es solo la oportunidad de comenzar de nuevo de forma más inteligente.”

-Henry Ford-

Enfocarse en lo que importa

Es necesario que aprendamos a hacer foco en las soluciones, en lugar de hacerlo en los problemas o las propias reglas. Así como los malos hábitos, las actividades que aportan algo beneficioso a nuestra vida pueden ser incorporadas si las ejecutamos con constancia.

Por ejemplo, si sabes que necesitas practicar actividad física, pero te cuesta ir al gimnasio, continúa haciéndolo, hasta que deje de ser una molestia y se convierta en algo habitual, necesario y hasta placentero, para que te sientas bien en el día.

Si tienes miedo a viajar, puedes comenzar haciendo pequeños paseos en tu ciudad. Una buena idea es planear fines de semana a ciudades cercanas o confeccionar una lista de los lugares que te gustaría visitar. Viajar es un hábito que puede darnos grandes satisfacciones. Tan solo es cuestión de tomar acción y comenzar a hacerlo.

Si tu trabajo no te gusta, imagina uno que sí te gustaría hacer. ¿Te cuesta imaginar algo así? Al igual que Chris Gardener, quien pasó de vivir en el baño de una estación de tren a multimillonario, tú puedes conseguir un trabajo que te dé mejores recompensas si te enfocas en lograrlo.

La importancia del ahora

Nuestra cultura nos ha influenciado para que pensemos más en el futuro que en nuestro presente. De alguna forma, estamos pensando constantemente que todo lo mejor de nuestra vida vendrá después.

Esta falsa percepción del tiempo nos conduce a reducir el valor del momento presente. Si modificamos esta idea en el día a día, la calidad de nuestra vida puede ir mejorando notablemente. El momento ideal para empezar algo es el día que estamos viviendo. Carpe Diem