Aprende a vivir mejor rompiendo tus propias reglas

9 diciembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
Romper nuestras propias reglas puede abrirnos un mundo de posibilidades que, hasta ahora, nos negábamos a nosotros mismos.

Todos pensamos que nos movemos por la vida de forma consciente, tomando decisiones racionales y lógicas. La realidad es que la mayor parte de nuestras acciones provienen directamente de nuestros hábitos. Aquellos que están tan arraigados en nosotros que ni siquiera percibimos su influencia. Es decir, decidimos de forma automática según nuestras propias reglas internas, sin darnos cuenta de que estás no siempre son acertadas.

Requiere de un cierto grado de reflexión caer en la cuenta de que nuestras opiniones y comportamientos no son verdaderamente libres y espontáneos. Se encuentran condicionados por unos esquemas de creencias que desarrollamos durante la infancia y que, probablemente, ya hayan quedado obsoletos.

Cadenas transformándose en pájaros libres

El poder del hábito

Seguramente más de una vez habrás escuchado la frase «el hombre es un animal de costumbres». Este dicho refleja una realidad más que comprobada. Las personas nos movemos, mayoritariamente, por hábitos, y no nos resulta sencillo detectar ni modificar esta tendencia. 

En psicología un hábito es definido como una conducta aprendida que se repite regularmente y que no requiere apenas raciocinio. Es decir, los hábitos son modos de pensar, sentir y comportarnos que hemos ido adquiriendo y desarrollando desde la infancia y que, actualmente, ponemos en marcha de forma automática. 

El enorme poder de los hábitos reside en que nos resultan familiares y, por ello, nos proporcionan una agradable sensación de seguridad. Las personas tendemos a evitar la incertidumbre, preferimos dejarnos llevar por la inercia de patrones conocidos. Por ende, tendemos a movernos dentro de los mismos parámetros cognitivos y emocionales durante toda la vida.

¿Tus propias reglas son las más adecuadas?

Están obsoletas

El problema es que estás reglas internas las creamos en un momento y bajo unas circunstancias vitales que ya no existen. Los programas de creencias comienzan a gestarse durante nuestros primeros años de vida para, finalmente, asentarse y permanecer con nosotros.

Sin embargo, muchos de esos programas han quedado obsoletos puesto que ya no somos bebés que dependen de alguien para sobrevivir. Somos adultos, independientes y responsables de nuestra propia existencia. Pero mucho de esos programas actúan desde nuestro inconsciente empujándonos a actuar aún desde nuestra perspectiva infantil. 

Hombre inmaduro viviendo bajo sus propias reglas

Son limitantes

Por otro lado, la presencia de estos patrones de pensamiento no nos permiten cambiar y evolucionar de acuerdo a nuestras distintas etapas vitales. Es decir, cuando nosotros tenemos unas creencias arraigadas sobre nosotros mismos, nos estamos definiendo y nos estamos privando de la posibilidad de ser diferentes.

Si yo creo, siento y repito constantemente que soy una persona tímida es muy poco probable que me abra a experiencias sociales. Si yo creo firmemente que soy una persona perezosa, es muy difícil que comience a hacer deporte con asiduidad.

Lo que creo de mi, lo que digo de mi, me condiciona y me limita. Rompe esas reglas y ofrécete la oportunidad de ser aquello que desees, sin condicionantes. No importa si llevas toda la vida pensando y actuando de una determinada manera, en tus manos está cambiar ese discurso y esas acciones.

¿Cómo vivir mejor rompiendo tus propias reglas?

En primer lugar has de identificar de forma clara cuáles son las creencias que te están limitando y te están llevando al autosabotaje. Encuentra la manera en que te defines y las reacciones que generalmente tienes que fueron originadas en tu infancia. A partir de ahí, toma la decisión de romper con todos estos patrones.

Los dos elementos principales para hacerlo son la valentía y la constancia. Valentía para atreverse a probar modos diferentes de hacer las cosas: comenzar a hablar con más personas si eres tímido, aprender a reaccionar con calma si eres alguien que fácilmente se altera, o empezar a hacer deporte si hasta ahora fuiste una persona sedentaria.

Por otro lado, constancia porque estos hábitos llevan acompañándote toda la vida y, cuando te descuides, la inercia te llevará a adoptarlos de nuevo. Es importante que no cejes en tu empeño y aproveches cada oportunidad para practicar tu nueva forma de hacer las cosas.

Desarrolla un radar para detectar conductas y sentimientos propios de tu anterior versión, y en ese preciso instante, cámbialos por aquellos que deseas instaurar. A pesar de que al principio te resulte forzado, con el tiempo comprobarás que no queda nada de tus anteriores reglas y la libertad ha empezado a acompañarte en el camino.

Riso, W. (2009). Terapia cognitiva. Barcelona, España, Editorial Paidós Ibérica. Feeney, J., & Noller, P. (2001). Apego adulto. Bilbao: Desclée de Brouwer.