5 pasos para cambiar tu personalidad

5 pasos para cambiar tu personalidad

Belén Gisbert Vercher 7 enero, 2015 en Psicología 42 compartidos

La gente no cambia su forma de ser. O, ¿sí lo hace? Durante mucho tiempo se ha creído que la personalidad no se podía cambiar, o que si se podía cambiar solo se podía hacer en los primeros años de vida. Sin embargo, la propia realidad se ha encargado de demostrar que esto no es cierto.

Seguro que conoces a alguien – si no lo has experimentado tú mismo- que ha cambiado de manera drástica su forma de ser. A veces por el propio paso del tiempo, a veces porque ha vivido un acontecimiento que ha calado profundamente en su vida y otras veces porque simplemente no le gustaba como era y ha apostado por el cambio.

Mujer mirando por la ventana

Así, la personalidad ha sido un campo de estudio muy importante dentro de la psicología. No en vano, en torno a la personalidad se han construido muchos modelos. La mayoría de estos están formados por dimensiones, o dicho de otra manera, por escalas en las que todos nos situamos.

Hablando en términos sencillos, los expertos en Psicología de la Personalidad han dedicado grandes esfuerzos a intentar encontrar “una tabla periódica” de la personalidad. Es decir, han intentado encontrar una serie de dimensiones sencillas mediante las cuales pudieran componer la personalidad de cada uno de nosotros.

Pero, por fortuna o desgracia, este trabajo no ha resultado tan sencillo como con la materia y lo que ha sucedido es que en la actualidad no contamos con una única tabla periódica, sino con muchas.

¿Cuál es la buena?

Ninguna, o dicho de otra forma, si han sobrevivido varias es que ninguna termina de convencer a todos. Como es imposible describir en un solo artículo todas las teorías que hay, vamos a centrarnos en dos de las que han sido más relevantes.

En primer lugar, podemos hablar de la Teoría de Eysenck. Este psicólogo afirma que podemos describir la personalidad de cada persona en tres dimensiones: psicoticismo frente a control de los impulsos, extraversión frente a intraversión y neuroticismo frente a estabilidad.

Otro de los grandes modelos tomó fuerza en los 90. Esta segunda teoría considera que la personalidad está dividida en cinco grandes rasgos:

  • Apertura a la experiencia o al cambio. Los elementos que conforman el extremo que da nombre a la dimensión son la imaginación activa, la sensibilidad estética, la atención a las vivencias internas, gusto por la variedad, curiosidad intelectual e independencia de juicio.
  • Escrupulosidad o responsabilidad. Esta dimensión tiene sus bases en el autocontrol, no solo de impulsos sino también en la planificación, organización y ejecución de tareas.
  • Extraversión e introversiónLa persona extravertida se caracteriza por la alta sociabilidad, tendencia a la compañía de otros, atrevimiento en situaciones sociales y tendencia a evitar la soledad. En cambio, la persona introvertida se caracteriza por disfrutar de la soledad, preferir las actividades individuales, no comunicar más de lo imprescindible y tener una gran parte de su mundo interior reservada para ellos.
  • AmabilidadEn su lado positivo, hablamos de una persona altruista, considerada, confiada y solidaria. En su polo opuesto, hablaríamos de una persona escéptica, ruda, egocéntrica y competitiva. La amabilidad está muy relacionada con la sensibilidad y la empatía.
  • Neuroticismo. La persona neurótica es la eterna preocupada, imperfeccionista y focalizadora de su atención mental. Suelen vivir en una continua angustia porque sienten satisfacción en pocos momentos.

¿Se puede cambiar la personalidad?

La noción de la personalidad como algo inmutable ha hecho que no se planteara la posibilidad de intervenir sobre ella durante décadas. Por ejemplo, las personas diagnosticadas con trastornos de la personalidad, se han sentido condenados a una vida de malestar. Los hemos condenado, encerrándolos en lugares apartados como si hubieran muerto en vida o hemos practicado sobre ellos algunas intervenciones que ahora nos ponen los pelos de punta.

Afortunadamente, la realidad es cabezota y en este caso ha terminado por imponerse y afortunadamente, acompañando a este cambio en la manera de ver la personalidad, estamos empezando a crear pautas y terapias para poder intervenir sobre ella.

Mujer con varias expresiones

Pero, cuidado, no nos engañemos, la personalidad se puede cambiar pero también es una de las tareas más complicadas porque si miramos durante un momento nuestra vida veremos que la tenemos diseñada para intentar sentirnos lo más a gusto posible. Todos los días llevamos a cabo hábitos que concuerdan con nuestra personalidad.

Los cinco factores esenciales para cambiar tu personalidad

Vamos con ellos:

  • Creer que es posible cambiar. Si piensas que es imposible, entonces será imposible para ti.
  • Ver y ser dueño del problema. Debes querer cambiar.
  • Estar dispuesto a hacer el trabajo durante un período prolongado.
  • Ser capaz de imaginarse a sí mismo de ser diferente.
  • Ser capaz de seguir intentando a pesar de los fracasos y contratiempos.

Aunque el cambio no es fácil de hacer, el proceso en sí es, en realidad, sorprendentemente sencillo. Estos son los cinco pasos a seguir para cambiar una parte de tu personalidad:

  • Identificar un rasgo de la personalidad específica y, concretamente, cómo quieres que sea diferente.
  • Tomar conciencia de cualquier ambivalencia que tiene sobre el cambio y desarrollar un plan para su gestión.
  • Visualízate siendo la nueva forma, vívidamente y con frecuencia.
  • Si te falta una habilidad necesaria, comenzar a aprenderla.
  • Estate atento a las oportunidades de ser diferente y utilizar cada una para practicar el nuevo rasgo.

Si quieres cambiar, adelante. Usa estas pautas y ponte en camino. No solo puedes intentar hacer que tu vida se parezca lo más posible a aquella que quieres sino que tú mismo puedes construirte para intentar parecerte a aquella persona que quieres.

Belén Gisbert Vercher

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