La tolerancia a la incertidumbre, una clave para vivir

Edith Sánchez · 12 marzo, 2018

Si hay algo cierto en la vida es que no tenemos certeza de nada o de muy poco, para romper la paradoja como diría Descartes. Aún así, en la sociedad occidental se promueve de manera constante la idea de que es posible mantener todo bajo control y que hay que buscar soluciones puntuales y rápidas para todo. No se cultiva un atributo que es decisivo para la adaptación: la tolerancia a la incertidumbre.

La tolerancia a la incertidumbre es precisamente esa capacidad para lidiar con la falta de certezas y de soluciones inmediatas. Aunque siempre pretendamos resolver todo y encontrar una respuesta, lo cierto es que esto es imposible. A veces las respuestas y las soluciones llegan solo con el tiempo. Otras, sencillamente son imposibles de encontrar. La humanidad no lo sabe todo. Es más, lo que ignoramos supera con creces lo que sabemos.

Dicho de ese modo, todos asentimos y entendemos que es así. Otra cosa ocurre en la práctica. Son muchas las personas a quienes les resulta virtualmente imposible tener tolerancia a la incertidumbre. La inquietud las invade, incluso la irritación, cuando se sienten sin un pilar sólido y amplio en el que apoyarse.

 “Sólo alcancé la paz definitiva el día en que abandoné todo con desprecio y pude comprender, al fin, que no se puede afirmar ni negar nada”.

-Omar Khayyam-

chica en la playa pensando en la tolerancia a la incertidumbre

La falta de tolerancia a la incertidumbre

Las personas que no tienen tolerancia a la incertidumbre tienen la necesidad de experimentar algo conocido como cierre cognitivo. Este concepto es lo que comúnmente llamamos “la última palabra”. Hay personas que necesitan que las cosas se definan de una vez por todas. O sí, o no. O blanco, o negro.

Esta característica hace que experimenten mucho estrés cuando eso no ocurre. El cierre cognitivo implica una certeza. “¿Me quieres… o no me quieres?” Desean por respuesta un sí absoluto, o un no. Les cuesta trabajo entender que la respuesta más realista podría ser “Sí y no”.

Para quien no tiene tolerancia la incertidumbre, las paradojas y las ambigüedades son algo inaceptable. No lo ven como una realidad que tiene lugar, sino como una mentira, un engaño o un mecanismo para encubrir la verdad. La mala noticia para ellos es que se podría afirmar, casi con toda certeza, que en lo humano prácticamente todo es ambiguo.

Los efectos de la falta de tolerancia a la incertidumbre

La falta de tolerancia a la incertidumbre muchas veces es el resultado de una simplificación de la realidad. Las hipótesis respecto a lo que sucede son muy reducidas. O es lo uno o es lo otro. Hay dificultades para hacer conjeturas y derivar de ellas nuevas hipótesis o, simplemente, aceptar que no es posible comprender, al menos por el momento.

chico representando la mala tolerancia a la incertidumbre

No perciben que, por ejemplo, un mismo hecho puede ser resultado de muchas circunstancias diferentes. Si alguien no se interesa en leer quizás no solo sea porque es negligente o inculto. Dentro de su subjetividad podría haber mil razones para que actúe así.

Por lo tanto, la falta de tolerancia a la incertidumbre suele incluir también falta de empatía. El mundo se ve solo en los términos propios. Esto hace que cueste mucho aceptar las diferencias, ya que parece que “lo correcto” debe expresarse como un consenso. Además, se cree que para que un grupo, familia, comunidad o pareja funcione, los miembros deben estar completamente de acuerdo en todo.

Manifestaciones de la tolerancia a la incertidumbre

La tolerancia a la incertidumbre se manifiesta como la capacidad para aceptar la inexistencia de una respuesta concreta. En quienes poseen este atributo, no aparece la angustia, ni la inquietud cuando la respuesta no aparece al instante. Simplemente lo aceptan y siguen adelante con los elementos que cuentan, enfocándose a resolver lo que sí comprenden y estando atentos a los nuevos elementos que surjan para ayudarles a dilucidar lo que en realidad sucede.

Otra de las manifestaciones propias de quienes han cultivado la tolerancia a la incertidumbre es la de analizar minuciosamente los hechos. No se quedan en la apariencia, sino que intentan profundizar. Precisamente por eso, descubren que las cosas pueden ser más complejas de lo que aparentan. Por lo tanto, comprenden que es difícil llegar a respuestas o certezas definitivas.

chica echando a volar representando la tolerancia a la incertidumbre

Curiosamente, las personas con menor tolerancia a la incertidumbre se muestran más seguras en sus juicios y decisiones cuando llegan a tomarlas. En cambio, quienes tienen desarrollada una alta tolerancia, tardan más y dudan más antes de actuar. Aun así, soportan mucho mejor el conflicto, la diferencia y tienden a tener mejores relaciones con los demás.