Ser y no hacer, la solución de muchos problemas

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 28 febrero, 2018
Edith Sánchez · 28 febrero, 2018

Una de las primeras preguntas que nos hacemos cuando tenemos un problema es: ¿Qué debo hacer? Y al instante, reflexionamos sobre las diferentes alternativas posibles para actuar. Sin embargo, algunos problemas no se resuelven después de ese ejercicio. Se repiten, o simplemente se posponen, pero no se solucionan. Esto se debe a que quizás deberíamos enfocarnos en ser y no hacer.

En principio, esto puede sonar un poco abstracto, pero en realidad se trata de una idea muy concreta. Algunos problemas no se resuelven porque la solución no está en realizar alguna acción específica para ponerles fin. Lo que exigen es un cambio, bien sea en el enfoque, en la actitud o en algún aspecto de la personalidad. Por eso se habla de ser y no hacer.

A menudo las personas dicen que aún no se han encontrado a sí mismas. Pero el sí mismo no es algo que uno encuentra, sino algo que uno crea”.

-Thomas Szasz-

El hacer se torna inútil cuando el origen de una dificultad está en el ser. Pensemos por ejemplo en alguien que intenta reiterativamente lograr que su pareja le preste más atención. Se lo reclama con frecuencia y pretende que se comprometa al respeto. Sin embargo, no logra solucionar lo que sucede. Quizás lo adecuado no es que reclame (hacer), sino que revise lo que hay detrás de su necesidad de atención frustrada (ser).

Ser y no hacer en diversas circunstancias

La primera idea a recalcar es que muchas veces no logramos definir un problema o señalar qué es realmente lo problemático de este. Muchas veces lo que prima es el afán de apartarlo, de quitárnoslo de encima. Lo vemos exclusivamente como una incomodidad o una amenaza que hay que afrontar cuanto antes.

mujer con globo en la cabeza pensando en ser y no hacer

Esto lleva a que muchas veces nos apresuremos. Se activa el resorte de la acción, o de la reacción, mucho antes de que se haya completado un análisis razonable de la situación. Mantenerse inactivo por un tiempo no es una opción para muchos. Por eso se dice que hemos llegado a un tiempo que no es de seres humanos, sino de “haceres humanos”.

Los problemas más prácticos y materiales suelen resolverse haciendo algo. Si la llave gotea, hay que repararla. Esto no exige mayor reflexión porque se trata de una dificultad visible, que se puede precisar y frente a la que hay protocolos de acción ya establecidos. Ante problemas más abstractos la situación es diferente. Es ahí cuando cobra importancia ser y no hacer.

La actitud frente a un problema es una creación personal

Cada quien va construyendo una particular forma de reaccionar frente a los problemas. Mientras que algunos ven en ellos un desafío que les despierta interés, otros los asumen como un riesgo que hay que conjurar rápidamente. Este es el primer aspecto en el que entra a jugar el ser y no hacer. Es en el ser donde se le da significado a una dificultad, donde se forja una actitud frente a ella.

Hombre pensando en ser y no hacer

A veces ganamos mucho cuando observamos y evaluamos nuestra propia actitud frente a un problema. ¿Una mirada más constructiva nos ayudaría en la resolución del mismo? ¿Esa dificultad se había presentado antes? ¿Lo que hemos hecho para resolverla ha sido eficaz o no? ¿Lo primero que se nos ocurre es hacer lo mismo que ya se había mostrado ineficaz en el pasado?

Ser y no hacer significa adelantar esas reflexiones y buscar enfoques en los que esté incluida una mirada sobre lo que sentimos y pensamos, frente a aquello que nos ocurre. Es muy probable que la forma de ver el problema y la actitud que asumimos frente a él sean lo que esté determinando su prolongación o su solución.

Observar, aceptar y comprender

Ser y no hacer implica eliminar los automatismos frente a las dificultades. Si te agreden, quizás lo razonable no sea agredir de vuelta. Si fallas en alguna tarea, tal vez lo mejor no sea intentar minimizar u ocultar ese error. Si las cosas no terminan de funcionar en la pareja, es probable que la salida no esté en reclamarle al otro.

Es bueno ensayar no dejarnos llevar por nuestras creencias inmediatas. También no precipitarnos en los juicios y no negar o dar la espalda a los problemas. En lugar de ello, podría ser buena idea observar la dificultad con la mente abierta. Sin prejuicios o preconceptos que alteren nuestra percepción. Después aceptar que tenemos un problema, sin llenarnos de angustia. Y orientarnos a comprender qué es lo que sucede realmente y cómo es que nosotros mismos contribuimos a que esto ocurra.

hombre entrando a un laberinto pensando en ser y no hacer

En otras palabras, si equilibramos nuestro ser y nos conectamos con nosotros mismos antes de actuar, tenemos mayores probabilidades de acertar en el camino a seguir. Ser y no hacer. Reencontrarnos antes de dar el siguiente paso. Mirar dentro de nosotros y no fuera. Trabajar en lo que somos para que lo que hagamos suba de nivel.