La actitud es la fuerza más poderosa del cambio

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 29 octubre, 2017
Raquel Lemos Rodríguez · 29 octubre, 2017

La actitud es la fuerza más poderosa que poseemos, sin embargo a menudo la ignoramos. Hacemos todo lo posible por dejarla en un segundo lugar, mientras nos esforzamos por culpar a los demás de lo que nos pasa, quejándonos de todos los problemas que se nos vienen encima y sintiéndonos víctimas de las circunstancias.

La pregunta que tenemos que hacernos es: ¿qué actitud estamos adoptando ante la vida? Reflexionar sobre esta cuestión y saber si nos está beneficiando o no, nos permitirá ser mucho más conscientes de por qué poco o nada marcha tan bien como nos gustaría. Incluso, si abrimos bien los ojos, nos daremos cuenta de que las dificultades no son tan terribles como las estamos viendo.

“Resolver la vida que nos tocó es fácil al final, nosotros la hacemos difícil, todo pasa por la actitud”

-Anónimo-

Escoger nuestra actitud ante cualquier circunstancia

Podemos escoger cómo afrontar las circunstancias, al menos sobre eso siempre tenemos control. La actitud es la fuerza más poderosa que tenemos, pues gracias a ella podemos cambiar lo que nos sucede o, al menos, el modo en el que le hacemos frente. ¿Aceptamos o rechazamos? ¿Nos quejamos o nos ponemos en marcha?

Imaginemos que tenemos una pareja que siempre se está quejando, de manera que su actitud cada vez nos gusta menos. Vivimos amargados, es una buena persona pero ya no somos felices en nuestra relación; sin embargo, ahí estamos sin tomar ninguna decisión. Mientras, intentamos que nuestra pareja cambie, le echamos la culpa de lo mal que va la relación, que el vínculo está cada vez más roto.

mujer demostrando que la la actitud es la fuerza más poderosa

Leyendo esto, desde nuestra perspectiva, sabríamos perfectamente qué hacer. Tenemos dos opciones: aceptar a nuestra pareja tal y como es, quererla y amarla sin desear que cambie. También podemos romper la relación y darle la oportunidad al otro de que también pueda ser feliz con otra persona.

Como podemos ver, la actitud es la fuerza más poderosa, pues nos permite salir de una situación que no nos gusta. Todo ello, tomando una decisión y cambiando nosotros, no intentando que el otro lo haga. Esto mismo puede aplicarse en otro tipo de circunstancias. Cuando contraemos una deuda, cuando nos quedamos sin trabajo, cuando una enfermedad hace acto de presencia o cuando un familiar muere.

De nada sirve quejarnos, clamar al cielo sobre lo injusto que es, victimizarnos y quedarnos quietos sin hacer nada. De nada sirve buscar culpables donde no los hay, negarnos a aceptar lo que viene así, sin más. Hacernos preguntas sin sentido de “¿por qué a mí?”, “¿es que he hecho algo mal?”.

“Aquello que no podemos evitar, solo podemos aceptarlo”

-William Shakespeare-

La actitud es la fuerza más poderosa que nos permite ser felices

La actitud es la fuerza más poderosa que impulsa los cambios, las tomas de decisión, los nuevos rumbos. Gracias a ella, podemos encontrar nuestra felicidad o mantenerla. Porque no olvidemos que la felicidad tenemos que encontrarla en nuestro interior, con independencia de que el exterior contribuya: unas veces lo hará y otras no.

Gracias al poder de nuestra actitud, podemos comprender que no hay límites y que no tenemos por qué sentirnos desbordados por las circunstancias. Por muy grave que pueda resultar una situación, como la pérdida de un trabajo o contraer una deuda, siempre terminaremos saliendo y superando ese bache. Es la propia inercia vital.

mujer sobre una roca demostrando que la actitud es la fuerza más poderosa

Sin embargo, en ocasiones nuestras emociones ahogan este atisbo de esperanza, dramatizando en exceso lo que ocurre. No obstante, tarde o temprano, no nos quedará otra que aceptar la situación y seguir adelante. ¿Por qué no hacerlo desde un principio? ¿Por qué buscar sentirnos tan mal sin que sea necesario?

Es importante que confiemos en nosotros mismos y que no nos quedemos en nuestras zonas de confort: si lo hacemos se reducirán, en vez de ampliarse. Si nos quedamos en ellas veremos cómo se estrecha ese estado de confort, hasta que poco a poco deje de ser “de confort” y nos sintamos acorralados por las propias circunstancias.

No tenemos por qué tenerle miedo al cambio. Los cambios en principio son oportunidades, nuevos comienzos, nuevos rumbos. Dejaremos algo atrás, es cierto. Pero lo que está por venir también puede dejarnos algo nuevo si contamos con la paciencia y la inteligencia como para ponerlo a nuestro favor. Una ocasión para aprender, superarnos, madurar y darnos cuenta de que podemos con todos los problemas que se nos presenten.

No nos olvidemos de que la actitud es la fuerza más poderosa del cambio. Podemos tomar decisiones para salir de una situación que nos desagrada. Podemos aceptar aquello que no nos gusta, dejar de rechazarlo y seguir adelante. Muchas veces, el reflejo del futuro nos devuelve una imagen más complicada de lo que en realidad nos aguarda. Con la actitud elegimos algo tan sencillo y vital como la forma de posicionarnos ante esta imagen.

Un pequeño cambio de actitud puede marcar una gran diferencia. Puede convertir una situación difícil, en superable, y una circunstancia dolorosa en una oportunidad para fortalecerse.

pareja al amanecer