¿Conoces la teoría del valle inquietante?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 febrero, 2018
Pedro González Núñez · 17 febrero, 2018

“Cuando los ordenadores tomen el control, puede que no lo recuperemos. Sobreviviremos según su capricho”. ¿Qué piensas cuando lees esta frase de Marvin Minsky, padre de la inteligencia artificial? ¿Te produce cierta inquietud? Esa sensación está justificada, pero según la teoría del valle inquietante, puede estar justificada psicológicamente.

El mundo actual se desarrolla a una enorme velocidad. Cualquier smartphone que llevamos hoy en el bolsillo es más potente que los ordenadores que llevaron al hombre a la Luna. Como es evidente, todo esto crea avances importantes, pero también despierta ciertos recelos. Y es que la velocidad a la que avanza la tecnología es muy grande.

¿Qué es la teoría del valle inquietante?

Las nuevas tecnologías nos permiten acciones con las que hace años no podíamos ni soñar. De hecho, ya hay robots y seres animados totalmente artificiales que tienen apariencias realmente humanas. Si este tipo de ‘seres’ te producen cierto recelo, no es extraño, es una sensación que explica la teoría del valle inquietante.

Mujer mirando a un robot

Según el profesor Masahiro Mori, que promulgó esta teoría en 1970, cuanto más se parezca un robot a nosotros, pero todavía sea posible apreciar la diferencia, más empática será nuestra respuesta, hasta el punto de que esta puede ser de un poderoso rechazo. Sin embargo, si no somos capaces de distinguir a un robot de un humano, nuestra respuesta será más positiva. Así que hay una especie de ‘bache’ o ‘espacio’ en el que respondemos a esos seres con un rechazo muy fuerte.

Esta teoría fue promulgada por Mori en 1970, cuando estudiaba las reacciones humanas frente a la robótica. La figura de la inteligencia artificial y los robots extrañamente parecidos a hombres y mujeres, pero claramente distinguibles, provocan un gran rechazo, como ya sucedió en 1988 con un cortometraje de Pixar, “Tin Toy”. El bebé de la historia era demasiado similar a uno real, pero no tanto como para provocar una reacción positiva.

“¿Heredarán los robots la Tierra? Sí, pero serán nuestros hijos”.

-Marvin Minsky-

Teorías en torno al valle inquietante

A día de hoy, nadie ha sido capaz de explicar a ciencia cierta por qué se produce este rechazo. No obstante, diversos investigadores han propuesto teorías que podrían encerrar una respuesta, la respuesta.

La más aceptada la propone Thalia Wheatley, psicóloga del Darhmout College. Según esta profesional, nuestro cerebro dispone de un sistema de evaluación de estímulos cuya programación nos impide seleccionar parejas con problemas de salud. Es decir, que si observamos en alguien o ‘algo’ cualquier indicio de que no es idóneo para la reproducción, nuestro cerebro lo interpretaría como un peligro para la preservación de la especie.

Según las investigaciones de Wheatley, la historia evolutiva del ser humano se ha afinado de forma que podemos detectar distorsiones muy pequeñas. Una vez localizada, se crea cierta inquietud en torno a ese ser, que tal vez tenga problemas físicos o mentales. Dicha inquietud podría explicar la existencia del valle inquietante en forma de respuesta natural para perpetuar la especie.

Robot con apariencia de mujer

Críticas a la teoría

Significa esto que nuestro cerebro podría asociar la apariencia de un androide casi humano, pero no perfectamente humano, a un ser con una enfermedad grave, incluso muerto. Por eso se activa nuestra reacción negativa.

Sin embargo, una teoría que puede parecer incluso lógica, tiene también sus detractores. Muchos especialistas en robótica, como el caso de Ayse Saygin, científico cognitivo que investiga en la Universidad de California, incide en que la tecnología androide no está suficientemente desarrollada todavía.

Quiere decir, pues, que esta teoría no tiene base científica suficiente para afirmar la existencia del citado valle inquietante. Así que esa sensación podría ser una simple disonancia cognitiva. Es decir, al observar características similares a las humanas, como expresiones faciales y comportamientos, se crean ciertas expectativas en el cerebro. Al no ser satisfechas, se genera la disonancia. Sea como fuere, esta teoría, más allá de que sea real o no, incide en la posibilidad de que podamos conocer con mayor profundidad cómo funciona la empatía humana.

“Las ‘leyes del pensamiento’ no solo dependen de las propiedades de las células cerebrales, sino del modo en que están conectadas”.

-Marvin Minsky-

Ahora, ¿qué opinas tú? ¿Sientes esa inquietud cuando observas una máquina excesivamente parecida a un humano? Si es así, tal vez estés dando la razón a Mori y su teoría del valle inquietante. Sea lo que sea, resulta inquietante pensarlo, ¿verdad?