Autoconocimiento: un camino difícil repleto de satisfacción

22 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Marián Carrero Puerto
Llegar al autoconocimiento se plantea como un difícil reto; sin embargo, la satisfacción de lograrlo justifica la dureza del camino. Aprende con nosotros a conocerte a ti mismo.

En el pronao del templo de Apolo de Delfos, se leía la inscripción Gnothi Senitor, que significa literalmente ‘conócete a ti mismo’. Un profundo mensaje que ha trascendido a lo largo del tiempo y que podemos encontrar en un gran número de obras de autores griegos, aunque bien es cierto que su mayor difusión corresponde a Platón al incluirla en sus diálogos.

El autoconocimiento es el sostén y la puerta que nos abre el camino a la autorrealización. Es ese proceso reflexivo a través del cual nos conocemos a nosotros mismos a lo largo del tiempo y que nos permite ser conscientes de nuestro abanico inherente de defectos, virtudes y de todas las cualidades presentes entre cada uno de esos dos extremos.

«Cuando uno empieza a pensar distinto y a tener nuevos pensamientos, lo que hace es empezar a conocerse más».

-Estanislao Bachrach-

¿Para qué sirve realmente conocerse?

Conocerse a uno mismo es el punto de partida para tomar decisiones encaminadas a mejorar nuestro bienestar y superarnos día tras días. Porque quien se conoce sabe qué le hace feliz, cuáles son sus necesidades y hasta dónde puede llegar. Además, todo ello influye en la autoestima y en la capacidad de autocontrol.

El autoconocimiento también influye en el conocimiento de los propios derechos, deberes y responsabilidades. De alguna forma, proporciona una visión más amplia y sincera de uno mismo, lo cual implica la oportunidad de reforzar el amor propio, si este se encuentra debilitado.

Ahora bien, uno de los aspectos más importante es que conocerse implica una menor impulsividad y una mayor consciencia de los sentimientos, pensamientos y acciones. De alguna forma, influye en tener presente las consecuencias de nuestros actos así como de todo aquello que experimentamos.

Conocerse es una poderosa estrategia personal de adaptación al medio psicosocial y de aceptación de uno mismo; sin duda una de las habilidades más rentables para cualquier ser humano.

Mujer mirándose al espejo

¿Cómo se alcanza el autoconocimiento?

Las personas, en general, tienden a pensar que se conocen bien a sí mismas, que realmente saben cómo son, pero la realidad es que no siempre es así.

Llegar a conocerse a uno mismo no es una tarea sencilla y puede llevarnos años o, incluso, puede que no lleguemos a conocernos nunca completamente. De hecho, las experiencias nos cambian. No somos las mimos ahora que hace unos años y tampoco que en un futuro.

Las personas nos encontramos sumidas en un cambio constante y durante nuestra vida sufrimos todo tipo de transformaciones en relación a nuestra forma de pensar, actuar y entender la propia existencia.

Así, el primer requisito para conocernos es ser sinceros con nosotros mismos. Para ello, tenemos que librarnos de las trampas del autoengaño y de esos mecanismos que ponemos en marcha para protegernos de vez en cuando. Se trata de desarrollar una profunda capacidad analítica e intentar indagar en nuestra esencia, lo cual va mucho más allá de lo que creemos ser.

Fases del proceso de autoconocimiento

  • Autopercepción: supone la observación pasiva, aunque realista e íntima de nuestro ser.
  • Autoobservación: se trata de analizar nuestras actuaciones y comportamientos con el objetivo de entender el porqué de nuestra conducta.
  • Memoria autobiográfica: se trata de revisar el conjunto de recuerdos y experiencias vividas, a lo largo de nuestra línea de vida. De esta forma, será más fácil recordar qué nos ha sucedido en nuestro pasado, en un momento y lugar específicos.
  • Autoestima: esta fase corresponde con la revisión del amor propio, con cómo nos valoramos y cómo nos despreciamos. De alguna forma, conocernos nos ofrece un mapa sobre cuánto nos queremos, el cual nos indica si es necesario invertir más amor hacia nosotros.
  • Autoconcepto: es el conjunto de características que configuran la imagen de uno mismo, que ha sido generada a través de juicios de valor.
  • Autoaceptación: tras las fases anteriores en las que se reflexiona sobre la propia existencia y los sentimientos, llega el momento de aceptarse, de mirarse al espejo y reconocerse tal cual se es. Solo así se culminará el ciclo de maduración y autoconocimiento.

«Tu tarea es descubrir tu mundo y luego entregarte a él con todo tu corazón».

-Buda-

Mujer con un espejo

Por otro lado, preguntarnos sobre cuestiones importantes y de gran trascendencia puede ayudarnos a recorrer la senda del autoconocimiento. Por ejemplo, ¿quién soy? o ¿cuáles son mis metas y objetivos? son cuestiones importantes que nos proporcionan información sobre nosotros mismos.

Practicar mindfulness también es una buena herramienta, ya que a través de ella podemos alcanzar estados de calma y serenidad desde los que profundizar en nosotros mismos.

Como vemos, conocerse no es fácil. Indagar en nuestras profundidades, aceptar todo lo que somos y lo que no conlleva tiempo, esfuerzo y, sobre todo, sinceridad. Aspectos que no todas las personas están dispuestas a asumir, pero que si lo hacen emprenderán uno de los viajes más fascinantes.