Canto a mí mismo, un poema inmortal - La Mente es Maravillosa

Canto a mí mismo, un poema inmortal

Edith Sánchez 17 diciembre, 2015 en Literatura y psicología 0 compartidos
Canto a mí mismo

Walt Whitman fue un extraordinario poeta estadounidense, que revolucionó el mundo de la palabra durante su época. Sobre todo, con su poema Canto a mí mismo. A pesar de que nació en una familia muy pobre y de que no tuvo estudios, desde temprana edad sintió un profundo amor por las letras.

Whitman inició su carrera como periodista, pero a los 29 años decidió dedicarse por completo a la poesía. Lo más interesante de su obra es que acude al verso libre y al lenguaje sencillo, algo totalmente inusual en su tiempo. Este personaje fue también enfermero voluntario durante la guerra civil, empleado del gobierno y un ensayista político agudo y cortante.

Su más grande obra es Hojas de hierba, una colección de poemas que aún hoy en día siguen maravillando a los lectores. Su poema Canto a mí mismo es un homenaje a la esperanza y un llamado al amor propio y a la libertad. Aquí están los mejores apartes de esa joya de la poesía universal.

chcia con paloma en el corazon

La primera parte de Canto a mí mismo

I

Me celebro y me canto a mí mismo.

Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,

porque lo que yo tengo lo tienes tú

y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago… e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra

para ver cómo crece la hierba del estío.

Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,

de esta tierra y de estos vientos.

Me engendraron padres que nacieron aquí,

de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,

de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.

Y con mi aliento puro

comienzo a cantar hoy

y no terminaré mi canto hasta que me muera.

Que se callen ahora las escuelas y los credos.

Atrás. A su sitio.

Sé cuál es mi misión y no lo olvidaré;

que nadie lo olvide.

Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,

dejo hablar a todos sin restricción,

y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada

En esta primera parte del poema Canto a mí mismo, Whitman exalta la propia existencia. El disfrute del propio cuerpo, con todas sus grandezas y sus limitaciones. La importancia del origen, del arraigo, como fuente primaria de la identidad personal. Representa, como el nombre del poema lo indica, una alabanza al propio ser, a la existencia.

En este caso, amarse a sí mismo y cantar a la propia existencia no tiene nada que ver con el narcisismo. Es una expresión que apunta hacia lo universal, que a su vez está contenido en cada individuo. Por eso es una manifestación genuina del aprecio por la existencia propia, que no va en detrimento de la existencia ajena. Un verdadero canto a la vida.

chica tocando las estrellas

Segunda parte del poema

II

(…)

Me gusta sentir el empuje amoroso de las raíces

al través de la tierra,

el latido de mi corazón,

la sangre que inunda mis pulmones,

el aire puro que los orea

en inspiraciones y espiraciones amplias.

Me gusta olfatear las hojas verdes

y las hojas secas,

las rocas negruzcas de la playa

y el heno que se apila en los pajares.

Me gusta oír el escándalo de mi voz, forjando palabras que se pierden en los remolinos del viento.

Me gusta besar,

abrazar

y alcanzar el corazón de todos los hombres con mis brazos.

Me gusta ver entre los árboles el juego de luces y de sobras cuando la brisa agita las ramas.

Me gusta sentirme solo entre las multitudes de la ciudad,

en las estepas

y en los flancos de la colina.

Me gusta sentirme fuerte y sano bajo la luna llena

y levantarme cantando alegremente a saludar al sol.

¿Qué creíais?

¿Qué me conformaría con mil hectáreas de tierra nada

más?

¿Pensasteis que toda la tierra sería demasiado para mí?

¿Para qué habéis aprendido a leer si no sabéis ya interpretar mis poemas?

Esta segunda parte del poema se refiere a la unidad entre el ser humano y la naturaleza. Es una unidad que va mucho más allá de extraer utilidad de todo lo que nos rodea. Por el contrario, se trata más bien de la unidad que surge de la contemplación profunda, de lograr una valoración sincera de la vida y de la naturaleza en todas sus manifestaciones. Una contemplación que implica satisfacción y gozo y que permite aplicar todos los sentidos.

Whitman también se refiere al sentimiento de unidad con los demás seres humanos. De ahí que afirme “Me gusta besar /  abrazar/ y alcanzar el corazón de todos los hombres con mis brazos”. Lo que expresa ahí es una honda necesidad de sentirse parte de la humanidad, un reconocimiento de que el otro es un igual, alguien que vive en uno, y en quien también se vive.

hombre en colina mirando la luna

Decimoctava parte

XVIII

Con estrépito de música vengo,

con cornetas y tambores.

Mis marchas no suenan sólo para los victoriosos,

sino para los derrotados y los muertos también.

Todos dicen: es glorioso ganar una batalla.

Pues yo digo que es tan glorioso perderla.

¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!

¡Hurra por los muertos!

Dejadme soplar en las trompas, recio y alegre, por ellos.

¡Hurra por los que cayeron,

por los barcos que se hundieron en el mar,

y por los que perecieron ahogados!

¡Hurra por los generales que perdieron el

combate y por todos los héroes vencidos!

Los infinitos desconocidos valen tanto como los héroes más grandes de la Historia.

Esta parte del Canto a mí mismo es un bello homenaje a la lucha. De ahí que Whitman afirme que tan glorioso es quien gana en una batalla, como quien pierde. Con esto quiere dar a entender que lo realmente valioso no es conseguir el triunfo, sino luchar por aquella causa en la que se cree.

El poema dice “¡Las batallas se pierden con el mismo espíritu que se ganan!” Esto es muy cierto en diversas ocasiones. Muchas veces la derrota no depende del empeño o el tesón que se haya puesto en la lucha, sino de circunstancias o momentos adversos. No por nada dice Borges que “la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce”.

Estas afirmaciones eran poco convencionales en la época de Whitman. Forman parte del espíritu de la modernidad, que apenas se insinuaba en su tiempo. Un espíritu más escéptico y libre que el de los románticos y, por eso mismo, fuertemente cuestionado en un comienzo.

Vigésimo cuarta parte

XXIV

(…)

La cópula tiene el mismo rango que la muerte.

Creo en la carne y en los apetitos.

La vista,

el oído,

el tacto…

son milagros.

Y cada partícula,

cada apéndice mío

es un milagro.

Soy divino por dentro y por fuera

y santifico todo lo que toco

y todo lo que me toca:

el olor de mis axilas es tan fino como el de una plegaria;

y esta cabeza mía

vale más que las iglesias,

las biblias

y los credos.

Estos apartes del poema generaron gran controversia en su tiempo. Equiparar la “cópula” con “la muerte”, era poco menos que un insulto. Sin embargo, en tiempos más recientes son muchos los autores que han hablado acerca de la sensación de desaparecer, o de morir que está implícita en un orgasmo. A su vez, también se habla de la seducción que la muerte y las ideas asociadas a ella, ejercen sobre muchos seres humanos.

En todo caso, el principal propósito de Whitman es el de mostrar que el cuerpo es tan “sagrado” como lo que muchos llaman “alma”. Que a través de los sentidos también se pueden vivir experiencias profundas y tan válidas como las experiencias mentales. De este modo, se consolida un rechazo a las formas idealistas de mirar la vida.

Whitman es, sin duda, un poeta vigente que tiene mucho para decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. El “Canto a mí mismo” es un poema eterno, en el que cada verso fue pensado y sentido para exaltar el amor propio y ese milagro que es la vida.

Imágenes cortesía de Catrin Welz-Stein

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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