¿Cómo afecta el dolor físico a la salud mental?

El dolor no es solo una experiencia física. Vemos también sus consecuencias en el plano psicosocial, generando dificultades en quienes lo padecen. Descubre cómo afecta el dolor a la salud mental.
¿Cómo afecta el dolor físico a la salud mental?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz el 18 noviembre, 2021.

Última actualización: 18 noviembre, 2021

El cuerpo y la mente han sido tradicionalmente considerados como entidades separadas e independientes. Cuando nos duele el cuerpo, acudimos al médico; cuando nos duele el alma, al psicólogo o al psiquiatra. Sin embargo, esta división no siempre es acertada y positiva, ya que somos seres globales y, con frecuencia, necesitamos intervenciones integrales. La forma en que afecta el dolor físico a la salud mental ha sido estudiada y corroborada; por ello, si sufres algún padecimiento físico, probablemente también necesites apoyo emocional.

En efecto, las enfermedades y el dolor corporal, especialmente cuando este es crónico, tienen un gran impacto en el bienestar psicosocial de la persona. Migrañas, fibromialgia, artritis, lesiones mal curadas, daño en los nervios… existen multitud de padecimientos que transforman completamente la vida del individuo y que solo se atienden a nivel físico; no obstante, sus repercusiones van mucho allá.

Las necesidades físicas y de salud se encuentran en la base de la pirámide diseñada por Abraham Maslow. Así, si este aspecto no está cubierto, es muy fácil que nuestra calidad de vida y nuestras aspiraciones se vean seriamente limitadas.

En definitiva, el dolor físico afecta a las relaciones sociales, al desempeño laboral, a la autoestima y a la capacidad de desarrollarnos. Las limitaciones y dificultades que trae aparejadas impregnan cada ámbito de la vida, calando muy hondo en el plano psicológico y emocional de la persona. Veamos las consecuencias más frecuentes.

Mujer con dolor en el cuello

Frustración e irritabilidad

El dolor físico genera intensas sensaciones de incomodidad de las que la persona no puede deshacerse. Por lo mismo, es común que surja la frustración y que esta derive en un estado de ánimo irritable. Este mal humor, totalmente comprensible, suele generar dificultades interpersonales y conflictos con los más allegados.

Pero, además, padecer un sufrimiento incesante resulta agotador a todos los niveles, por lo que la capacidad para interactuar, mantener una actitud positiva y participar activamente en los vínculos emocionales se reduce de manera drástica.

Sentimiento de inutilidad e impotencia

Quienes padecen un dolor crónico ven muy limitada su capacidad para trabajar, debiendo recurrir a bajas frecuentes o incluso a pedir la incapacidad. Esto puede llegar a afectar seriamente al autoconcepto, especialmente en aquellas personas que lo tienen muy ligado a su rol laboral. Pueden surgir sentimientos de inutilidad y de fracaso que, al prolongarse en el tiempo, derivan en episodios depresivos y otros trastornos relacionados.

Por otro lado, la persona no solo no puede desempeñarse laboralmente, sino que tampoco puede realizar actividades de ocio. Ocuparse de las tareas domésticas, cuidar de los hijos, hacer ejercicio o realizar planes de ocio son actividades cotidianas para las que el individuo puede verse incapacitado, con lo que los sentimientos de culpa e impotencia se intensifican.

Aislamiento social

Todo lo anterior hace que la persona que padece dolor crónico termine aislándose de su entorno; en parte porque el mismo padecimiento puede requerir o exigir reposo y, en parte, por vergüenza y desesperación.

Sin embargo, el contacto social y las redes de apoyo son fundamentales para poder hacer frente a la enfermedad; sin ellas, es más probable que el malestar psicológico se intensifique ya que la persona pierde una importante fuente de refuerzo.

Sueño de mala calidad

El dolor crónico afecta profundamente al descanso; puede generar insomnio y un sueño fragmentado y de mala calidad. Paradójicamente, no dormir lo suficiente amplifica las sensaciones dolorosas por lo que se genera un círculo vicioso de difícil solución.

Además, la falta de descanso contribuye a que aparezcan, durante la vigilia, dificultades cognitivas y afectivas como baja concentración, irritabilidad e impulsividad. En definitiva, un sueño de baja calidad rompe los mecanismos que nos protegen de las enfermedades mentales.

Mujer con insomnio por dolor

Cambios en la identidad

Por último, otra de las formas en las que afecta el dolor físico a la salud mental es mediante la transformación de la identidad. Al recibir un diagnóstico o convivir con una patología crónica, la persona comienza a identificarse a sí misma como enferma, su autoconcepto cambia y su autoestima se debilita, poniendo en peligro su estabilidad psicológica y emocional.

El dolor físico afecta a la salud mental, ¿cómo actuar?

En definitiva, el dolor físico puede generar trastornos de ansiedad, depresión y graves daños a la autoestima. Por lo mismo, toda persona que lo padezca ha de recibir un adecuado acompañamiento psicológico. Ciertas psicoterapias han demostrado ser eficaces para reducir los niveles de dolor crónico, así como para mejorar la calidad de vida de la persona.

Si estás atravesando por una situación de enfermedad similar, desecha la culpa y la vergüenza; en caso de sentirlas, deja espacio a la ira, a la tristeza, a la impotencia y todas las emociones que se puedan derivar de la realidad que estás viviendo. Están ahí por una razón, para ser útiles, lo que será imposible si no te permites escucharlas.

Finalmente, no dudes en pedir ayuda para gestionar esta situación y evitar que el dolor termine por afectar a tu bienestar psicológico.

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