El duelo duele

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 23 noviembre, 2017
Paula Aroca · 21 septiembre, 2013

¿Quién no ha experimentado la traumática experiencia de perder a un ser querido? Todos hemos tenido que pasar en algún momento de nuestras vidas por un proceso de duelo. Las pérdidas pueden ser más o menos radicales, desde una separación de amigos o hijos que se alejan por circunstancias de la vida, un divorcio o la más radical, la muerte.

Y, aunque todas son dolorosas y nos mueven el piso, como casi siempre ocurren de forma misteriosa (y en ocasiones, inesperada), esas pérdidas nos presentan verdaderos desafíos que encierran una gran oportunidad para nuestro crecimiento personal.

“Cuando te sientas dolorido, mira de nuevo en tu corazón y deberías ver que estas llorando por lo que ha sido tu gran disfrute.”

-Kahlil Gibran-

Cuando el mundo se nos pone al revés

Hombre triste comenzando un duelo

Es inevitable que nos apeguemos a las personas, por muchas razones. La mayor y más importante es el afecto, pero también nuestros seres queridos, mientras nos acompañan, satisfacen muchas necesidades prácticas, haciéndonos la vida más fácil y cómoda.

Por eso, una pérdida implica quedarnos simultáneamente sin importantes puntos de apoyo en nuestra existencia, lo cual nos hace perder el equilibrio y vivir un difícil y doloroso, pero necesario período llamado duelo.

Al duelo hay que darle su espacio, no reprimirlo, porque nos guste o no nos guste, ser vulnerables es parte de nuestra naturaleza humana.

¿Cómo se vive el duelo?

Durante un duelo experimentamos fuertes síntomas de toda índole: físicos, psicológicos, mentales y sociales. Y cada persona los sufre en mayor o menor medida.

Joven triste por una pérdida

Aparecen síntomas como insomnio, falta de energía, resfriados y otras enfermedades oportunistas por la depresión del sistema inmunológico. También irritabilidad, inapetencia, pérdida o ganancia de peso; apatía, problemas de memoria y concentración; abuso de sustancias como alcohol, tabaco o drogas; tristeza, ira, culpa, aislamiento social, bajo rendimiento laboral, depresión y suicidio, entre otros.

La lista es impresionantemente larga, ¿no? Y lo peor es que no es verdaderamente exhaustiva, pues podría extenderse aún más. Sin embargo, la idea es mostrar la gravedad del asunto para entender que es necesario tener mucha paciencia y compasión con nosotros mismos en este difícil período.

Paciencia porque hay que tener claro que el duelo es un proceso normal y necesario, que nos permite reflexionar acerca del significado de lo sucedido y asimilarlo para poder seguir adelante.

Compasión porque la pérdida de un ser querido no es cualquier cosa y es normal que nos afecte profundamente y que necesitemos tiempo para procesarla.

Como cada persona es única, la manera de elaborar el duelo también varía, pero en términos generales, un duelo importante se supera en el término de uno o dos años.

Superando la ilusión

Aunque ya sabemos que el duelo es normal, por otro lado hay que evitar que este se transforme en algo más serio que nos impida salir adelante. Es necesario que también pongamos de nuestra parte y asumamos una actitud proactiva para poder ‘salir del hoyo’.

Algunas estrategias válidas para ‘ver de nuevo la luz‘ son pedir ayuda práctica y apoyo emocional a familiares y amigos; buscar asistencia psicológica o asistir a grupos de apoyo; practicar técnicas de relajación, meditación, respiración; también la oración (si es que la persona profesa algún credo) e incluso realizar ejercicio físico.

Mujer triste pasando el duelo

Ante todo, luchar contra la sensación de vacío

Pero, por encima de todo, hay algo que resulta clave para superarlo, y es ser consciente de las ideas que tenemos acerca de la pérdida del ser querido. Una creencia que empeora y perpetúa el duelo es la sensación de vacío, de pensar que sin esa persona no estamos completos, que la necesitamos para estar bien. Esto implica aferrarnos a esa persona en particular, lo cual hace su ausencia sencillamente devastadora.

Esta creencia es una ilusión, ya que absolutamente todo en esta vida es temporal y pasajero, y nuestra verdadera felicidad no está afuera, sino que, curiosamente, está dentro de nosotros mismos.

Por eso, a fin de cuentas, las pérdidas nos ayudan, pues al tiempo que vamos superando la etapa de duelo, vamos revalorizando ese invaluable tesoro que somos nosotros mismos. Es decir, aprendemos -aunque con dolor– que bien podemos valernos por nuestra cuenta y que, a pesar de todo, podremos seguir nuestro camino…

Esta esencial y hermosa verdad, que si logramos comprenderla e interiorizarla en toda su profundidad nos permite sobrellevar cualquier tipo de pérdida, es expresada sabiamente por Anthony De Mello en la siguiente frase: “Tanto lo que buscas fuera como aquello de lo que huyes, está dentro de ti”