El duelo duele

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
El duelo duele, y necesita tiempo para ser elaborado adecuadamente. No obstante, si nos acompañamos en el proceso podremos salir fortalecidos.
 

Generalmente entendemos el duelo como la pérdida de un ser querido, bien sea por fallecimiento o por ruptura de la relación. Sin embargo, este concepto hace referencia a cualquier pérdida importante que experimentamos en nuestra vida. Un amigo que se aleja, un empleo del que somos despedidos, un cambio de ciudad… Todas estas son situaciones susceptibles de desembocar en un duelo aunque, con frecuencia, no las percibimos como tal.

Perder algo (o a alguien) de gran valor para nosotros es una experiencia indiscutiblemente dolorosa, que nos sitúa cara a cara con nuestros temores y vacíos más profundos. El sentimiento puede resultar tan intolerable que, en ocasiones, adoptamos estrategias que únicamente agravan nuestro sufrimiento. El duelo duele, y hemos de dejarlo doler.

Hombre triste comenzando un duelo

¿Cómo nos afecta el duelo?

La vida que conocías ya no existe

El impacto del duelo no proviene únicamente del plano emocional. Es evidente que una ruptura sentimental o la muerte de un ser querido son acontecimientos devastadores. Nos quedamos solos y aturdidos, acompañados de un amor que ya no tiene destinatario. Sin embargo, la vivencia nos afecta de una manera mucho más amplia.

 

Al perder una persona o una situación a la que estábamos familiarizados también perdemos la comodidad de la rutina. Nuestro día a día se ve trastocado de forma profunda en los detalles más cotidianos. Perdemos un importante soporte que nos aportaba seguridad y enfrentamos el reto de reconstruir una nueva vida sin este elemento que ya no está presente.

Cuando ya no está tu pareja, gran parte de tu tiempo queda vacío. Si muere un gran amigo, su ausencia se hará más patente que nunca cuando necesites su amor y consejo y no tengas a quien llamar. Si te mudas de ciudad, ya no contarás con la comodidad de conocer a la gente y los espacios por los que desenvolverte.

Joven triste por una pérdida

Tu identidad se tambalea

Pero, además, la pérdida afecta profundamente nuestra identidad. En mayor grado cuánto más arraigado estuviese ese rol en nosotros. Por ejemplo, si tu profesión era una parte importante de tu definición como individuo, y te despiden. O si tu pareja era el pilar fundamental de tu identidad, si te percibías en gran medida a ti mismo como el marido / la mujer de… Es decir, al perder a esa persona o situación perdemos también la noción de quienes somos. Nuestra identidad se tambalea, nuestro lugar en el mundo pasa a ser incierto.

 

Enfrentas la sensación de fracaso

Adicionalmente, el duelo está en gran parte compuesto por un sentimiento de fracaso personal. Las personas vivimos generando expectativas, tenemos trazado un plan vital que tratamos de seguir y que, creemos, nos conduce al éxito. Así, al afrontar la pérdida también nos encontramos con que todas nuestras ilusiones quedan tumbadas de un golpe. De pronto, tu presente ha cambiado y la predicción que hiciste de tu vida exitosa ya no encuentra lugar.

Es frecuente sentir que hemos fracasado como individuos cuando un trabajo termina, una pareja se rompe o un amigo nos traiciona. Así, al dolor emocional se suma la decepción y la sensación de que somos insuficientes, de que somos un fracaso

Mujer triste pasando el duelo

El duelo duele

Viendo la magnitud del impacto a todos los niveles es sencillo comprender por qué el duelo resulta tan doloroso. Puede llegar a ser una experiencia desgarradora, cargada de ansiedad, tristeza, miedo, angustia y desesperanza. Sin embargo es un proceso natural al que hemos de otorgar el tiempo que corresponde.

Por más incómodo e intolerable que nos resulte, el duelo tiene que doler. No hay otro camino, no hay atajos posibles. Necesitamos tiempo para procesar la pérdida, los cambios y reconstruirnos como individuos. No podemos forzar la recuperación emocional. Y, además, estrategias como evadir el dolor y distraer nuestra mente 24 horas al día únicamente retrasarán la curación e incrementarán el sufrimiento.

 

Si deseas sanar has de permitirte sentir, y has de acompañarte en cada paso del camino. Llora, exprésate, escribe lo que sientes, déjalo salir. Comprende tus emociones y acéptalas, abrázate en tu dolor. Pero sigue trabajando por ti, enfócate en tus metas y en tu bienestar, actúa: la vida sigue adelante y tú también. Y recuerda siempre que todo es pasajero. Finalmente saldrás renacido y fortalecido de la tormenta y el sol volverá a brillar.

  • Flórez, S. D. (2002). Duelo. In Anales del sistema sanitario de Navarra (Vol. 25, pp. 77-85).
  • Cabodevilla, I. (2007). Las pérdidas y sus duelos. In Anales del sistema sanitario de Navarra (Vol. 30, pp. 163-176). Gobierno de Navarra. Departamento de Salud.