El rey león: despertando la nostalgia

9 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
Hacer un remake siempre es peliagudo, pero si además se trata de una película que apela al recuerdo de muchos, los problemas se acentúan. El Rey León es ese clásico sobre el que no hay dudas, la gran joya del Disney de los 90. Hoy, nos acercamos a las claves de su remake.

Disney le ha cogido cierto gusto a jugar con la nostalgia, a realizar remakes de aquellas películas que enamoraron a quienes fueron niños en los 90, durante la etapa que algunos denominan «Renacimiento Disney». Un público que, sin duda, acude a las salas de cine con el fin de volver al pasado, aunque luego salga molesto porque el remake no estaba a la altura. Una de las últimas llegadas es también una de las más queridas por esos recién estrenados adultos, hablamos del Hamlet de nuestra era, y ese no es otro que El rey león.

El periodo comprendido entre 1989 y 1999 fue una etapa gloriosa para los estudios Disney, en aquellos años se estrenaron títulos que hoy ya son clásicos: Mulán, Tarzán, Hércules, La Bella y la Bestia, La Sirenita y, por supuesto, El rey león.

Disney había dado un giro a sus producciones, se hacían películas de gran calidad que incluso los adultos podían disfrutar. Llegaron en un momento todavía lejano a las nuevas tecnologías, pero con los suficientes avances como para llevar la magia de la animación a cotas jamás alcanzadas.

El entretenimiento de los pequeños provenía de estas producciones, internet todavía era una fantasía del futuro y la experiencia del cine era -valga la redundancia- una experiencia absolutamente emocionante.

Entre todos estos filmes, El rey león brilla con luz propia, es la película en boca de todos, nadie puede odiarla y solo puedes rendirte a ella. Esta fascinación la ha llevado a convertirse en un musical que sigue llenando teatros y, como era de esperar, los estudios Disney han querido volver a sacar tajada con un remake.

¿Qué supone esta nueva versión del clásico? ¿Qué actualizaciones han realizado?

¿Por qué un remake?

Para responder a esta pregunta, en este caso concreto, podría bastar con un: porque es rentable, muy rentable. Pero la cosa podría tornarse algo más compleja. Es cierto que el público acudirá en masa a ver la nueva versión de un clásico de su infancia, pero también es cierto que, ante los remakes, solemos ser muy críticos -a veces, de manera injusta-.

El caso que hoy nos ocupa, presenta, además, una particularidad. Mientras en otros clásicos de Disney podemos encontrar discrepancias entre el público que termina por autorizar la libertad creativa de los cineastas, con El rey león existe una absoluta unanimidad. Para muchos, se trata de una de las mejores películas de Disney; para otros, la mejor con diferencia e incluso puede encontrarse en listas que no solo incluyen películas de animación.

Así, la nostalgia y la más absoluta devoción juegan en contra de toda libertad creativa. Es decir, El rey león se convierte, de alguna manera, en intocable. Ya no hay opción de modificarla, cambiarla o adornarla, cualquier elemento añadido -por bien intencionado que sea- será susceptible de crítica.

Los motivos que pueden llevar a hacer un remake son muy diversos, desde contar la historia desde otro punto de vista hasta actualizar sus valores, pasando por un alejamiento intencionado del original. Aquí, el punto interesante es que El Rey León es, en sí mismo, un remake o adaptación de Hamlet que, trasladado al reino animal, nos presenta algo muy similar a la obra de Shakespeare.

Tras ver la versión de 2019, nos damos cuenta de que sus creadores eran muy conscientes de lo difícil que era tocar el clásico, por ello, han permanecido muy fieles -incluso en exceso- al original. En este sentido, cabe preguntarse entonces cuál era la necesidad del remake. ¿Era la nostalgia? ¿Devolver a los nuevos adultos a la infancia, al «Renacimiento de Disney»? ¿O tal vez la única razón son los motivos económicos?

Sea como fuere, logra su cometido, el público acude a las salas de cine y se deja llevar por el elemento nostálgico, muy bien apoyado por la banda sonora que rescata temas inolvidables de la original.

Igualmente, se convierte en un filme disfrutable, con una gran calidad visual, pero del que probablemente nos olvidemos en unos años. Quizás, era prescindible, apenas muestra nada nuevo; pero tal vez, tampoco queríamos nada nuevo, sino ese prometido viaje a la más tierna infancia.

La huella de Hamlet

Como hemos avanzado, El rey león se inspira en Hamlet; las similitudes son más que evidentes, pero han sido puestas en escena en un tono más amable y cercano al público infantil. Hamlet fue absolutamente innovadora en su época, profundizó en los personajes y en los aspectos psicológicos, algo que rompía con la tradición. La tragedia ha influido enormemente en la literatura universal y no hay duda de su papel de clásico.

El Rey León, además de tomar la obra como referente, se centra en las emociones, en los sentimientos y las motivaciones de sus personajes. Trazando así una historia que, a pesar de estar narrada por animales, encontramos profundamente humana.

Shakespeare no solo hablaba de venganza en Hamlet, sino que desmenuzó la naturaleza humana, dibujando unos personajes que han dado lugar a infinidad de análisis desde muy diversas perspectivas. En El rey león, conocemos mejor a Mufasa y ahondamos más en la relación entre padre e hijo, de esta manera, se justifica enormemente la venganza y se logra la empatía del público infantil.

Así, El rey león no solo se parece a Hamlet en su argumento, sino también en el propio papel que desempeña en el imaginario colectivo y en los estudios Disney. Aúna drama, comedia, música y nos hace partícipes de la tragedia de la muerte de un ser querido.

El rey león supone una visión más profunda de los personajes, dejando a un lado la visión demasiado infantil que caracterizaba al cine de animación y llegando también a un público adulto.

Simba y Zazú

El Rey León: la importancia de nuestro planeta

Aunque apenas altera la trama original, El Rey León de 2019 presenta cierto discurso que, pese a encontrarse presente en los 90, ha sido actualizado y dotado de un valor añadido. Hablamos del mensaje latente en toda la película y que se hace explícito en varios personajes: el uso que hacemos de los recursos, el valor de la naturaleza.

El ciclo de la vida es la clave del filme, Mufasa le explica a Simba la importancia de comprender que todos los seres somos fundamentales, desde los animales hasta las plantas. Si la avaricia termina por corrompernos y comenzamos a abusar de los recursos que nos da la tierra, el ciclo se rompe y, con ello, se imposibilita la vida.

Ellos, como leones, podrían ser los «fuertes», pues son los que se alimentan de otros animales herbívoros. Sin embargo, Mufasa recalca la importancia de que sus cuerpos, tras la muerte, terminarán por alimentar la tierra en la que nacen las plantas que, a su vez, serán consumidas por los herbívoros.

Así, si todos contribuyen y no abusan de su condición, la vida será armoniosa y posible, aunque a veces pueda parecernos injusta.

Scar será el personaje que encarne la avaricia, la corrupción por el poder y el deseo de poseerlo todo. Poco le importa que el resto de animales de su reino mueran de hambre, que en la tierra ya no broten las plantas… De esta manera, vemos como Scar contribuye a la destrucción de su propio mundo.

Este mensaje establece un claro paralelismo con nuestro planeta, con la emergencia climática en la que nos encontramos y con los problemas que derivan de un reparto desigual y abusivo de los recursos. Sin alejarse del original, recupera un mensaje y lo traslada a nuestra actualidad más cercana, haciendo que el público se identifique con lo que ve en pantalla.

El rey león siempre será el clásico de los clásicos de Disney y, probablemente, dentro de unos años, ni siquiera recordaremos esta nueva adaptación. Seguramente, no la veamos cientos de veces como hicimos con la primera.

Esto no quitará para que la nostalgia se apodere de nosotros durante su visionado, haciéndonos recordar nuestra infancia, queriendo volver a ver la original y obligándonos a cantar esas canciones que, para muchos, forman parte de la banda sonora de nuestra vida.