El Rey Midas, un mito áureo

30 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador Juan Fernández
De entre todos los mitos que el Reino de Frigia nos ha dado el más famoso es el que narra la historia del Rey Midas. La leyenda contiene un enriquecedor mensaje y un motivo histórico.

A finales del segundo milenio antes de Cristo, colapsa en la península de Anatolia el Imperio Hitita, tras los ataques de los enigmáticos Pueblos del Mar. El vacío de poder es aprovechado por distintos grupos, entre ellos los frigios, procedentes de los Balcanes. El Reino Frigio legará al Mundo Antiguo parte de su cultura y sus leyendas, algunas de las cuales han llegado hasta nuestros días. Desde expresiones como «nudo gordiano», referida a problemas que requieren soluciones creativas, pasando por el clásico gorro frigio símbolo erróneamente del republicanismo, hasta su rey más famoso: Midas.

El reinado del mítico Rey Midas debió situarse aproximadamente en el siglo VIII a. C. y supuso el culmen del poder frigio. Durante este tiempo, Anatolia estableció fuertes y frecuentes relaciones con el orbe griego. Será a través de los relatos griegos, o bien a partir de las interpretaciones que los romanos hicieron de ellos, como conoceremos la historia de este pueblo.

Mano de oro

Una leyenda intemporal

Será precisamente el poeta romano Ovidio quien nos traslade la versión definitiva del mito. Según su lírica, Midas habría sido un monarca que logró capturar al genio Sileno. Este vivía libre en un jardín de Macedonia, pero no pudo zafarse de la astucia de Midas, que sustituyó el agua de la fuente donde bebía Sileno por vino. Ya embriagado, pudo capturarlo sin dificultad, y fue entonces cuando comprendió su naturaleza. Decidió entonces entregárselo a Dionisio, quien encantado de recuperarlo decidió otorgar a Midas el don que desease.

En un primer momento, la capacidad para trasformar objetos le fascinó. Comenzó a convertir en dorado metal todo tipo de objetos, primero los más pobres y luego los mismos elementos de su palacio. Aún gozoso, metamorfoseó espigas de cereal, frutas en incluso el agua que resbalaba en sus manos. Pero como es bien sabido, el obsequio contenía un ardid; así, cuando necesitó comer o beber los propios alimentos, estos no resistían su contacto. En el relato de Ovidio, Dionisio acepta la humildad descubierta por el rey y le desprende en un baño en el río Pactolo de su fatídico talento.

«Que todo lo que toque con mi cuerpo se convierta en resplandeciente oro»

-Rey Midas en la Metamorfosis XI, 85 Ovidio-

¿Quién es Midas?

Tal vez el cuento ha perdurado hasta nuestros días por su efectividad para denunciar la codicia. Lejos de ser una fantasía irreal, la historia de Midas es la de aquellos que valoran más la riqueza que las necesidades humanas. La enseñanza que transmite no es otra que una de las primeras exposiciones de la sentencia mil veces repetida «el dinero no da la felicidad» de la misma forma que el oro no satisface el alma. Al fin y al cabo, el oro no se come.

Más allá del mito, Midas rey

La historia es obviamente legendaria, pero los nexos con el personaje se pueden rastrear. De todos los reyes de Frigia, fue Midas el más poderoso, y también el más rico. Tanto sus tierras de origen como el establecimiento de los frigios del momento eran ricos en yacimientos auríferos. A ojos de sus vecinos griegos debió de ser un reino esplendoroso.

Pero el éxito de Midas no tuvo nada que ver con la intervención de Dionisio. El complejo equilibrio de poder de Próximo Oriente y Asia Menor fue visto por el gobernante como una posibilidad de promoción.

Sabemos que intrigó contra Sargón, rey asirio, y para ello colaboró con Armenia. También buscó expandirse hacia Cilicia y apoyar levantamientos populares en Capadocia. Todo esto no impidió, en su momento de mayor poderío, ignorar a aliados como Urartu en pos de la protección de antiguos enemigos como Asiria. Fue la inteligencia política, y no el oro, la gran clave de su éxito.

Mano con oro

La muerte de Midas

Quizá temeroso de los dioses, quizá deseoso de demostrar su poder, sus lujosas ofrendas al santuario de Delfos nos fueron narradas por Heródoto. En contra de algunas versiones de su fábula, Midas no murió de inanición ni convertido el mismo en oro. En un momento dado, la crisis y las invasiones alcanzaron su reino y los asirios le negaron su protección. Así, antes de ser asesinado, el rey decidió ingerir un veneno mortal.

Su reino aún le sobreviviría varias décadas hasta desaparecer como entidad independiente. Su tumba aún esperaría la llegada de Alejandro Magno, quien cortaría el nudo gordiano imposible de desatar que amarraba su carro funerario. Señal de que sería el conquistador de Asia.

  • Ovidio (2008). Metamorfósis, Gredos.