En terapia: qué hacer cuando las tareas no se hacen

23 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Parte del cambio terapéutico se relaciona con el cumplimiento de las tareas por parte del cliente. No obstante, cuando estas no son cumplimentadas se asume que el individuo no quiere cambiar. En este artículo, se presenta la resistencia de no elaborar las tareas en el marco de una terapia, cómo atajar esa resistencia y explicar por qué suele ser un problema o error del terapeuta y no del cliente.

Las resistencias de los clientes que vienen a terapia son actitudes, conductas o cogniciones que pueden llegar a retrasar o evitar el cambio terapéutico. Algunas de esas resistencias se presentan en una primera etapa de evaluación, donde por ejemplo el cliente puede llegar a cuestionar el tratamiento propuesto, negarse a hablar de forma sincera, responder a las preguntas del terapeuta de forma escueta y con muy poca información, rebatir al profesional constantemente por su poca edad o experiencia o no hacer las tareas.

A pesar de que muchas veces estas resistencias vienen definidas por intervenciones poco adecuadas en la etapa motivacional, en la cual se encuentra el cliente, un gran número de terapeutas opta por verter toda la responsabilidad en los hombros de los clientes, aludiendo pasividad, tozudez o interés por boicotear la terapia.

Las resistencias son asunto del terapeuta

El terapeuta puede, sin duda, poner fin a la terapia si observa que esta ya no es provechosa para el cliente. No obstante, asumir que este ya no quiere o no puede ser tratado en sesión a partir de resistencias que presenta no es la manera más conveniente de actuar.

Desde el enfoque motivacional en terapia —que podemos observar por ejemplo en la entrevista motivacional, basada en ajustar el estilo en terapia a las diferentes etapas de cambio del cliente— se asegura que las resistencias del individuo son problemas del terapeuta, y no del primero.

Por ello, más que convencerse de que el cliente no quiere ser tratado y de que no va a mejorar, lo más recomendable sería recoger esas resistencias y reflexionar sobre qué ha podido provocar que el cliente ponga barreras para el cambio. Puede que sea el tipo de terapia o que el trabajo que se realiza en ella no es apropiado para las características de la persona.

Para ello es bueno exponer la problemática en sesión, pues la sinceridad y la genuinidad son especialmente relevantes a la hora de establecer una buena relación terapéutica y encontrar soluciones a la resistencia que se plantea.

Psicólogo haciendo terapia cognitiva

Ejemplo de resistencia: la edad del terapeuta

La situación que nos puede atañer es que el cliente ponga en duda la profesionalidad del terapeuta por no tener el pelo cano, un frondoso bigote o no vestir un traje chaqueta. Lo que puede quedarse en un mero comentario al inicio del tratamiento, puede después convertirse en una resistencia, en la que el cliente cuestione al psicólogo, ponga en duda que lo que se plantea en sesión vaya a ser de alguna utilidad o estime que la edad del terapeuta es insuficiente para trabajar ciertos temas, desde cuestiones relacionadas con hijos hasta problemas sexuales o de pareja.

Atajar la contrariedad y utilizar ciertas estrategias, cómo las planteadas anteriormente, pueden tornar unas expectativas de tratamiento aparentemente intrincado en una oportunidad para fortalecer la alianza terapéutica.

Algunas de las estrategias que propone Labrador (2011) en su manual Situaciones difíciles en terapia se relacionan con explicitar el problema y preguntarle al cliente por sus reservas y por las habilidades que cree que él no tiene. Además, también es recomendable buscar los puntos fuertes a la juventud del terapeuta, como por ejemplo la motivación o su contacto con los avances psicológicos más recientes por salir de un entorno académico.

¿Qué se puede hacer para que el cliente elabore sus autorregistros?

Durante la evaluación y la propia intervención, es muy posible que el cliente no haga sus tareas. Incluso aquellas más básicas como un autorregistro (AR) simple se perfilan harto significativas, pues son necesarias para la realización del análisis funcional y la elaboración de un plan de tratamiento.

Por ello, es sumamente importante conseguir que el cliente traiga hechos sus autorregistros cada semana. Se presentan algunas estrategias para conseguirlo:

  •  No asumir que el cliente ha entendido nuestra explicación de cómo hacer un autorregistro. Puede que no hayamos sido claros o que nuestro lenguaje no se haya adecuado a las necesidades del individuo. Por ello, si es necesario, volver a explicar en qué consiste la tarea.
  • Motivar e incidir en el valor que tiene la tarea. Insistir en que los AR, a pesar de ser útiles para nosotros, en realidad son valiosos para ellos, y que no hacerlos va en contra de lo que ellos quieren conseguir.
  • Asegurarse de que la manera en la que pedimos los AR es la adecuada. En vez de decir “tienes que completarme los AR, tráemelos para el próximo día”, sería mucho más conveniente motivar e incidir en que el trabajo es de ambos y las tareas son útiles para ambos.
  • Cerciorarnos de que el soporte y material para hacer el AR es el adecuado. Los niveles educativos y socioculturales de nuestros clientes pueden llegar a ser muy distintos entre sí y aunque lo normal es pensar que un lápiz y un papel son herramientas que todo el mundo sabe utilizar, esto no es del todo así.

Hay personas, que por sus ocupaciones no pueden llevar consigo un trozo de papel allá donde van; otros no son doctos en el arte de la escritura, y puede ser algo que les genere ansiedad y por ello no quieran hacerlo. Otros pueden ser tan olvidadizos que ni siquiera se acuerden de apuntar nada durante el día y al ponerse a escribir por la noche se les haya olvidado todo.

Por ello, plantear otras opciones como escribir los AR en el móvil, grabarlos o utilizar aplicaciones como Mentalcheck o Self-Monitoring puede ser de gran utilidad para ayudarnos a pasar la barrera de los AR incompletos y poder realizar una evaluación sobresaliente.

  • Establecer ayudas externas. Por ejemplo, si al cliente se le olvida rellenar sus AR, se puede enviar un mensaje de texto a mitad de semana como recordatorio, establecer una serie de alarmas en terapia o elaborar recordatorios para ser colocados en lugares visibles.

Psicólogo con paciente hablando sobre la técnica del rol fijo

Condicionar la terapia como última opción

Si llevando a cabo todos estos ajustes, el cliente sigue sin traer los AR y no parece haber ninguna cuestión de peso que lo esté provocando, como último recurso se puede confrontar al cliente y condicionar la terapia a que los AR se hagan para la semana siguiente.

Condicionar la terapia consiste en llamar al cliente el día anterior a la cita y preguntarle si los AR se han completado. Si la respuesta es negativa, se cancelará la sesión del día siguiente y así sucesivamente. Desde luego que esto se ha de plantear como último recurso pues, aunque los AR son esenciales para la práctica clínica, muchos pacientes no pueden posponer el tratamiento por la naturaleza de sus dificultades.

El objetivo último de las intervenciones planteadas anteriormente es ofrecer al cliente la terapia más adecuada, eficaz y útil para la problemática que presenta y se deben de poner en práctica al considerar una tarea indispensable. Si existe la posibilidad de cambiar el tipo de tarea o eliminarla y buscar otros medios para llegar a nuestro objetivo, esta será la opción más recomendada.

  • Labrador, F. (2011). Situaciones difíciles en terapia. Madrid: Pirámide.