La función emocional de la ansiedad

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 15 junio, 2017
Mariana Luque Santoro · 24 noviembre, 2014

A menudo, la ansiedad es uno de los grandes problemas con los que debemos lidiar actualmente. A pesar de que su presencia nos genera reacciones fisiológicas que pueden ser muy desagradables y que pueden interferir con nuestra vida diaria, su existencia no es casualidad y puede tener cosas muy útiles que decirnos. 

La ansiedad y su función emocional

No podemos perder de vista que la ansiedad, como todas las emociones, cumple con alguna función para el ser humano, de lo contrario, probablemente habría desaparecido a lo largo de la evolución. La clave central de su función es que sirve como una alarma que indica a nuestro cuerpo que está atravesando una situación de peligro, ayudando a centrar nuestra atención en esto y ponernos en marcha para responder a ella.

Dado que los problemas a los que nos enfrentamos en esta época suelen ser más por aspectos relacionales o intelectuales, y menos en respuesta a amenazas externas a nuestra integridad física, la elevada activación fisiológica que suscita la ansiedad puede resultar excesiva si no se libera adecuadamente. ¡Ya no hay depredadores de los cuales debemos huir! Sin embargo, por ejemplo antes de un examen o un reto laboral, si ésta es proporcional y se canaliza apropiadamente, puede darnos la motivación necesaria para estudiar y/o trabajar en ello.

Pero… ¿Qué tiene que decir sobre nuestra vida existencial?

¡Pero esto no lo es todo! la ansiedad es más que un simple síntoma. Algunas corrientes de la psicología, han señalado que en muchas ocasiones, los problemas de ansiedad reflejan conflictos sobre temas existenciales. Es decir, aquellos temas que son ineludibles a todos por el simple hecho de que estamos en este mundo, y que son piezas fundamentales del sentido de nuestra vida. Tales como la muerte, las pérdidas, la enfermedad, el sufrimiento, la trascendencia, la libertad, el compromiso, etc…

Estos temas pueden conducirnos a experimentar problemas de ansiedad, ya que de alguna manera expresan límites propios de nuestra condición humana, que podemos vivir como una amenaza. Como por ejemplo, la enfermedad o la muerte, que nos enfrentan a nuestra vulnerabilidad y al hecho de que no podemos vivir para siempre. Además, éstos suelen llevarnos a tener que dar respuestas inevitables y tomar decisiones que nos hacen madurar, pero que pueden llevarnos al fracaso.

La vivencia de una experiencia traumática o de falta de apoyo, en la que nos enfrentamos a una situación en la que la realidad nos hace cuestionar nuestra identidad o lo que hemos sido hasta el momento, puede haber ocasionado que quedemos emocionalmente estancados y sin resolver una etapa determinada. Esto, genera que tengamos dificultades posteriores a la hora de enfrentarnos a situaciones que requieren de esas habilidades que no fueron plenamente desarrolladas. Pero además, puede favorecer la aparición de problemas de ansiedad, que se disparan ante eventos u objetos que simbólicamente guardan relación o son análogos a la situación de conflicto, como una vía de drenar la angustia.

Pensemos por ejemplo en una experiencia negativa en la adolescencia, en la cual, ante la libertad de tomar decisiones acerca de qué ser en el futuro, por presión familiar se nos forzó a optar un camino que no deseábamos. Esto, además de poder generar dificultades posteriores a la hora de  enfrentarnos a situaciones desafiantes de toma de decisiones, pudiera desencadenar posiblemente, crisis de ansiedad ante contextos o eventos que por sus características físicas, remiten a escenarios sin salida. Por ejemplo, una multitud, una cola del autobús, un ascensor, etc… Realmente las características cerradas de estos espacios, no son la causa de la ansiedad, sino el análogo de la sensación de no tener escape, que tiene su origen en esta situación conflictiva previa y no nos permitimos expresarla.

Saquémosle provecho a la ansiedad

Cuando padecemos algún problema de ansiedad, más allá de ser producto de una rutina muy colapsada, malos hábitos de sueño o algún evento puntual que nos demande demasiado, puede ser una llamada de auxilio más encubierta sobre alguno de los temas fundamentales de nuestra vida. Al ser éste el posible problema de fondo, es necesario atenderlo, de lo contrario, seguirá buscando manifestarse a través de ésta u otras vías.

No nos quedemos sólo con que éste es un problema bastante desagradable, sino que puede ser una oportunidad de enfocarnos y atender temas pendientes de nuestra vida, que nos harán crecer y madurar. El hacernos conscientes de qué puede intentar decirnos nuestro cuerpo y a darle significado, ¡ya es un paso muy importante para resolverlo! Podemos ponernos en marcha para aprovechar esta oportunidad, en compañía y apoyo de un psicólogo y/o a través de otras alternativas que nos ayuden en este crecimiento. ¡No lo dejemos pasar!