Ilusionarse, la capacidad que da impulso a tu vida

25 Junio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Nunca es tarde para volver a ilusionarnos. Mereces sentir una vez más esa emoción, la misma que te hace creer que todo es posible cuando deseas algo, esa que aviva de nuevo las esperanzas en que todo lo mejor puede estar a la vuelta de la esquina.
 

Ilusionarse por un nuevo amor o por ese trabajo en el que acabamos de empezar. Ilusionarnos por un cambio necesitado, ese que nos permitirá acercarnos un poco más a nuestros sueños y metas personales… Pocas emociones son tan revolucionarias, tan intensas y vivificantes como ese sentido de esperanza capaz de sanarnos y de situar nuevas perspectivas en nuestro horizonte.

Si tuviéramos que hablar de un componente poderoso que integra el bienestar psicológico, este sería sin duda la ilusión. Cuando esta capacidad está presente casi todo es posible; es entonces cuando las personas aunamos motivación, recursos, creatividad y esfuerzos por dar forma a eso que tenemos en mente. La ilusión es el hilo que enhebra la felicidad y teje el sentido a nuestras vidas.

Si falta esta dimensión, todo se viene a bajo. Al fin y al cabo, los estados depresivos no se definen precisamente por «estar tristes» sino por la falta de ganas, la ausencia de sentidos, significados y razones para levantarse. Lo opuesto a la ilusión no siempre es la desilusión, en gran parte de los casos es la «nada». El no sentir y perder por completo la capacidad de emocionarnos por algo o alguien.

Nadie merece una existencia así. Las ilusiones deben formar parte de nosotros, ser un aspecto más de nuestro ser y renovarlas cada poco, alimentándolas con nuevos sueños, con nuevas personas que conocemos y nos abren sus puntos de vista para seguir aprendiendo. Ilusionarse no es por tanto cosa de niños. Es un motor que debe estar presente a cualquier edad y en cualquier circunstancia.

 

«No te desprendas de tus ilusiones. Cuando se hayan ido, es posible que aún existas, pero habrás dejado de vivir».

-Mark Twain-

Pareja de adultos feliz

Ilusionarse, la emoción más poderosa

Dentro del universo de las emociones, ilusionarse configura el verbo más revulsivo. Forma parte de esa galaxia psicofisiológica en la que se integran también la alegría, la esperanza, la confianza, el júbilo e incluso el placer. No obstante, es más que un estado de ánimo porque con ella se da impulso a las expectativas, fuerza a la motivación y metas a nuestra mente

Decía el escritor Gilbert K. Chesterton que la ilusión es como un esplendor, ese que nos da la confianza de que al cruzar la esquina, encontraremos algo fabuloso. Vivir con esa sensación, empezar el día con ese sentimiento adherido a la mente configura un estado de gran bienestar psicológico que siempre deberíamos promover.

Charles R. Snyder, uno de los psicólogos más destacados en el campo de la psicología positiva y editor del Journal of Social and Clinical Psychology, enunció a mediados de los 90 la teoría de la ilusión y la esperanza. Según este enfoque, cuando una persona es capaz de ilusionarse por algo en concreto, esa sensación acaba revertiendo en muchas más áreas de su vida.

 

Por ejemplo, cuando logramos un trabajo que nos motiva, nos ilusiona y nos ofrece perspectivas de desarrollo, también nos sentiremos bien en los pequeños aspectos del día a día, con nuestra pareja, familia, amigos… Todo ello se debe básicamente a que la ilusión enciende una serie de dimensiones, como la esperanza, la creatividad y esa capacidad tan poderosa como es el entusiasmo.

A veces, la ilusión se desvanece como acuarela en el agua

Es cierto, en ocasiones, resulta muy complicado ilusionarse con algo o por algo. Sabemos de la relevancia de esta emoción para nuestro crecimiento, para orientar nuestra acción hacia una cima. Ahora bien, hay épocas en las que esta nube dorada se escapa de nuestras cabezas y dejamos de atisbar esperanzas para ver solo obstáculos y dificultades.

Desde un punto de vista psicológico, tenemos claro que algo así resulta devastador. Alguien sin ilusión deriva en la indefensión y en el territorio de la angustia y la negatividad. Porque esta emoción activa lo que conocemos como sistema dinámico de motivación cognitiva.

Para entenderlo de forma sencilla, este estado de ánimo es capaz de producir una serie de cogniciones (pensamientos) que conducen a la resolución de problemas, a la planificación de estrategias, a monitorearnos a nosotros mismos para lograr algo o cuidar de aquello que tenemos y que nos satisface.

De este modo, si la ilusión se desvanece como acuerela en el agua, dejamos de empoderarnos en la vida.

 
Perfil persona con colores en la cabeza pensando en Ilusionarse

Ilusionarse de nuevo siempre es posible

La ilusión es la luz de un faro que en ocasiones se apaga. Es entonces cuando nos quedamos perdidos, a la deriva, en un mar de oscuridad sin saber a dónde dirigirnos. Ahora bien, para volver a encender esa maquinaria tan poderosa debemos entender un sencillo aspecto.

Siempre es posible ilusionarse de nuevo pero esa emoción no se encenderá si estamos estamos atrapados por las rutinas, por una férrea cotidianidad en la cual, no dejamos espacio a lo nuevo o lo imprevisto.

Hay que innovar. Debemos atrevernos a hacer cosas diferentes, conocer gente, abrirnos a otras perspectivas y aprender de ellas. La ilusión necesita muy poco para encenderse y cuando esto ocurre, se activa la imaginación, la esperanza y el entusiasmo. Siempre es buen momento para intentarlo, para escapar de lo predecible y abrazarnos a lo imprevisto.