La relación entre los pensamientos intrusivos y la depresión

29 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
La rumiación depresiva se alimenta de algo más que por la preocupación constante. Es decirnos a nosotros mismos que ya no podemos más, que nada tiene solución y que el futuro es poco más que un abismo oscuro. ¿Qué podemos hacer en estos casos?
 

«Esto me supera, no hay salida, las cosas van a ir cada vez peor…». Los pensamientos intrusivos y la depresión guardan a menudo una estrecha relación. Es lo que se conoce como rumiación depresiva y, en muchos casos, aboca a la persona a un estado de indefensión profunda, a una realidad psicológica debilitante que se ve cada vez con mayor frecuencia.

A menudo, solemos relacionar los pensamientos repetitivos como un efecto exclusivo de los trastornos de ansiedad. Ahora bien, estas condiciones suelen ser más complejas de lo que podamos creer. En primer lugar, es necesario tener en cuenta que la ansiedad mantenida en el tiempo puede derivar en ocasiones en un estado depresivo. En ocasiones, pueden incluso presentarse juntas, dando forma a lo que se conoce como trastorno mixto ansioso-depresivo.

Sea como sea, hay algo evidente: las ideas recurrentes, las imágenes que surgen de manera espontánea construyendo escenas mentales catastróficas por donde no cabe ni un hálito de luz para la esperanza, no resultan solo agotadoras. El pensamiento intrusivo recorta nuestro equilibrio, nuestra capacidad para razonar, tomar decisiones y ser capaces de afrontar las dificultades con autocontrol.

Es necesario detectar estos procesos y manejarlos. Profundicemos un poco más en este tema.

Hombre preocupado por los pensamientos intrusivos y la depresión
 

Pensamientos intrusivos y la depresión ¿cómo se relacionan?

Susan Nolen-Hoeksema era una profesora de psicología en la Universidad de Yale conocida por sus investigaciones sobre los trastornos del estado de ánimo. Es ella quien más trabajos e investigaciones ha aportado sobre la relación entre los pensamientos intrusivos y la depresión.

Así, entre sus libros más conocidos están desde Mujeres que piensan demasiado, Women conquering depression y su manual más interesante: Depresión rumiante, diagnóstico y tratamiento.

Algo que deberíamos considerar en primer lugar sobre este tipo de procesos mentales es que no siempre se relacionan con «estar ansioso». Tal y como hemos señalado al inicio, es común asociar los pensamientos obsesivos o rumiantes con esos estados de ansiedad en los que la persona no deja de darle vueltas a ciertas cosas, alimentando así el nerviosismo, la preocupación, la angustia.

En esta realidad psicológica en la que la mente está cautiva de una depresión, damos un paso más allá. Es sobrepasar la propia ansiedad para llegar a un círculo más peligroso, más debilitante psicológicamente hablando. Veamos las características.

Pensamientos intrusivos pasivos: no tengo control sobre nada

La relación de los pensamientos intrusivos y la depresión parten de un hecho: lo que pienso me dice que todo va a terminar mal. Mientras en los estados de ansiedad pueden aparecer cuestiones como «¿y qué voy a hacer cuando esto pase?» o «¿y si ocurre esto otro y no estoy preparado?», en la rumiación depresiva no hay dudas, la persona asume que haga lo que haga todo va a salir de manera negativa.

 

Ese enfoque pasivo no deja espacio a la búsqueda de soluciones. La persona se siente incapaz de buscar opciones, relativizar, reflexionar sobre las cosas desde un punto de vista más esperanzado. Esto ocurre sobre todo cuando hemos pasado por un largo periodo de ansiedad; al final, la mente se agota y cae en la indefensión, en el negativismo persistente.

De este modo, los ejemplos más comunes que nos demuestran el vínculo entre los pensamientos intrusivos y la depresión son los siguientes:

  • Pensamiento excesivo. La persona cae en estados en los que la mente nunca se detiene. Algo así genera agotamiento mental y físico.
  • La mente no solo tiene tendencia a imaginar lo peor, sino que además la persona le da plena veracidad a lo imaginado.
  • La persona es incapaz de ver o valorar hechos positivos o esperanzadores. Su enfoque siempre le hará ver matices adversos y fatalistas.
  • Los errores leves se magnifican.
  • Asimismo, hay otro hecho: uno se acostumbra de tal modo a este estilo de pensamiento, que ya no puede poner atención al mundo externo, a lo que le dicen otros, a los estímulos positivos de su entorno.
Mujer con pensamientos intrusivos y la depresión
 

Pensamientos intrusivos y la depresión: ¿cómo manejar esta realidad?

Los pensamientos intrusivos tienen una norma no escrita: cuanto más te esfuerces por controlarlos, más aumenta su intensidad. Parece una ironía pero es así, la mente al fin y al cabo produce todos esos procesos de manera automática y decirnos aquello de «no voy a pensar en un elefante rosa» lo que provoca es que solo veamos esta imagen una y otra vez.

Lo más adecuado es seguir alguna de estas pautas:

  • Esos pensamientos vienen motivados por un estado emocional concreto: analízalo. ¿Sientes miedo, angustia, tristeza? Tal vez sea un cúmulo de muchas sensaciones que debas desgranar una a una. Hazlo sin juzgarte, dejando espacio y presencia a esas emociones.
  • Acepta esos pensamientos intrusivos, no te resistas ni quieras bloquearlos. Es más, lo que puedes hacer es registrarlos, lleva un diario y apunta esas ideas que te vienen a la mente. Una vez los tengas registrados, analízalos: ¿qué los motiva? ¿tienen lógica y sentido? ¿te sirve de algo tener esos pensamientos? ¿estás haciendo algo para racionalizarlos o quitarles poder?

Lo más adecuado en estas situaciones es acudir a un profesional especializado. Tal y como hemos señalado, es común que después de pasar por un largo periodo con ansiedad, nuestra mente derive en un estado más complejo, ese que apunta ya a un trastorno depresivo. En estas situaciones, es recomendable tener ayuda experta.

Cuando la mente nos hace cautivos del sufrimiento es de valientes comprender que necesitamos apoyo, estrategias para recuperar el control y el bienestar.