La meditación en la infancia: cultivando desde pequeños nuestro jardín interior

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 julio, 2017
Irati Novella · 7 julio, 2017

La meditación es una técnica de salud y bienestar que tiene grandes repercusiones para todos: hombres y mujeres, ancianos, adultos, jóvenes y, por supuesto, también niños. No es suficiente con cuidar el cuerpo, también ayuda cuidar la mente y para ello la técnica que te presentamos hoy resulta muy apropiada.

La meditación tiene una gran repercusión positiva en el crecimiento y desarrollo integral de los más pequeños. Está demostrado que los niños que meditan obtienen mejores calificaciones escolares. Y es que esta técnica tiene múltiples beneficios e implicaciones psicoeducativas y emocionales positivas. Además de contribuir al bienestar de los niños, mejora su capacidad de concentración, relajación, creatividad y resiliencia.

“Si a cada niño de 8 años en el mundo le enseñáramos a meditar podríamos eliminar la violencia en el mundo en una sola generación”.

-Dalai Lama-

En edad adulta, la meditación nos enriquece en muchísimos aspectos, no solo a nivel psicológico y emocional, sino también a nivel físico. En los niños sucede algo similar, aunque con beneficios asociados también a su aprendizaje. Al fin y al cabo la meditación es un tipo de gimnasia o entrenamiento mental y practicándola el niño consigue que su atención permanezca ágil de manera que le será más, fácil, por ejemplo, adquirir nuevos conocimientos.

¿Por qué es tan importante la meditación para los niños?

Vivimos en la era de la “sobreestimulación”. Televisión, internet, juegos interactivos, agendas repletas de actividades extraescolares, teléfonos móviles… El estrés también ha inundado la vida de los pequeños. En este sentido, no podemos olvidar que los menores tienen un sistema nervioso inmaduro, para ellos es difícil procesar una gran cantidad de estímulos a la vez.

Los niños que tienen una sobreestimulación pueden llegar a tener dificultades de tipo social, problemas de lenguaje y de habilidades motoras, además de problemas de concentración, claro. Estas problemáticas pueden contribuir a dificultades de aprendizaje o de conducta en el futuro. Mediante la meditación se pueden neutralizar y compensar los efectos negativos de esta sobreestimulación.

“Hay una necesidad de tranquilidad para compensar el ritmo de vida tan estresante”.

-Vicente Simón-

Niño practicando la meditación con los libros del cole al lado

Tronick y Gianino (1986) descubrieron que los niños nacen con la capacidad de autorelajarse. De hecho, los bebés lo hacen varias veces por minuto. En este sentido, la meditación ayudará a que los niños no pierdan y mantengan su capacidad inherente de autorelajación. Una conservación que es de vital importancia para su regulación emocional, tanto ahora como en su futuro.

“El aprendizaje académico está sobrevalorado en la infancia. Para un niño, más que aprender geografía o química, es importante aprender a ser feliz, aprender a ser optimista, aprender a ser innovador, aprender meditación y el poder de la gratitud”

-Ramón Gallegos-

¿Qué es la meditación?

Meditar es enfocar la atención en algo concreto, puede ser un pensamiento, un objeto, una imagen, el propio cuerpo, nuestros pensamientos, una visualización…

“Correr, bailar, nadar, cualquier cosa puede ser una meditación. Mi definición de meditación es: siempre que tu cuerpo, tu mente y tu alma están funcionando juntos en ritmo, eso es meditación”

-Osho-

La meditación se lleva a cabo de manera muy sencilla. Podemos empezar focalizando nuestra atención en la postura corporal, la respiración y la actitud. Por lo que la meditación se trata de poner plena atención y consciencia en todo lo que somos y experimentamos. Es decir, darnos cuenta en todo momento de lo que está ocurriendo.

La meditación nos enseña a ignorar las distracciones y a enfocar nuestra atención en lo que queremos enfocarla“.

-Goleman-

Niña con los brazos abiertos

Podemos encontrar diferentes tipos de actividades centradas en la meditación y que son muy apropiadas para practicar con las mentes más jóvenes. Todas ellas tienen como fin enfocar la atención para calmar la mente y entrar en otro estado de conciencia:

  • Visualizaciones creativas (táctiles, auditivas, visuales, olfativas, gustativas…).
  • Meditaciones guiadas.
  • Actividades especificas de atención plena o mindfulness.
  • Prácticas integrativas de mindfulness en la vida cotidiana (aprender a mantener atención plena en las tareas que realizamos en nuestro día a día).
  • Control de la respiración.
  • Prácticas de consciencia corporal focalizando la atención en diferentes partes del cuerpo.
  • Meditación con mantras (repeticiones de sonidos, sílabas, palabras o frases con el objetivo de mejorar nuestro estado psicofísico).

La respiración adecuada y consciente es la herramienta básica y fundamental en la práctica de meditación, sobre todo para acceder a estados de atención profunda y de concentración.

Beneficios de la meditación en la infancia

En forma de recopilatorio, podemos enumerar los siguientes beneficios que la meditación tiene para los niños, aunque probablemente existan muchos más:

  • Ayuda a conciliar el sueño y a que este sea reparador.
  •  Disminuye y ayuda a hacer desaparecer la ansiedad y  los miedos tan comunes en estas edades.
  • Ayuda a manejar el estrés diario.
  • Fomenta el pensamiento creativo.
  • Ayuda a controlar la frustración.
  • Mejora la concentración.
  • Mejora el sistema inmunológico.
  • Aumenta la velocidad de procesamiento sensorial y cognitivo.
  • Contribuye a mejorar el autoconcepto y la autoestima.
  •  Facilita el control y suprime dolencias musculares o malestares físicos, a veces propios de esta etapa de constante crecimiento.
  • Potencia la seguridad y la confianza en uno mismo.
  • Mejora el autocontrol y la autorregulación física y emocional, ayudando a que sean menos impulsivos.
  • Ayuda a gestionar adecuadamente las emociones.
  • Potencia el rendimiento académico.
  • Enseña a ser más responsables: no solo de sus cosas materiales sino de sus emociones, su vida y su felicidad.
  • Ayuda a conectar con un estado de tranquilidad que promueve actitudes no violentas a la hora de relacionarse.
  • Ayuda en la formación de personas más amorosas, más conectadas con el entorno y con los demás.
  • Mejora las relaciones sociales. Potencia el sentimiento de empatía y gratitud.
  •  Ayuda a enfrentarse a las frustraciones y a las dificultades diarias. La meditación promueve el desarrollo de la capacidad de aceptación de lo que ocurre.
  • Potencia las bases de una madurez más solida.
  • Ayuda a sentirse más feliz, mejorando el estado de ánimo.

“Medita con alegría, no medites con seriedad. Cuando entres en la sala de meditación, deja tu seriedad y tus zapatos en la puerta. Haz de la meditación una diversión”

-Osho-

Madre e hija meditando al aire libre

Un regalo para toda la vida…

Enseñar y ayudar a meditar a un niño es una forma de establecer un vínculo muy especial con él. Un vínculo que ellos en el futuro podrán establecer con los suyos y así sucesivamente. En este sentido, la infancia es el momento del aprendizaje, de la imaginación… y mediante la meditación, se aumentará la capacidad mental de los más pequeños.

Enseñando a meditar a los niños sentamos las bases de un hábito que les será muy útil durante toda su vida. De la misma manera, podemos considerar que enseñar a meditar a los más pequeños es una forma de contribuir a que las generaciones futuras gocen de mayor conciencia y equilibrio.

“La paz viene del interior. No la busques fuera

-Buda-