La sincronía nos ayuda a hacer un mundo mejor

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 12 enero, 2017
Roberto Muelas Lobato · 12 enero, 2017

Imaginaos un baile en el que dos personas realizan los mismos movimientos al mismo tiempo. Llegar a tal grado de sincronización requiere un gran esfuerzo y mucho entrenamiento, lo cual suele tener recompensa tanto para las personas que bailan como para el público que asiste a sus espectáculos. La recompensa para el público reside en la belleza del baile, sin embargo hay más recompensas que no son tan evidentes.

Las acciones que se realizan en sincronía conducen a niveles más altos de prosocialidad. La prosocialidad se entiende como la ayuda hacia otras personas. Algunos ejemplos de prosocialidad serían: mostrar mayor intención de cooperar y mostrar más compasión y simpatía por otras personas. Por tanto, parece que realizar acciones coordinadas nos hace mejores personas.

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Mecanismos psicológicos de la sincronía

Se han encontrado dos mecanismos cognitivos que intervienen cuando se realizan movimientos sincrónicos y que favorecen la prosocialidad. Cuando realizamos acciones sincronizadas con otras personas se percibe mayor similitud con estas personas, a la vez que se percibe que esas personas forman parte de nuestro propio grupo. Este último mecanismo se conoce como entitatividad.

Además, existen otros factores que van a aumentar los efectos prosociales si están activos cuando se realizan las conductas sincrónicas. Estos son:

  • La motivación para cooperar juntos en la tarea. Cuanta mayor motivación exista por parte de las personas que realizan la acción mayor prosocialidad habrá.
  • La atención dirigida a los otros miembros de la tarea. De nuevo, cuanto mayor sea la atención que se presta a las demás personas que realizan la tarea, mayor será la prosocialidad.
  • La capacidad de predicción de las acciones de los demás. Cuanto mayor sea la capacidad de predecir las acciones que van a realizar los demás, mayor será la prosocialidad.
  • El éxito percibido en la tarea. Cuanto mayor sea el éxito que se percibe después de realizar la tarea, mayor será la prosocialidad mostrada.

Como hemos visto, la sincronía cambia la orientación prosocial de los individuos, de tal manera que aumenta su disposición a cooperar con los demás. Estar en sincronía con otras personas puede conducir a una mayor conciencia de la interconexión con esas personas, dando como resultado un cambio general en la propia auto-interpretación hacia la interdependencia con otros.

Así, cuando realizamos tareas que requieren sincronía vamos a presentar mayor tendencia a ayudar a las personas con las que trabajamos. Algo normal y conocido por todos, pero también se puede dar una prosocialidad extendida. Esto quiere decir que los efectos prosociales de la sincronía pueden extenderse más allá del grupo que realiza la actividad, de modo que estos llegan e influyen sobre personas que no participan en la tarea.

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La importancia de la identidad en la sincronía

Todos tenemos, al menos, dos tipos de identidades. Una identidad personal que nos hace únicos y otra social que es compartida con los demás miembros del grupo con el que nos identifiquemos. La identidad social se puede dar con varios grupos.

Los efectos sociales de la sincronía no solo se dirigen hacia aquellas personas con las que realizamos la tarea sincronizada. También lo hacen hacia otras personas que pertenecen a alguno de nuestros grupos sociales, aunque esas personas no estén presentes durante la actividad sincronizada.

De este modo, si realizamos un baile sincronizado con personas desconocidas vamos a ser más prosociales con estas personas, pero también lo seremos con las personas que pertenezcan a otros grupos a los que también pertenezcamos. Por ejemplo, un grupo social puede ser el de nuestro trabajo, la universidad en que estudiamos o incluso un grupo mayor, como el nacional.

“Agua y bailar a hartar. Indica que el agua y la diversión nunca deben faltar”

También vamos a mostrar más prosocialidad hacia personas que pertenezcan a otros grupos a los que nosotros no pertenecemos, aunque esto no ocurre siempre. Cuando las personas pertenecen a otro grupo con el cual nuestro grupo está en conflicto, el aumento de la prosocialidad no se produce. En situaciones donde existe un conflicto con otro grupo, los miembros del grupo externo pueden incluso ser deshumanizados, creándose una barrera psicológica que impide los efectos prosociales de la sincronía.

En conjunto, el efecto prosocial de la sincronía se extiende más allá del grupo que desarrolla la tarea en sincronía y parece conducir a una prosocialidad generalizada. Esta prosocialidad se extiende incluso a los miembros de otros grupo. Cantar y bailar juntos no solo es pasar el tiempo divirtiéndose, pues también puede desempeñar un gran papel al hacer el mundo un lugar más agradable para vivir.